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Los malos gobiernos no pueden perdurar

Quisiéramos olvidarnos de la ineficiencia y de la corrupción; de la ilegalidad e impunidad flagrantes; de todos los daños que por causa de la 4T sufre el País.

. Catón
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De política y cosas peores

Alguien dijo que el sexo es el precio que las mujeres tienen que pagar por el matrimonio, y el matrimonio es el precio que los hombres tienen que pagar por el sexo. No sé si tal afirmación sea cierta, pero sí sé que Astatrasio Garrajarra contrajo matrimonio con Martiria Desdiciada. Los padres de la novia se oponían a la boda, pues el novio era un borracho y holgazán que en toda su vida no completaba un turno de 8 horas de trabajo. No obstante, la infeliz joven se prendó del ebrio, y ya se sabe que cuando una mula dice: “No paso”, y una mujer dice: “Me caso”, la mula no pasa y la mujer se casa. Efectuáronse las bodas, pues, y comenzó el calvario de Martiria. Ya se ha dicho que el hombre se casa pensando que su mujer nunca cambiará, y al día siguiente de la boda la mujer cambia. La mujer se casa pensando que su hombre cambiará, y el hombre jamás cambia. La luna de miel fue un fracaso. Todas las noches el flamante novio estaba más briago que una cuba, y no daba con el camino del amor. Eso asustaba a la recién casada, pues no sabía si aquellos tentaleos eran cosa de erotismo o simple mala puntería. Peor se pusieron las cosas al paso de los años. Martiria quería dejar al borrachote, pero su madre era señora de antes, y la amonestaba: Debía cargar su cruz. (Unas calles nada más la cargó Nuestro Señor, pero en aquellos años la mujer que casaba con borracho tenía que cargar la suya toda la vida. Por eso decían las antiguas solteras: “Más vale quedarse a vestir santos que desvestir borrachos”). Pasó el tiempo y se llegaron las bodas de plata del malaventurado matrimonio. Martiria pensó en hacer una cena. Le dijo Garrajara: “Hazla, pero no pongas los cubiertos de plata que te he ido regalando”. Preguntó ella. “¿Temes que tus amigos se los roben?”. “No -respondió él-. Temo que los reconozcan”. Martiria preparó aquel ágape. Hizo sandwichitos de jamón con queso amarillo, y los cortó en forma triangular quitándole antes la corteza al pan. Confeccionó también una ensalada de papa con chícharos y cubitos de zanahoria. De postre prepare arroz con leche. Lujo, pues, si bien todo servido en platos de cartón. Mas sucedió que Astatrasio no llegó al festejo. Los comensales dieron se acabaron la botana de cacahuates y papitas, y el festejado no se presentó. La infeliz Martiria sirvió la cena, y hubo de sufrir el mudo reproche de sus padres, las miradas de entendimiento que sus cuñadas se intercambiaban de continuo, los burlones comentarios de sus amigas: “Ha de estar trabajando el pobrecito”. Se despidieron los invitados finalmente, pues ya pasaba de la media noche. A eso de las 3:00 de la mañana Astatrasio hizo acto de presencia en competente estado de beodez, igual que siempre. “¡Eres un desatento! -le reclamó entre lágrimas Martiria, que había estudiado con las Madres de la Reverberación y no podía permitirse el uso de términos altísonos-. ¡Se te olvidó que hoy cumplimos 25 años de casados!”. “¿Lo ves? -se alegró el temulento-. ¡Esto de la ped… tiene sus ventajas!”... Así nosotros: Quisiéramos olvidarnos de la ineficiencia y de la corrupción; de la ilegalidad e impunidad flagrantes; de todos los daños que por causa de la 4T sufre el País. Ahora es imposible dejar de advertir esos males, pero por su propio peso caerán alguna vez. Empiezan ya a observarse claras evidencias de la podredumbre interna existente en la caterva que en mala hora se apoderó de la nación. Se notan las fisuras en el Gobierno -es un decir- que ejerce el poder en nombre y representación del cacique que se fue pero que no se ha ido. Ya veremos cómo ese régimen se irá debilitando. Los malos gobiernos no pueden perdurar. FIN.