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Bisontes en Chihuahua

Un reconocimiento a quienes con visión de servicio tomaron en serio hace 16 años devolver al medio ambiente lo que le corresponde

Jesús Canale

Durante más de 200 años no vivió ni un solo bisonte en el Norte de México ya que los que hubo previamente fueron exterminados principalmente por motivos comerciales y caza recreativa.

Y no fue sino hasta el año 2009 cuando desde el Parque Nacional Wind Cave (“Cueva del Viento”) ubicado en el Estado de Dakota del Sur en los Estados Unidos fueron traídos a México 23 ejemplares del llamado “bisonte americano” cuyo nombre científico es Bison bison. Los ejemplares, donados por los Estados Unidos, fueron descargados de sus vehículos de traslado en la Reserva de la Biósfera Janos ubicada en la esquina Noroeste del Estado de Chihuahua, área muy próxima al límite con nuestro Estado, no lejos de Bavispe, Bacerac y Huachinera.

El Rancho El Uno, localizado justo al centro de la mencionada reserva ecológica, cuenta con un área de casi 20 mil hectáreas que es administrada en conjunto por la organización civil Cuenca Los Ojos y el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza (FMCN) y otras iniciativas.

El área natural protegida comprende en total poco más de 560 mil hectáreas. Para conocedores y legos en la materia la decisión de traer bisontes a tierras semiáridas, calientes de día y frías de noche, sería un absoluto fracaso; para otros fue una decisión arriesgada, sí, pero sustentada en probabilidades biológicas y ecológicas que valía la pena probar.

Sucedió que los bisontes -20 hembras y 3 machos- no sólo sobrevivieron sino que se han reproducido generosamente y al día de hoy forman una población mayor a 450 ejemplares y, de hecho, ha sido aprovechada para donar ejemplares de allí a otros sitios del País, concretamente Coahuila y Sonora, con el propósito de repoblarlos de esa especie.

Ese imponente mamífero de hasta una tonelada de peso y cuyas pezuñas evolucionaron por 300 mil años para adaptarse a los suelos de sus hábitats, sabiéndose ahora que fue así para que sus pisadas tuviesen la posibilidad de remover la tierra allegando más oxígeno al subsuelo, permitiendo con ello el crecimiento de raíces nativas así como dispersar semillas, aumentar la infiltración de agua y finalmente promover así el desarrollo de pastizales que a su vez proveen de alimento al bisonte y otras especies.

Por otro lado, el bisonte suele revolcarse en la tierra con lo que la hunde y le forma depresiones que, cuando llegan las lluvias, sirven de depósitos de agua ocasionando más crecimiento de pastizales y fomentando la llegada y supervivencia de más especies herbívoras y aves. Llama mucho la atención el excremento del bisonte, que no es poco, ha promovido en la biósfera el surgimiento del escarabajo bola que se llama así precisamente porque con sus pequeñas patas “amasa” las excretas del mamífero en pequeñas bolitas que luego lleva a sus túneles bajo la tierra y terminan siendo abono para aún mayor crecimiento de los pastos.

En resumen, aquellos 23 ejemplares del bisonte americano que llegaron a Chihuahua hace 16 años han sido los pioneros de un resurgimiento de la vida animal y vegetal en la protegida biósfera Janos. Esta es una muestra irrebatible de cómo los procesos naturales que se dan por muertos en vastas regiones del planeta, como fue precisamente en el Noroeste chihuahuense, pueden dar un giro total a favor de la generación expansiva de muy variadas formas de vida. Seguramente hay muchos Janos en el planeta, y puede apostarse que muchísimos en México.

Un reconocimiento a quienes con visión de servicio tomaron en serio hace 16 años devolver al medio ambiente lo que le corresponde; un reconocimiento por mostrar con hechos el aprovechamiento, respeto y cuidado por la creación. Los errores que hemos cometido acabando con los recursos y la vida en la superficie de la Tierra y en las honduras de sus mares tienen remedio cuando el estudio, la imaginación, la responsabilidad y la buena voluntad caminan juntos.

Jesús Canale

Médico cardiólogo por la UNAM.

Maestría en Bioética.

jesus.canale@gmail.com

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