En Nicaragua ya no habrá elecciones
En la Nicaragua de hoy, no hay ninguna posibilidad de que la Familia Imperial, ya una de las más ricas de Nicaragua, puede ser relevada del poder.

El pasado 19 de julio, el presidente Daniel Ortega, el dictador de Nicaragua, posición que comparte con su esposa, la vicepresidenta, Rosario Murillo, declaró: “Que se olviden, aquí no volverá a haber elecciones”.
En su intervención, en un acto conmemorativo del 47 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, dijo también que “no volverá a haber elecciones para que ellos (la oposición) intenten atrapar el Gobierno, atrapar el poder”.
Después del triunfo de los sandinistas, que en 1979 derrocan a la dictadura de la familia Somoza en Nicaragua, Ortega gobernó su país de 1979 a 1990. Después de 17 años en la oposición regresó al poder en una elección democrática en 2007.
En Nicaragua a partir de entonces ha habido elecciones, siempre fraudulentas, que le han permitido mantener el poder en estos últimos 20 años. Después de 2007, en los hechos no ha habido elecciones, y el resultado se sabía de antemano.
La declaración de Ortega, que no deje de sorprender, confirma abiertamente el carácter dictatorial del Gobierno que él y su esposa encabezan, que el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, llamaba la Familia Imperial.
Para la oposición, hoy toda en el exilio expulsada por Ortega y Murillo, la declaración del dictador confirma que en Nicaragua, desde hace años, son ya 20, no se gobierna por decisión del voto ciudadano sino sólo por la fuerza, avalada por el Ejército.
Desde hace años todas las encuestas señalan que si en Nicaragua hubiera reales elecciones, Ortega y Murillo perderían las elecciones. Ellos lo saben y por eso en todas, ya en el poder, han hecho fraude.
En la Nicaragua de hoy todo está diseñado para que a la muerte de Ortega, ahora tiene 80 años y su salud es mala, herede el poder su esposa, y que esta para mantenerse en él, ya no tenga que hacer elecciones, aunque fueran simuladas.
Las distintas organizaciones de la oposición, de manera conjunta, han dado a conocer su postura ante este nuevo nivel de la dictadura y dicen que “constituyen una ruptura abierta con los principios democráticos que sustentan el sistema interamericano”.
Y añaden que “no se trata de un gesto político interno, sino de la decisión explicita de abolir el derecho del pueblo nicaragüense a elegir a sus gobernantes y de consolidar, un régimen autoritario, permanente y dinástico, incompatible con los principios de la democracia representativa y el Derecho internacional”.
Sostienen que “las elecciones libres no son una prerrogativa del gobernante de turno; son un derecho fundamental del soberano que es el pueblo nicaragüense y no el tirano (constituyen además un derecho humano inalienable y un pilar esencial del Derecho Internacional Público). Esto es un requisito indispensable para la pertenencia de Nicaragua a la comunidad democrática del hemisferio”.
En la Nicaragua de hoy, no hay ninguna posibilidad de que la Familia Imperial, ya una de las más ricas de Nicaragua, puede ser relevada del poder. En el interior, única fuerza que podría restablecer el orden constitucional y abrir el espacio, para que hubiera reales elecciones, y fuera el pueblo quien decide libremente por sus gobernantes, es el Ejército, que hoy está plenamente comprometido con la dictadura, es su sustento principal. ¿Así se mantendrá en el futuro?
Rubén Aguilar Valenzuela
@RubenAguilar
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