Medio año
La decisión del Gobierno de López Obrador, secundado ahora por Claudia, de incrementar los salarios mínimos y mejorar las condiciones económicas de los mexicanos va rindiendo, paulatinamente frutos

Batarete
Hoy es el último sábado del mes de mayo. El lunes iniciará junio, el sexto mes del ciclo anual: De pronto compruebo, con sorpresa y un poquillo de preocupación que ya se fue medio año, y que este 2026, que nos parecía nuevecito y listo para estrenarse, ahora parece requerir una manita de gato para intentar llegar a diciembre con alguna prestancia y una imagen lo más respetable posible.
En lo internacional resulta patente que las iniciativas desquiciadas del Presidente norteamericano están logrando sacudir el panorama y tornarlo cada vez más inquietante: Nada más entrando el año, el 3 de enero para ser preciso, atacó Venezuela, tomó preso al Presidente y su esposa y desde entonces se ha dedicado a amenazar a otros países del Caribe, Cuba en particular, sin dejar de incluir a México por el problema del narcotráfico, que ha sido una magnífica excusa para mantener una fuerte presión contra el Gobierno de Claudia Sheinbaum.
Si bien resulta verdad que hay mucho por hacer para controlar y terminar con el comercio de estupefacientes, también es cierto que la campaña en contra de los cárteles está dando frutos: Se ha logrado apresar, y extraditar, a varios capos importantes, cada día se requisan cantidades considerables de drogas, y se está reduciendo la tasa de violencia que nos ha afectado desde hace algunas décadas y tuvo su punto de inflexión en el sexenio de Felipe Calderón.
La decisión del Gobierno de López Obrador, secundado ahora por Claudia, de incrementar los salarios mínimos y mejorar las condiciones económicas de los mexicanos va rindiendo, paulatinamente frutos: No resulta posible revertir, en poco más de un sexenio, una dinámica de empobrecimiento que mantuvieron los gobiernos neoliberales desde hace por lo menos 50 años.
Este medio siglo en el que las percepciones de los asalariados iban siempre a la zaga de la inflación, hundió en la pobreza a una proporción mayúscula de la población, con el argumento falaz de que una fuerza de trabajo barata iba a atraer inversión extranjera. No fue así y ese empobrecimiento generalizado fue un caldo de cultivo para la delincuencia, en particular la dedicada al trasiego de narcóticos.
Lo anterior no es casual: La ola de criminalidad que nos invadió durante algunas décadas tiene su explicación en el desarrollo brutal de un mercado norteamericano consumidor de sustancias y tóxicos de todo tipo y precio, al que surten con eficacia y, al parecer complicidad por parte de los gobiernos gringos, desde al menos el conflicto de Vietnam.
Ahora, con ese cinismo hipócrita que lo caracteriza, el huésped de la Casa Blanca pretende endosarnos culpas por su consumo desmesurado y amaga con invadir nuestro País para exterminar los focos delincuenciales que transportan hacia allá los estupefacientes. Sin embargo, no se puede negar que México está en una coyuntura muy positiva que dificulta al Gobierno del vecino País tomar decisiones similares a las que realizó con Venezuela, o las que dice considerar contra Cuba.
Los esfuerzos de la Cuarta Transformación parecen ir por buen camino: La población en pobreza laboral llegó en el primer semestre del año, a su nivel más bajo, como efecto del aumento en los salarios; eso ha permitido una reducción significativa en la inseguridad: en los últimos 20 meses los homicidios dolosos en el País se han reducido a la mitad, al pasar de 87 al día a poco más de 43 cada jornada. Si bien esta cifra no resulta todavía satisfactoria, no se puede negar que es un indicador de que se transita por el camino correcto.
Ahora estaremos en vilo, pendientes del Mundial de Futbol. El 16 de junio, en apenas dos semanas, se dará la patada inicial y todo el mundo estará atento a las pantallas de la tele. Hagamos una pausa responsable, disfrutemos la contienda y al terminar, volvamos con ánimo a la reconstrucción del País.
Ernesto Camou Healy
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