La esperanza del PRI
Conocido es el error que han cometido muchos analistas al decretar la muerte del PRI.

Conocido es el error que han cometido muchos analistas al decretar la muerte del PRI. La realidad es que el otrora partidazo, que dominó la política mexicana por más de siete décadas, sí está muy mermado, pero lejos de fenecer.
Las encuestas demuestran que la mayoría de la población tiene una mala opinión del partido tricolor. Es, para decirlo en términos mercadológicos, una pésima marca.
El desenlace del PRI es todavía un misterio. Después de las elecciones de 2024, en donde ni siquiera presentó un candidato presidencial propio, parecía condenado a convertirse en un partido chico, marginal, más de corte mercantil que político. Algo así como el Partido Verde que desde su fundación le apostó a ser un gran negocio gracias a las muy rentables negociaciones con los partidos gobernantes.
El PRI mantiene dos bastiones territoriales que actualmente gobierna: Coahuila y Durango.
El primero es el único Estado donde no ha habido alternancia: Siempre han sido gobernados por priistas.
Algo bueno han hecho los gobernadores de ese Estado para mantenerse en el poder.
Nadie disputa que los priistas tienen bien aceitada la maquinaria electoral en Coahuila. Su operación territorial es impecable. Ni siquiera con la fuerza que tienen los programas sociales federales, Morena ha logrado diputarle el control de ese Estado.
En las pasadas elecciones de diputados locales del domingo pasado, el PRI arrasó. Con una participación alta en este tipo de comicios (51%), se llevó las 16 diputaciones de mayoría relativa que estaban en juego. Le ganó a Morena por un margen mayor de dos a uno (55% vs. 26%).
Fiel a su estilo, Morena se quejó de que la contienda estuvo marcada por prácticas irregulares, incluyendo presunta compra de votos, presión sobre operadores políticos y uso de recursos gubernamentales en favor del PRI. El burro hablando de orejas.
Un resultado de este tipo no puede explicarse solo por la explicación facilonga y ardida de los morenistas. Más allá de lo bien aceitada que está la maquinaria priista en Coahuila, la realidad es que la gente está contenta con los gobiernos de ese Estado.
Me consta. He visitado Coahuila en muchas ocasiones y siempre escucho buenos comentarios sobre sus gobernadores. En particular, los coahuilenses están muy satisfechos con la seguridad existente.
Para entender este tema, recomiendo el libro Jaque mate al crimen organizado. Coahuila: Una estrategia multidimensional para la paz de Rubén Aguilar y Rubén Moreira. Los autores cuentan cómo la violencia y el crimen organizado sí pueden ser contenidos y reducidos significativamente a nivel estatal, siempre que exista liderazgo político, instituciones policiales fuertes y una estrategia integral dirigida por el gobernador del Estado.
Fue el caso de Coahuila, entidad que entre 2005 y 2011 sufrió una profunda penetración del crimen organizado, especialmente de Los Zetas. Torreón vivió una violencia extrema.
En el sexenio de Rubén Moreira (2011-2027) se implementó una estrategia que incluyó la reconstrucción de las policías, una coordinación institucional entre los tres niveles de gobierno, el combate a las finanzas criminales (que obtenían rentas por medio de la extorsión, robo de combustible, secuestro, cobro de piso y control de mercados ilegales), la prevención social con programas educativos y de fortalecimiento comunitario, así como una activa participación de la sociedad civil en las políticas de seguridad y vigilancia de las instituciones.
Los resultados fueron extraordinarios: Los homicidios dolosos disminuyeron 87%, los asesinatos vinculados a rivalidad delincuencial más de 90% y las privaciones ilegales de la libertad alrededor de 91%. Los robos y otros delitos patrimoniales también cayeron significativamente.
La estrategia funcionó en gran parte porque la responsabilidad de recuperar la seguridad la tomó el gobernador, apoyado por la Federación, pero no sustituido por ella.
Los dos gobernadores siguientes, Miguel Riquelme y Manolo Jiménez, sostuvieron esta estrategia que ha derivado en que Coahuila sea uno de los estados más seguros del País.
Los buenos resultados explican en gran parte el éxito del PRI para mantener este bastión.
La pregunta es por qué no es el priismo de Coahuila el que lidera este partido y trata de recuperar el poder a nivel nacional a partir de esta experiencia.
¿Por qué es el impresentable de “Alito” Moreno la cara visible del PRI y no Moreira, Riquelme o Jiménez?
La esperanza del tricolor hoy está más en los buenos resultados de sus gobiernos en Coahuila que en la retórica retorcida de su líder nacional.
Allá ellos si no lo quieren ver.
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