Pasión y deporte
Las repercusiones sicológicas de ganar o perder en un encuentro deportivo, y especialmente tratándose del futbol, han sido objeto de estudio científico

Todos hemos podido percibir durante estos días del Mundial de Futbol la diversidad de respuestas o reacciones de las personas en relación al triunfo o derrota de su equipo favorito. Al día siguiente al triunfo del equipo de la selección de Inglaterra sobre la de México dejándole fuera del Mundial se pudo percibir un ambiente atípico entre los mexicanos durante sus tránsitos al trabajo, también el menor volumen de las voces y hasta un tono aplanado en los “buenos días” al encontrarse unos con otros por la mañana.
De otra parte, el pueblo inglés residente en su País, a pesar de su fama de flemáticos y aburridos, manifestaban al menos su alivio y gusto al encontrarse unos con otros horas después como un reflejo -quizás opaco pero de cualquier manera reflejo- toda vez que sus deportistas representantes en el Mundial habían conseguido mantener el orgullo de su tradición futbolística, a la que por cierto custodian con buen celo pues fue nada menos que en Inglaterra, por allá en 1863, donde nació el futbol moderno, ese que consiste en un campo de juego y reglas similares a las que aún son vigentes.
El escenario hasta aquí comentado es una expresión clara de cómo el resultado de un enfrentamiento entre actores o equipos deportivos tiene efectos en la actitud sicológica por supuesto de los participantes directos en el encuentro pero también en los aficionados que los respaldan que, tratándose de un campeonato mundial, involucra prácticamente a todos los ciudadanos de un País.
Las repercusiones sicológicas de ganar o perder en un encuentro deportivo, y especialmente tratándose del futbol, han sido objeto de estudio científico en no pocos estudios bien sistematizados y bajo las condiciones que debe tener una exploración científica.
Después de la victoria, el cerebro de los jugadores y los fans del ganador genera una cantidad de dopamina que le llevan a la euforia, una especie de “hiperentusiasmo” y súper gozo convertidos en una sensación de placer que les lleva a desbordarse en expresiones físicas y actitudes de comportamiento propias de ese estado fisiológico y bioquímico, en ocasiones convertido en un impulso injustificado de violencia y agresión ya sea a los partidarios del equipo ajeno o incluso a personas y bienes que no tienen nada que ver con el evento, como instalaciones, muebles, automóviles y cualquier forma de bienes ajenos.
Otro de los efectos sobre el victorioso y su afición puede ser una especie de complacencia desbordada que puede llevar al sujeto a perder piso y llegar a considerarse invencible e incluso creer que seguir capacitándose y entrenándose para esa actividad deportiva le sale sobrando.
En otros casos el saberse estrella en su actividad deportiva puede imponerle un falso compromiso de que no debe fallar jamás de manera que cuando falla -y está claro que fallará alguna vez mássufre una exagerada decepción, vergüenza y sentimiento de culpa que pueden orillarlo a un estado afectivo de perdedor que constituye un peligro para su buena evolución en el deporte del que se trate.
Por otro lado, en el caso de una derrota, el jugador y sus aficionados corren el peligro de un descenso de los niveles de serotonina y un incremento en el cortisol que le pueden sumir en un estado de tristeza o frustración que amenaza su disponibilidad para continuar ejerciendo su actividad deportiva positivamente.
También puede ocurrir caer en un estado devaluación personal con obvio riesgo de alejarse del positivo afecto por su labor deportiva con serias consecuencias parta su futuro profesional en el deporte.
Por otro lado, fallar y perder pueden tener consecuencias positivas como desarrollar la resiliencia, saber levantarse y no dejarse abatir por un error, y además aprender a analizar objetivamente un error o un fallo recurrente para encontrar cual es el motivo, ver cómo corregirlo o evitarlo, encontrar tácticas apropiadas y crecer en el desempeño. En fin, el deporte -el futbol en este caso- no es sólo deporte sino que puede y debe convertirse, como cualquier otra actividad honesta, en un recurso para crecer en madurez y forjar una personalidad que pisa tierra para poder saltar cada vez más alto.
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