Blindaje a Rocha
La buena noticia es que Ismael “El Mayo” Zambada fue condenado a prisión perpetua. La mala es que esa sentencia no se la impuso un tribunal mexicano, sino uno norteamericano.

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES
“Por fin mi marido me hizo disfrutar en la recámara”. Doña Cotilla sorprendió a sus amigas del Club de Costura con esa súbita cuanto insólita declaración. Añadió en seguida: “Puso una tele en nuestro cuarto”. El médico le dijo a la señora: “No me gusta el aspecto de su esposo”. “A mí tampoco, doctor -repuso ella-, pero es muy bueno con los niños”. Chang y Eng eran hermanos siameses. Sus cuerpos estaban unidos por el esternón. Una noche Chang consiguió que una chica follara con él. Al día siguiente su empresario les preguntó: “¿Se divirtieron anoche?”. Respondió Eng, mohíno: “Sí y no”. (Siameses y todo, Eng tuvo 11 hijos, y Chang 10). La buena noticia es que Ismael “El Mayo” Zambada fue condenado a prisión perpetua. La mala es que esa sentencia no se la impuso un tribunal mexicano, sino uno norteamericano. Al ofrecerse, sumiso y tembloroso, como testigo colaborador de los vecinos, ese criminal pudo escapar de la pena de muerte. (Alguien le preguntó a Babalucas: “¿Está usted de acuerdo con la pena capital?”. “Sí -respondió el tonto roque-, a condición de que no sea demasiado severa”). Está claro que la oscura 4T ha hecho de nuestro País el territorio de la impunidad, donde a los propios se les brinda gracia y a los ajenos se les da injusticia. Sin embargo, más allá de todo moralismo, el bien eleva cada día al que lo hace, y el mal persigue siempre a quien incurre en él. Especímenes como Rubén Rocha Moya no pueden estar tranquilos ni aun en su casa, pues hasta ahí podrán llegar los agentes de Trump para sacarlos de su madriguera y llevarlos a Estados Unidos a fin de ser juzgados. Lo que le aconteció a Maduro en Venezuela no está lejos de suceder en México, sin que obsten para ello vanos discursos injerencistas y soberanistas. El tal Rocha sabe bien que actuó mal. La ambición de poder lo llevó a andar en concilio de malos. Eso lo marcó para el resto de sus días y le quitará el sueño por las noches. El supuesto blindaje que le brinda Sheinbaum en nombre y representación de AMLO no resiste una bala de rifle .22, mientras las armas de los yanquis son de mayor calibre, capaces de perforar todas las corrupciones y todas las impunidades. La justicia que no es impartida por nosotros será impuesta por los otros. El masiosare, siniestro personaje, se va acercando cada día más. Tus últimas palabras, escribiente, me provocaron una conmoción de píloro. Te pido que sosiegues ese raro episodio mediante el relato de alguna historietilla que me permita irme a mi casa en paz. Don Gerontino, señor con más años que una tortuga del desierto, casó con Pomponona, mujer en plenitud de vida. Antes del desposorio la frondosa dama le dijo al valetudinario caballero: “Tomando en cuenta tu edad y condiciones físicas haremos el amor tres veces en el año: En tu aniversario, en el mío, y en la Navidad”. “¡Carajo! -se sobresaltó el maduro novio- ¡No sabía que eres ninfómana!”. Nota. La palabra “carajo” es malsonante. Sirve para designar al miembro viril, quizá por la semejanza que el bálano, glande o parte extrema superior de ese miembro parece una cabeza de ajo. Al menos ese parecido le encontró Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura. Por cierto, el gran autor peregrinó por los lugares de España en busca de canciones del pueblo para anotarlas y formar con ellas un cancionero popular. Al llegar a cierta aldea oyó a unos mozos que cantaban a coro una tonada en la fuente del villorrio. Se acercó ansioso, lápiz y libreta en mano, y lo que escuchó fue esto: “¡Ay, Jalisco, no te rajes!”. Era una canción que Jorge Negrete, entones de moda en España, había popularizado allá). FIN.
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