El Imparcial / Columnas /

Los niños de ICE

Los padres se quejan de las malas condiciones en el centro de detención de Texas, donde sus hijos han sido aislados y desatendidos cuando se enferman.

Jorge  Ramos
Agregar EL IMPARCIAL en

“¿La van a dejar morir?”, preguntó, desesperada, la madre de Amalia, una niña de 1 año que, junto a sus padres, se encontraba en el centro de detención para inmigrantes de Dilley, Texas. Amalia estaba inconsciente. “¿Por cuánto tiempo la van a dejar así?”, insistía Kheilin Valero, la madre de Amalia, a los encargados de la clínica médica dentro de las instalaciones carcelarias.

Cuando Amalia y sus padres fueron detenidos por los agentes migratorios y enviados a Dilley, la niña ya tenía fiebre, y sus movimientos eran letárgicos. Varias veces los padres fueron a pedir medicinas para su hija, pero solo les dieron Tylenol y la advertencia de que dejaran de molestar. Finalmente, la niña se puso tan mal que la enviaron a un hospital por una semana. Ahí fue diagnosticada con Covid, neumonía, infección de oídos y un peligroso virus pulmonar.

Así es como Estados Unidos trata a los niños inmigrantes.

El relato de lo que le ocurrió a Amalia y a otros niños se encuentra en el reporte de The Marshall Project titulado: “25 bebés y menores de edad en custodia de ICE en promedio cada día”. El reporte denuncia que desde que Donald Trump llegó a la presidencia en enero del 2025, al menos 500 bebés y menores de 3 años han pasado algún tiempo detenidos por la Policía migratoria de Estados Unidos (o ICE). Los padres se quejan de las malas condiciones en el centro de detención de Texas, donde sus hijos han sido aislados y desatendidos cuando se enferman.

Los problemas se acrecientan cuando los niños pasan detenidos más de los 20 días que la ley tiene como límite. El reporte indica que desde que Trump regresó a la Casa Blanca al menos 175 bebés y niños pequeños han sido detenidos más que esos 20 días.

Todo esto, como quiera que se vea, es crueldad oficial. Ningún niño nunca, en ninguna parte del mundo, debe ser encarcelado. Entiendo que muchos de estos niños están con sus padres y no querrían ser separados. Pero la solución no es detener a los más pequeños.

Además, es muy sospechoso que los oficiales de ICE no permitan que los periodistas entremos a ese centro de detención. Si no tienen nada que ocultar, ¿por qué no nos dejan entrar? Algunos políticos, como el congresista Joaquín Castro, han podido entrar sin cámaras. Pero cada vez que salen, sus reportes son funestos.

“Ver la dinámica entre los padres y sus hijos [dentro del centro de detención] es muy doloroso”, dijo el congresista Castro en una entrevista con The New York Times. “Cuando los padres son tratados de manera indigna mientras sus hijos los están viendo, desaparece la ilusión de que [los papás] los pueden proteger. No sé si esas relaciones volverán a ser las mismas.”

La crueldad del gobierno de Trump con los niños también ocurre fuera de los centros de detención.

Unos 205 mil niños han sido separados de al menos uno de sus padres por las detenciones y deportaciones de ICE, según un estudio del Instituto Brookings. Y se calcula que unos 22 mil niños, que son ciudadanos de Estados Unidos, han sido separados de sus dos padres. Muchos de ellos terminan en custodia del gobierno y en búsqueda de familias que los cuiden.

Trump en su segundo mandato ha sido mucho peor, respecto al maltrato de los niños de inmigrantes, que el del primer período presidencial. Algo cambió en su corazón. Se endureció.

Durante su primera presidencia, Trump fue acusado de separar a unos 5 mil 500 niños de sus padres migrantes, según cifras oficiales. Los investigadores suponen que dos-terceras partes de los padres regresaron a sus países de origen, y que mucho de los niños se quedaron en Estados Unidos con familiares o amigos. Y es fácil imaginarse que algunos de esos niños nunca más volverán a ver a sus padres.

El trauma a corto y largo plazo para estos niños es gigante. Sin embargo, Trump lo sigue haciendo. Los que apoyan sus políticas culpan a los padres por haber puesto a sus hijos en riesgo, pero no entienden que el camino al Norte lo hicieron, precisamente, para huir de la violencia y la pobreza, y para ofrecerles a los niños una vida mejor.

Hace tiempo que decidí no tratar de meterme en la cabeza de Trump. Aunque supongo que la crueldad que ha dirigido a los niños migrantes y a los hijos de extranjeros tiene como propósito crear miedo y enviar un mensaje de “no vengan” a quienes viven en otros países. El mensaje ya llegó.

Para terminar, solo te pido que juntos hagamos este ejercicio, independientemente del color de tu pasaporte. Imagínate que uno de tus hijos te está abrazando y que, de pronto, un grupo de agentes encapuchados te lo arrancan de los brazos y te detienen. Lo que pase después es imposible de saber, pero tu vida nunca más será igual. Ni la de él o ella.

Eso pasa en Estados Unidos todos los días.