La democracia como excusa
Digamos que Trump no tiene mucha idea de con quién se metió: No contaba con la respuesta de los iraníes, ni su capacidad de controlar el tráfico naval en Ormuz.

Batarete
Donald Trump cumplirá el 20 de julio un año y medio de su segundo mandato. Ha sido un lapso muy movido: Inició este año haciendo la guerra a Irán, en una especie de impulso infantil, un berrinche casi, convencido de que no sería difícil imponer su voluntad. Se equivocó.
El problema del Donald es ser un racista y un ignorante desmedido, no tiene idea de la historia ni de los pueblos distintos al suyo: Para él cualquiera que no sea blanco (¿o naranja?), y no vista con saco y corbata es un primitivo susceptible de control y explotación. Cuando bombardeó Teherán pensó que era fácil vencerlos y robarles su petróleo. Trump, cuya sabiduría se limita a las fullerías para hacerse de dinero, no tenía, ni tiene, idea de la antigüedad de la nación persa, de la cual es heredera Irán.
Si EUA celebra hoy 250 años de ser república, los reinos de la Media y Persia ya existían desde el siglo octavo antes de la era cristiana. Y si bien su territorio se ha dividido, su tradición y cultura persisten hoy en día, y les otorga a sus países un legado de sabiduría que resulta un destilado de historias y experiencias colectivas que dan un peso crítico a su nación y sus usos y costumbres. Es una cultura peculiar que roza los 2700 años de vigencia; el imperio Persa, en sus varias dominaciones, permaneció gobernando esa región por más de 1100 años. Y su legado histórico y cultural es una fuente de saber y soporte de su idiosincrasia nacional.
Digamos que Trump no tiene mucha idea de con quién se metió: No contaba con la respuesta de los iraníes, ni su capacidad de controlar el tráfico naval en Ormuz.
Eso ha de molestar al fantoche anaranjado, pero no tanto: Él a lo que llegó a la Presidencia es para hacer dinero... y lo está consiguiendo: Mientras otros presidentes dejaron sus negocios en fideicomisos para no generar conflictos de interés, Donald ha seguido alegremente invirtiendo y colmando sus bolsillos desde la Casa Blanca. Su negocio familiar de criptomonedas le permitió ganar más de mil millones de dólares sólo en el 2025, y su hija y su yerno, Ivanka y Jared Kushner, están intentando desarrollar un paraíso turístico en una isla de Albania, en el Adriático, para lo cual consiguieron un préstamo multimillonario que les concedió el Gobierno norteamericano, presidido, obviamente, por papy Trump. El proyecto está en veremos porque la isla Sazan es una reserva natural de vida silvestre y un parque nacional marítimo.
Pero Donald también vende chucherías, como marchante de mercado, pero antipático: Ofrece desde una biblia Trump, relojes, zapatos tenis, perfumes de mujer, velas aromáticas y por un tiempo un vodka, todos con su marca Trump. Un mercachifles en la oficina oval.
Todo eso, dicen analistas, ha incrementado su fortuna en al menos 2,000 millones de billetes verdes; aunque algunos sospechan que pueden llegar a los 4,000 millones. Y si bien, dicen algunos conocedores, que enriquecerse no es delito, sí constituye un desacierto político que puede revertírsele y provoque que le investiguen a fondo sus maniobras; no sería extraño encontrar malos manejos, defraudaciones y corrupción descarada.
Pero vale la pena recordar que poco antes de su segunda toma de posesión un jurado de Manhattan lo declaró culpable de 34 cargos de falsificación de registros comerciales en el Estado de Nueva York. El desglose detalla once facturas, doce vales y once cheques emitidos, todos falseados, para comprar el silencio de la actriz porno Stormy Daniels, con quien tuvo relaciones sexuales durante la campaña de 2016. Cada uno de los 34 cargos conlleva una pena máxima de hasta cuatro años de prisión, multas de hasta $5.000 dólares por cada uno y libertad condicional. Pero le concedieron inmunidad por ser Presidente electo...
Imagínense si lo hubieran condenado a prisión por al menos cuatro o doce años: ¡Que placidez!
Ernesto Camou Healy
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