Los dioses también sangran
¿Por qué nos fascina descubrir las debilidades de las personas extraordinarias?

Historias demasiado humanas
¿Por qué nos fascina descubrir las debilidades de las personas extraordinarias?
La pregunta apareció durante una conversación con un periodista amigo. Hablábamos de la enfermedad de un líder mundial cuya imagen, durante décadas, había estado asociada a la fortaleza, el poder y una aparente invulnerabilidad. Y entonces apareció una idea inquietante: Cada vez que un líder se equivoca, un deportista brillante fracasa o un artista admirado confiesa una adicción, una depresión o un miedo, millones de personas se detienen a mirar.
Solemos atribuir esa fascinación al morbo. Creo que hay algo mucho más profundo. Necesitamos comprobar que los dioses también sangran.
Nos devoramos los documentales que muestran el derrumbe de las estrellas, las biografías que revelan sus miserias y las entrevistas donde cuentan aquello que durante años intentaron ocultar. No porque disfrutemos de verlos caer, sino porque su vulnerabilidad nos devuelve la nuestra. Si ellos también pueden romperse, quizá nosotros nunca estuvimos tan rotos como imaginábamos.
Hace poco volvió a ocurrir. Cuando Lionel Messi erró aquel penal decisivo y quedó inmóvil, mirando el césped con las manos en la cintura, durante unos segundos dejó de ser un extraterrestre. Volvió a ser un hombre. Y en ese instante nuestro propio error, ese papelón en el partido del sábado o esa decisión equivocada que todavía lamentamos, dejó de parecer una marca de inferioridad para convertirse, simplemente, en una expresión más de la condición humana.
La cultura del éxito es despiadada con la gente común. Nos convence de que existen personas completas, seguras, realizadas, mientras nosotros acumulamos dudas, contradicciones e inseguridades.
Pienso en Diego Maradona. Durante años parecía pertenecer a una categoría distinta de la especie humana. El genio absoluto. El elegido. Pero detrás del mito había una vida atravesada por conflictos familiares, adicciones y una soledad inmensa. Su talento nunca pudo protegerlo del caos. Y entonces el dios volvió a parecerse a cualquiera de nosotros.
Tal vez el problema nunca haya sido el éxito ajeno, sino la forma en que lo miramos.
Comparamos la mejor parte de la vida de los demás con el detrás de escena de la nuestra. Enfrentamos sus logros con nuestras dudas; su reconocimiento con nuestros fracasos; la versión editada de ellos con la versión completa de nosotros. Es una comparación imposible de ganar.
Por eso no necesitamos que los ídolos caigan. Necesitamos descubrir que también sienten miedo, que también se equivocan, que también cargan heridas invisibles. No para destruirlos, sino para dejar de condenarnos.
Al final, el hombre que levanta una Copa del Mundo y el que la mira por televisión preocupado por llegar a fin de mes comparten algo esencial: Ninguno está a salvo de la fragilidad.
Y quizás esa sea la noticia que, en el fondo, siempre estamos buscando.
Juan Tonelli
Escritor y conferencista
Autor del libro “Un paraguas contra un tsunami”.
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados