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Mis apuntes del Mundial

Imaginación mexicana. Cada vez que jugaba México me acordaba de las palabras del Chicharito: “Imaginémonos cosas chingonas”. Y del “¿por qué no?” de Diego Luna y del nuevo “¿Y si sí?”. Esa selección sí me hizo soñar.

Jorge  Ramos
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JORGE RAMOS

Nos quedan, apenas, unos días más de Mundial y rescaté algunos de mis garabatos:

— Todos parejos. Contrario a lo que predecían los arrogantes expertos de calcetines cortos, este fue el Mundial de la igualdad. Los 48 equipos demostraron que ya no hay grandes diferencias entre ellos.

— La sorpresa de Cabo Verde. Reconozco que tuve que buscar en el mapa donde quedaba este archipiélago; arriba y a la izquierda del continente africano. Sus empates -contra España, Uruguay y Arabia Sauditafueron heroicos. Me conmovió la historia de Vozinha, su porterazo de 40 años, que quería que su madre lo viera jugar un Mundial, pero que no tenía los 15 mil dólares para pagar la visa que les cobraba Estados Unidos. Finalmente, el secretario de Estado, Marco Rubio, a petición del congresista Hakeem Je•ries, autorizó que le dieran la visa gratis, y la mamá pudo ver a su hijo jugar. El fútbol lo puede todo.

— La vergüenza. Que Donald Trump le pidiera a su amigo, Giani Infantino, el presidente de la FIFA, que levantara la sanción por tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun y que le permitiera jugar en el partido contra Bélgica. La culpa pesó tanto que Estados Unidos, en un pésimo partido, perdió 4-1. Los políticos, por favor, fuera de la cancha.— Colombia unida. Dos días antes de que Colombia jugara contra Congo, el país estaba dividido por la mitad. Las elecciones presidenciales habían dado al candidato derechista, Abelardo de la Espriella, una ventaja de menos del 2% de los votos sobre el izquierdista, Iván Cepeda. Hubo insultos, acusaciones de fraude y amenazas de impugnación … hasta que rodó la pelota. Eso lo arregló todo. Colombia fue una con su selección, que ganó 1 a cero. Al día siguiente del partido, Cepeda reconoció su derrota, y la democracia colombiana siguió viva.

— Terremotos. ¿Cómo celebrar el resultado de un partido cuando nos duele en el alma la tragedia de Venezuela? No se puede. No se puede.

— La magia de Messi. Dicen los que dicen que saben que fue el peor penalti que ha tirado Lionel Messi en toda su carrera. Se paró a la mitad de la carrera, titubeó como un adolescente con dos novias y tiró la pelota a la izquierda, muy lejos de la portería de Austria. La presión era enorme. Si la hubiera metido, se habría convertido en ese momento en el máximo goleador en la historia de los mundiales. Se le escapó esa primera oportunidad, pero lejos de deprimirse, algo reinició en su mente y poco después metió dos goles increíbles. Eso solo lo logra el más grande.

— Tirados en el piso. No queda la menor duda que los futbolistas son los atletas más teatrales. En ningún otro deporte se tiran tanto al piso por una falta menor.

— “Soccer” o futbol. ¿Por qué el “soccer” no acaba de pegar en Estados Unidos? Infantino dice que en Estados Unidos no hay un camino a la gloria para los futbolistas. Pero que, en cambio, sí lo hay para los basquetbolistas, beisbolistas y jugadores del futbol americano. No lo sé. Pero un joven en un avión me dio la clave. Tenía puesto en su computadora un partido del Mundial, y solo volteó cuando hubo goles. El resto del tiempo se la pasó jugando con su celular.

— Imaginación mexicana. Cada vez que jugaba México me acordaba de las palabras del Chicharito: “Imaginémonos cosas chingonas”. Y del “¿por qué no?” de Diego Luna y del nuevo “¿Y si sí?”. Esa selección sí me hizo soñar.

— La experiencia del estadio. No estaré en el estadio de Nueva Jersey donde se jugará la final del Mundial el domingo 19 de julio. Pero me queda de consuelo el haber estado ahí durante el juego entre Brasil y Marruecos, que quedó empatado a uno. Llegar fue una odisea: Volar desde Miami a Nueva York, luego una hora de tráfico hasta el estadio, 45 minutos caminando para pasar la seguridad y llegar al asiento y entonces ... ver jugar al pentacampeón del mundo. ¿Así o más bonito?

— Fanáticos japoneses. ¿Cómo no amar a los japoneses que, después de cada partido, se quedan a levantar la basura que ellos y sus vecinos dejaron en el estadio?

— ¿Cuál gol? Estaba en casa de un amigo y de pronto Francia metió gol. Y ni cuenta me di porque tenía puesta la transmisión en inglés. En cambio, el grito de “goool” de los comentaristas en español es de otro nivel, da escalofríos y cruza ventanas.

— La noche de Ochoa. Los atletas mueren dos veces: Una cuando se retiran de su deporte y otra cuando se les va la vida. La primera es más dolorosa porque tienen que vivir con los recuerdos. Por eso es que Memo Ochoa, el portero mexicano, no se quería retirar y se fue a esconder a Chipre para seguir jugando en una liga profesional. Hasta que llegó esa noche en el estadio Azteca en que México le ganaba holgadamente 2-0 a Chequia y el entrenador, Vasco Aguirre, decidió ponerlo los últimos 13 minutos del juego. El estadio, con más de 80 mil gargantas, honró al héroe de seis mundiales cantando su nombre hasta que el árbitro pitó el final. Memo besó los postes de la portería y luego tocó el sagrado césped. Lloró, y todos lloramos con él. Qué manera de decir adiós.

— Casi el paraíso. La felicidad es despertarse y saber que vas a ver por la televisión cuatro partidos del Mundial. Y mañana otra vez.

— La gran frase. “El futbol es vida”, dice con razón el actor Cristo Fernández. Se inventó esa frase para la audición de un personaje de la serie “Ted Lasso”. Y les gustó tanto a los escritores que se la regresaron en sus diálogos al futbolista que interpreta Cristo. No he dejado de pensar en esa frase desde el inicio del Mundial.

— El mejor partido. Argentina contra Cabo Verde en Miami, y tuve el honor de estar ahí.

— Las fiestas en casa. Estados Unidos nunca ha tenido mejores fiestas que las organizadas en sus propios estadios y fan fests. Lástima que muchos estadounidenses no quisieron ir.

— Los encapuchados de ICE. Afortunadamente la migra se quedó fuera del Mundial. Gracias por no echarlo a perder.

— El día después. Le tengo tanto miedo al día después de que termine el Mundial. Será una resaca monumental, imposible de superar. Temo que el lunes me encuentren viendo a una pantalla en negro.

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