T-MEC y chantajes de Trump
Donald Trump reincide en la amenaza y la turbulencia como método de negociación.

Astillero
Donald Trump reincide en la amenaza y la turbulencia como método de negociación. No es que expresamente esté extinguiendo el tratado comercial norteamericano conocido como T-MEC, sino que aún “no se ha llegado a un acuerdo” respecto a sus términos y continuidad, lo cual es convertido por la Casa Blanca en un aviso en rojo para tratar de conseguir más ventajas en el reajuste comercial con México y otros temas.
El manoseo tramposo de un tema tan delicado genera natural preocupación en el Gobierno mexicano y el sector empresarial. Podrán invocarse cláusulas de duración obligada del tratado durante 10 o más años y podrá ponérsele la mejor cara posible al asunto, por más complicado que sea (Marcelo Ebrard es afinado especialista en esto), pero a fin de cuentas el uso chantajista del T-MEC sirve a Estados Unidos para recordarle a México el grado de su dependencia real y los riesgos que corre cuando intenta moverse más allá de los parámetros de referencia que Washington impone.
Al obtener Somos México su registro provisional como partido (aunque se le ha solicitado que cambie de nombre, por la amplitud genérica que implicaría que quienes no estuvieran en esa organización no serían “México”), la corriente política identificada con la Marcha Rosa se queda con un discurso menguado en cuanto a la acusación que sus integrantes suelen lanzar en el sentido de que en México se vive una dictadura. A menos que ahora reformulen su retórica para quejarse de que el malvado sistema autoritario les haya otorgado el mencionado registro como maniobra para dividir electoralmente a los opositores al proceso conocido como Cuarta Transformación (4T).
Otro reto tendrá en 2027 el partido que dirige Guadalupe Acosta Naranjo, ex presidente del Partido de la Revolución Democrática (hundido por las trapacerías del grupo de Los Chuchos, al que pertenecieron Acosta Naranjo y otro de sus actuales compañeros en “rosa”). A la hora de las urnas se verá si el fragor discursivo con que han dicho contar con una mayoría social a su favor, y contraria a la citada 4T, es una realidad o, a la hora de la verdad, solo consiguen una cosecha de votos marginal, testimonial, acaso insuficiente para quedar con registro definitivo y no provisional.
Una contradicción evidente de este nuevo partido reside en que se sustenta, o dice sustentarse, en las movilizaciones supuestamente apartidistas de ciudadanos que se declaraban defensores del Instituto Nacional Electoral amenazado, según eso, de caer bajo controles partidistas y gubernamentales y, ahora, el nuevo partido se ha apropiado en su fase propagandística de ese mismo distintivo cromático, el rosa que ahora el propio INE exige no sea utilizado por ningún partido. Vaya ironías.
En otra pista del nuevo escenario partidista recibió su constancia de registro provisional lo que originalmente se ha llamado Construyendo Sociedades de Paz, ahora denominado PAZ. En la propia nomenclatura exhibe sus problemas de origen y destino: Oficialista o, cuando menos, sumamente orientado al entendimiento aliado con la 4T y sus gobiernos, a tal grado que se quiso jugar con las siglas, CSP, que son las mismas del nombre y apellidos de la presidenta de la República.
Además, el “PAZ” es una reelaboración del PES que ya antes significó Partido Encuentro Social y Partido Encuentro Solidario. El PES de bases evangélicas, con ese y no con zeta, pero que prosódicamente invoca el símbolo cristiano del pez, usado como identificación religiosa (en griego: Ichthys, vocablo cuyas letras corresponden a “Iesous Christos Theou Yios Soter”, traducido al español como “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”).
Y, mientras la jefa del Gobierno capitalino, Clara Brugada, se ha topado con el dilema del respeto (e incluso fomento) a las manifestaciones masivas de emociones por la selección mexicana de futbol, a la par que debe vigilar y tratar de evitar que se produzcan tragedias con saldos mortales, ¡hasta mañana!
Julio Hernández López
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