Diálogo Empresarial
La transición de un esquema rígido de revisión cada 16 años a un formato de evaluación anual dentro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)

La revisión anual del T-MEC: flexibilidad ante la incertidumbre global
“El arte del comercio es el arte de la adaptación continua””. Adam Smith
La transición de un esquema rígido de revisión cada 16 años a un formato de evaluación anual dentro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha despertado opiniones encontradas.
A primera vista, la idea de someter el acuerdo más importante de la región a un examen constante puede parecer desfavorable, alimentando una percepción de incertidumbre y vulnerabilidad para los mercados. Sin embargo, en el complejo escenario geopolítico y tecnológico actual, esta aparente inestabilidad guarda su mayor virtud: un dinamismo sin precedentes que permite a América del Norte responder con agilidad a los desafíos de la economía global.
Un modelo comercial estático es obsoleto frente al ritmo de la innovación tecnológica, los cuellos de botella logísticos y las tensiones en las cadenas de suministro mundiales. La revisión anual funciona como una válvula de escape y calibración. Permite que las diferencias y los puntos de fricción naturales entre los tres socios se evalúen con antelación, disminuyendo gradualmente los asuntos pendientes. En lugar de acumular tensiones durante década y media, las mesas de discusión continuas limpian el camino de controversias específicas. Esto reduce los riesgos de un colapso sistémico y, a largo plazo, beneficia el comercio y consolida la competitividad del bloque.
Sin embargo, este dinamismo exige condiciones estrictas, especialmente para el ecosistema mexicano. El éxito de un esquema de negociación constante no depende únicamente de la voluntad de Washington o Ottawa, sino de la capacidad de respuesta interna. Como bien ha señalado Juan José Sierra, presidente de Coparmex, México debe hacer su propio trabajo y propiciar condiciones internas que generen una confianza sólida y duradera en los inversionistas. La flexibilidad del tratado es inútil si el entorno nacional carece de certeza jurídica.
Consolidar el estado de derecho es el primer paso indispensable. Un inversionista extranjero o local no se compromete con un país basándose solo en las reglas del T-MEC, sino en las garantías reales de su aplicación. Junto a la certidumbre legal, el Estado mexicano enfrenta la urgencia de resolver asignaturas pendientes críticas: garantizar seguridad pública en las rutas comerciales, asegurar el abasto de energía suficiente, limpia y competitiva, y fortalecer la infraestructura logística y los cruces fronterizos. Asimismo, es vital impulsar políticas que integren y favorezcan el crecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) dentro de la cadena exportadora.
Finalmente, este nuevo paradigma demanda una vocación parlamentaria y de negociación de primer nivel por parte de los actores mexicanos. El proceso de ajustes comerciales ya está en marcha, y la mirada está puesta en el 20 de julio, fecha clave para el inicio de las mesas que prepararán la negociación del 2027. México no puede asistir a estas citas con una postura reactiva o improvisada. Se requiere de un cuerpo técnico y político cohesionado, capaz de defender los intereses nacionales con un pragmatismo inteligente. La revisión anual no debe verse como una amenaza a la soberanía, sino como la oportunidad estratégica para perfeccionar el bloque económico más dinámico del planeta.
- El autor es Presidente de Index Mexicali.
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