No hay quien defienda a las víctimas digitales
La conclusión fácil es decir que el ciberacoso afecta parejo. No es cierto.

Una de cada cuatro mujeres usuarias de Internet en México recibió insinuaciones o propuestas sexuales no deseadas en el último año. Entre los hombres, apenas uno de cada 10.
El dato es del Módulo sobre Ciberacoso 2025 que el Inegi publicó ayer. 25.2% de las mujeres contra 10.7% de los hombres. Una brecha de 2.4 a 1 que no aparece en ninguna otra forma de agresión digital.
Conviene precisar qué mide el Inegi, porque no le pregunta a nadie si se sintió acosado, una etiqueta subjetiva. Le pregunta si en los últimos 12 meses vivió situaciones concretas por Internet: mensajes o llamadas ofensivas, identidades falsas, suplantación, propuestas sexuales, envío de contenido sexual o amenazas de extorsión. 13 situaciones en total. Quien reconoció al menos una quedó contada como víctima de ciberacoso.
La conclusión fácil es decir que el ciberacoso afecta parejo. No es cierto. En 2025 lo vivieron 19.4 millones de personas o el 20.4% de los 94.9 millones de internautas mayores de 12 años. Lo padecen en proporciones parecidas, 19.2% de hombres y 21.5 de mujeres. La igualdad se rompe al mirar qué tipo de acoso recibe cada quien.
Al hombre lo insultan. A la mujer la acosan sexualmente.
En mensajes ofensivos genéricos, él recibe más que la mujer, 35.0% contra 30.8%. Pero cuando la agresión se vuelve sexual, la balanza se inclina hacia ellas.
No solo en las propuestas indeseadas. También en el contenido sexual no solicitado, la extorsión con imágenes íntimas y la publicación de fotos privadas. En todas las situaciones de carga sexual, la víctima mujer aparece sobrerrepresentada.
Son dos acosos opuestos. El del hombre es confrontativo, el insulto y la estafa. El de la mujer es intrusivo, busca su cuerpo y su sometimiento.
¿Y quién agrede? El propio Inegi lo señala. De las mujeres que pudieron identificar el sexo de su agresor, 57.2% dijo que la agresión provino solo de hombres. En 2024 eran 52.1%, 5.1 puntos porcentuales menos.
No es un acoso abstracto que flota en las redes. Es acoso masculino contra mujeres, el mismo de siempre, trasladado a la pantalla del teléfono. Y esa pantalla tiene dueño: WhatsApp concentró 41.5% del acoso.
Hay un dato que debería avergonzar a las autoridades. De toda la población acosada, apenas 11.7% lo denunció ante un Ministerio Público, una fiscalía o el proveedor del servicio. El resto bloqueó, ignoró o calló. La víctima se defiende sola porque sabe que la institución no la va a ayudar.
México ya tiene la Ley Olimpia, que castiga difundir contenido íntimo sin consentimiento, pero el ciberacoso desborda ese molde y denunciarlo sigue siendo un viacrucis presencial. Las salidas son conocidas y baratas. Un canal único de denuncia en línea, sin filas ni funcionarios que revictimizan. Fiscalías cibernéticas capacitadas y convenios con las plataformas que, ante una denuncia, bajen el contenido y guarden la prueba en horas, no en meses. Y educación digital en secundaria, porque 63% de los menores acosados lo son por compañeros de su edad. Nada de esto exige una reforma constitucional. Existen la ley, la policía cibernética y el diagnóstico. Falta lo de siempre: La voluntad para lograr que 19 millones de personas dejen de defenderse solas. “Militares huachicoleros”. Con la fiebre del futbol se nos fueron las ideas, y olvidamos cosas feas, como ésta del huachicol.
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