Los hispanos lo decidirán todo
La aprobación de Trump entre los votantes hispanos ha caído más rápido y con mayor fuerza que entre casi cualquier otro grupo de la coalición que lo apoyó desde el inicio de su segundo mandato.

Epicentro
La semana pasada, en Washington, un grupo de especialistas se reunió para tomarle el pulso al electorado hispano, llamado a definir buena parte de la vida política de Estados Unidos en los próximos años. Convocados por dos estrategas políticos, el demócrata Chuck Rocha y Mike Madrid, republicano distanciado del partido durante los años más aciagos del trumpismo y autor de un libro provocador e interesante, “The Latino Century”, académicos, encuestadores y dirigentes políticos buscaron entender hacia dónde se mueve el voto hispano, sobre todo después del sorprendente avance de Donald Trump en 2024, cuando obtuvo el 46% de ese electorado.
La radiografía es reveladora.
El encuestador Carlos Odio, una de las voces más respetadas en el análisis de la comunidad hispana y sus propensiones electorales, ofreció un diagnóstico detallado que ayuda a explicar el atractivo de Trump y del Partido Republicano en el ciclo anterior. También ofrece, en buena medida, una posible ruta de regreso para el Partido Demócrata y su eventual candidato en 2028.
La historia es esta: En 2024, un porcentaje significativo de votantes hispanos de distintos orígenes se movió hacia la columna republicana porque confió en que Donald Trump les devolvería una vía hacia la prosperidad económica. Muchos de esos votantes trumpistas -hombres, evangélicos, pero también mujeres e hispanos que se identifican como católicos, de acuerdo con los datos compartidos por Odio- apoyaron también medidas migratorias punitivas enfocadas en criminales y el endurecimiento de la seguridad fronteriza. Además, le cobraron a la administración Biden las condiciones favorables otorgadas a millones de refugiados recién llegados, que percibieron como un agravio comparativo frente a una comunidad con décadas de trabajo honesto en el país.
El análisis de Odio y de otros encuestadores no lo refleja necesariamente, pero tengo para mí que la personalidad de Trump -un líder mesiánico, populista y carismático, reconocible en la historia política latinoamericana- atrajo por sí misma a un porcentaje considerable de votantes latinos.
Dos años después, las cosas han cambiado entre los hispanos.
La aprobación de Trump entre los votantes hispanos ha caído más rápido y con mayor fuerza que entre casi cualquier otro grupo de la coalición que lo apoyó desde el inicio de su segundo mandato. Las encuestas del Pew Research Center muestran una caída de 27 puntos en su aprobación entre hispanos desde la toma de posesión, la mayor erosión demográfica de su Presidencia hasta ahora. El escepticismo está creciendo. De acuerdo con Aileen Cardona, también presente en la reunión de Washington, 69% de los hispanos dice que la Presidencia de Trump no ha producido cambio alguno o ha derivado en cambios negativos para el país.
El reclamo es sobre todo económico, pero va más allá.
En las encuestas presentadas por Odio, los hispanos comunican una creciente alarma por la situación económica: 53% identifica el costo de vida como su principal preocupación. Previsiblemente, los excesos migratorios de Trump también le han costado apoyo. En una encuesta de UnidosUS, la violencia migratoria del trumpismo aparece como el segundo tema que más preocupa a los votantes hispanos. Los votantes del 2024 pensaron que Trump se enfocaría en detener criminales, no en organizar redadas masivas ni en adoptar medidas que desprotegen, de un momento a otro, a cientos de miles de inmigrantes.
Odio reveló un asunto más: En sus mediciones, el electorado hispano en Estados Unidos desaprueba de manera contundente el involucramiento estadounidense en conflictos en el exterior. El 74% de los encuestados hispanos le dijo a Equis Research que Estados Unidos debería enfocar esos recursos en retos internos antes que gastar “tanto dinero” en ayuda militar a otros países.
Todo esto abre una ventana de oportunidad clara para el Partido Demócrata. De acuerdo con los números presentados por Odio, los latinos representan al menos el 10% del electorado en 20 de las 36 contiendas más reñidas de la elección de medio término de noviembre.
La duda es si, ante semejante desencanto con Trump, los demócratas sabrán encontrar la fórmula para reconquistar a los votantes hispanos perdidos. Para Chuck Rocha, que logró entusiasmar a miles de votantes jóvenes hispanos cuando coordinó la campaña hispana de Bernie Sanders, asesoró al senador demócrata Rubén Gallego en Arizona -una estrella claramente ascendente en el partido- y hoy asesora a James Talarico en su lucha por Texas, la clave está clara: No basta con hablar de viabilidad económica; hay que reconocer el esfuerzo de la clase trabajadora hispana.
La pregunta es si el Partido Demócrata, que a veces parece al borde de la escisión, lo entenderá a tiempo.
León Krauze
@LeonKrauze
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