Parejas dementes
Un dato cada vez más confirmado es que cuando uno de los cónyuges sufre Alzheimer, las probabilidades de que el otro llegue también a padecerlo son mayores

Como el tema en buena medida se refiere a personas de edad avanzada, es decir, de la tercera edad -en México se consideran en este segmento poblacional las y los habitantes del País que tienen 60 y más años de edad- es pertinente, entonces, que en esta introducción se retomen algunos conceptos relacionados.
El 13% de nuestra población, esto es, aproximadamente 17 millones de personas, se encuentran en este grupo de edad y es predecible que conforme pasen los próximos años dicho porcentaje se incremente y para darnos una idea, en 1980, hace sólo 45 años, la esperanza de vida en México era de 65 años y hoy es de 76.
Esto es relevante en términos de personas que padecen demencia pues del millón 300 mil mexicanos dementes la gran mayoría corresponde a la enfermedad de Alzheimer, padecimiento que en el 90% de los casos comienza a manifestarse a los 60 y más años de edad.
Al considerar estos datos, si bien es verdad que las mujeres suman las dos terceras partes de los que padecen Alzheimer, las parejas que conviven padeciendo ambos este trastorno no son una rareza; si bien es cierto que no existe una estadística verificable en este sentido, cada vez es más frecuente encontrar que ambos, ella y él, padecen la enfermedad.
Un dato cada vez más confirmado es que cuando uno de los cónyuges sufre Alzheimer, las probabilidades de que el otro llegue también a padecerlo son mayores que si no conviviera con alguien afectado por esta forma de demencia.
Esto último puede resultar contradictorio para algunos pues la idea tradicional ha sido que vivir en pareja se relaciona con menor riesgo de padecer alguna forma de demencia, incluyendo Alzheimer, tal como lo reportaba un estudio estadístico de 1953 en la revista “Neurology”, específicamente sobre el menor riesgo de padecer Alzheimer estando casado en comparación con quienes nunca habían convivido en pareja o incluso quienes, habiendo convivido, ya habían enviudado o divorciado.
Así se pensó durante décadas hasta que un nuevo estudio sobre este punto publicado por la revista científica “Alzheimer & Dementia” en marzo de 2025 encontró que quienes convivían en sociedad conyugal tenían mayor riesgo de demencia -incluyendo la ocasionada por Alzheimer- que los viudos, divorciados o aquellos que nunca habían convivido casados. Ahora bien, hace cinco días, el 20 de julio recién pasado, aparecieron publicados en la científica “JAMA Network” los resultados de un cuidadoso y validado estudio en una cohorte de 955 mil personas, la mayoría entre 65 y 74 años de edad al ingresar el estudio, encontrándose que las esposas y esposos cuyos cónyuges padecían demencia mostraron definitivamente mayor riesgo de llegar a enfermar de demencia que quienes no convivieron con pareja demente.
Entre otras observaciones, estas conclusiones recientes establecen que para definir el riesgo que una persona tiene de llegar a padecer alguna modalidad de demencia es necesario tomar en cuenta, entre otros factores por supuesto, el contexto familiar en el que vive. Pero ¿cómo es que convivir con un esposo o esposa demente puede poner al cónyuge sano en riesgo de también perder sus facultades cognitivas? Tranquilas, tranquilos… que la demencia no es contagiosa -a menos que sea por una infección contagiosa del sistema nervioso central, cosa muy rara-.
Se piensa en varios factores que pueden sobreponerse: Las parejas usualmente se escogen por similitudes en el entorno socioeconómico, hábitos alimenticios o de higiene o capacidad intelectual y cognitiva más o menos similar.
Las exposiciones al medio ambiental lógicamente son similares viviendo juntos. Las condiciones sanitarias y amenazas a la salud -afecciones inflamatorias, infecciones, etcétera, también se comparten. La “higiene” mental, los patrones de descanso y sueño, el cuidado recíproco y tantos otros factores pueden sumar o restar al riesgo de llegar a tener la misma afección mental que el compañero o la compañera. Y así es que “en la salud y en la enfermedad te amaré y te cuidaré todos los días de mi vida…”.
Jesús Canale
Médico cardiólogo por la UNAM.
Maestría en Bioética.
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