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Los obispos y la Cristiada

Los obispos sostienen que la conmemoración de los 100 años del inicio de la Guerra Cristera, no pretende reabrir heridas ni celebrar una guerra, sino sanar la memoria colectiva y aprender de una de las etapas más dolorosas de la historia nacional.

Rubén Aguilar

Rubén Aguilar Valenzuela

De 1926 a 1929 tuvo lugar la Guerra Cristera, que tiene su antecedente más inmediato con la entrada en vigor de la Ley Calles, el 31 julio de 1926, proclamada por el presidente Plutarco Elías Calles (Guaymas, Sonora, 1877-Ciudad de México, 1945).

El pasado 31 de julio, a 100 años de este hecho, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) dio a conocer el mensaje: “Callaron las campanas de los templos, habló su sangre. Memoria de nuestros mártires, libertad religiosa y construcción de la paz”.

De este texto retomo el análisis del periodista Jorge Reyes, publicado en Desde la Fe, el semanario de la Arquidiócesis de la Ciudad de México. Los obispos aclaran que la Iglesia en México no conmemora una guerra ni exalta la violencia, sino que recuerda tres realidades fundamentales que dejó ese cruento episodio:

La fidelidad de miles de católicos que mantuvieron viva la fe durante la persecución religiosa, cuando no había templos abiertos; el testimonio de los mártires que dieron la vida por Cristo sin recurrir a la violencia y perdonaron a sus verdugos; la enseñanza de que la libertad religiosa es un derecho humano que pertenece a todas las personas, no un privilegio exclusivo de los creyentes.

Los obispos afirman: “Queremos decirlo con toda claridad, para que nadie se equivoque ni instrumentalice nuestra palabra. No conmemoramos una guerra ni celebramos una victoria; no exaltamos las armas ni idealizamos la violencia, de dondequiera que haya venido. No convocamos a la revancha, no alimentamos el resentimiento y no ponemos esta memoria al servicio de ningún proyecto político ni partidista”.

Los obispos sostienen que la conmemoración de los 100 años del inicio de la Guerra Cristera, no pretende reabrir heridas ni celebrar una guerra, sino sanar la memoria colectiva y aprender de una de las etapas más dolorosas de la historia nacional. Advierten y rechazan la violencia y la polarización que hoy se vive en el País, y afirman que México necesita reconstruirse desde la unidad, superando la lógica de la confrontación política y social.

Y señalan que “la unidad de la Nación no se decreta ni se impone: Se teje reconociendo que compartimos una misma identidad, una fe, un corazón y una cultura común, y que nadie sobra”, y recuerdan que la principal enseñanza del conflicto religioso es que cuando los mexicanos dejan de reconocerse como hermanos, toda la Nación pierde.

Una parte central del mensaje, es que las autoridades deben garantizar plenamente la libertad de religiosa de todas las religiones y reconocen que se han dado pasos importantes desde las reformas constitucionales de 1992, la expedición de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, y la reforma al artículo 24 constitucional en 2013. En el caso particular de la Iglesia Católica celebran el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Sostienen que a pesar de estos avances todavía quedan temas pendientes para consolidar plenamente el derecho a la libertad religiosa.

Rubén Aguilar Valenzuela

@RubenAguilar