Una CNTE cada vez más engallada
El Gobierno de la 4T, ante la CNTE, al tratar con esa runfla de extorsionadores, se muestra débil y temeroso.

De política y cosas peores
El pescador sacó en su red una sirena de redondeadas formas y exuberante busto. Volvió a arrojarla al mar. Explicó: “Soy alérgico al pescado y a los lácteos”. El sheriff Hulero estaba encargado de guardar el orden en Picadillo, Texas. (Se pronuncia “Picadilo”). Cierto día le fueron a avisar que Killer Jack había dado muerte a un individuo. Parapetado en el saloon del pueblo amenazaba con mandar al otro mundo a quien se acercara. El sheriff debía sacarlo de ahí y ponerlo tras las rejas para ser juzgado por su crimen. Ese matón era un sujeto temible. Más de una veintena de hombres le debían la muerte, y aunque nunca se la iban a pagar el individuo seguía con sus desafueros. Era violento, iracundo, baladrón. Don Ulero, por el contrario, guardaba la prudencia y tenía en alto aprecio su vida, esa cosa tan de siempre, tan dulce y tan conocida que dijo Borges. Así, manifestó a los vecinos que no podía ir a someter a Jack, pues su mueble -o sea su vehículo- estaba descompuesto. “Nosotros lo llevamos” -le ofrecieron ellos. Adujo el sheriff: “No tengo armas. Mi rifle se encasquilló, y a mi pistola se le cayó el gatillo”. Le dijeron: “Nosotros le proporcionaremos un Winchester 73 y dos pistolas mitihueso” (Smith y Wesson). Mal de su grado don Hulero recibió las armas y subió a la camioneta en que lo llevarían a enfrentar al asesino. En el trayecto preguntó: “¿Con qué mató Jack a su víctima?”. Le informaron: “Con un hacha”. “Ah, no -dijo entonces don Hulero-. Regrésenme a mi oficina. Este asunto le corresponde a la Policía Forestal”. Bonita palabras, y al mismo tiempo fea, es “cuculmeque”. Proviene del náhuatl cuculí, enfermo, y miqui, muerto, y sirve lo mismo para designar a una persona enfermiza y achacosa que a alguien cobarde, apocado, medroso. Al sheriff Hulero puede aplicarse el término. En igual o parecida forma se conduce el Gobierno de la 4T ante la CNTE. Al tratar con esa runfla de extorsionadores se muestra débil, temeroso. Validos de esa actitud los rufianes y rufianas -el vocablo admite el femenino- siguen perjudicando tanto a la ciudadanía como a los niños y jóvenes a los que supuestamente deberían educar, pero a quienes tienen en completo abandono. En este mismo espacio propuse un modo infalible para volverlos al orden y a las aulas: No pagar su salario al que se ausente de ellas. Mi propuesta, sin embargo, cayó cual piedra en pozo. Una vez más, según costumbre inveterada, hablé a la pared. Tarea de apóstoles y caballeros es predicar en el desierto, aunque quijotesca e inútil. Seguiremos viendo, pues, el penoso espectáculo de un Gobierno débil ante una CNTE cada vez más engallada. Nuevos y mayores abusos habremos de sufrir por parte de esa banda de malhechores y malhechoras. (El vocablo admite el femenino). El señor le estaba haciendo el amor a su esposa. De pronto interrumpió el acto, se levantó del lecho y trajo unas flores. Le explicó a la sorprendida señora: “Pensé que estabas muerta”. Don Espirulo y su mujer cumplieron 40 años de casados. (Bodas de rubí son ésas). Fueron a una segunda luna de miel, que infortunadamente no resultó tan buena como la anterior. En la primera noche de bodas ella no hallaba cómo contener a su marido; en la segunda no hallaba cómo consolarlo. Y es que don Espirulo no pudo ponerse a la altura de las circunstancias. Pidió entonces una botella de vino a fin de entretener con su esposa la velada. Bajo el influjo de los espíritus etílicos el señor le hizo una confidencia a su consorte: “En estos 40 años de casados sólo te engañé en una ocasión”. “¡Jod…! -exclamó con enojo la señora-. ¡Cómo nos habría servido en esta noche lo que desperdiciaste aquella vez!”. FIN.
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