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Prohibir como si eso resolviera el problema

Los políticos mexicanos tienen una fascinación por prohibir las cosas que les disgustan como si eso fuera a resolver el problema de fondo.

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Los políticos mexicanos tienen una fascinación por prohibir las cosas que les disgustan como si eso fuera a resolver el problema de fondo.

Ejemplos hay muchos.

Ahí está la prohibición de los vapeadores en la Constitución. Los que vapeaban no han dejado de hacerlo. Ahora los compran en el mercado negro controlado por el crimen organizado.

La historia de las reformas electorales está llena de este tipo de prohibiciones.

A muchos políticos les disgustó que grupos empresariales opinaran sobre los candidatos en spots de radio y televisión. Acto seguido, prohibieron que cualquier ciudadano pudiera hacerlo. Las opiniones se trasladaron a las redes sociales.

A los políticos les disgustó que algunos de sus colegas se adelantaran haciendo campañas electorales. Lo prohibieron. Ahora siguen adelantándose de manera creativa, dándole la vuelta a la ley.

Prohibieron que los funcionarios, incluyendo el Presidente, pudieran apoyar públicamente a un candidato. Todos, incluidos los mandatarios, siguieron haciéndolo con la anuencia tácita de una autoridades electorales indefensas frente al poder real de los gobernantes.

La novedad es que ahora quieren prohibir que los extranjeros se pronuncien sobre las elecciones en México. La iniciativa de Monreal contempla anular los comicios cuando haya actos políticos, diplomáticos, económicos o mediáticos del extranjero que alteren el voto ciudadano.

La reforma tiene claramente un destinatario: Trump.

Y es que al Presidente de Estados Unidos le encanta meterse en procesos electorales de otros países.

En Honduras, Trump respaldó abiertamente al candidato conservador en 2025, Nasry Asfura, atacando a los otros candidatos y amenazando con cortar ayuda estadounidense si no ganaba su gallo.

En vísperas de los comicios, Trump posteó en Truth Social: “El único verdadero amigo de la libertad en Honduras es Tito Asfura. Tito y yo podemos trabajar juntos para combatir a los narcomunistas y brindar la ayuda necesaria al pueblo hondureño. No puedo colaborar con Moncada ni con los comunistas, y Nasralla no es un aliado confiable para la libertad y no se puede confiar en él. ¡Espero que el pueblo de Honduras vote por la libertad y la democracia, y elija a Tito Asfura como Presidente!”.

Asfura ganó la elección por menos de un punto porcentual.

¿Fue determinante la intervención de Trump?

Por lo cerrado del resultado, podría argumentarse que sí.

Bajo las nuevas reglas mexicanas, esta elección se anularía.

Lo de Honduras no fue nada comparado con Hungría en este año.

Trump respaldó con todo a su amigo Víctor Orbán describiéndolo como aliado, defensor de valores conservadores y líder fuerte en migración y soberanía. Envió a su vicepresidente, JD Vance, a hacer campaña a Budapest y participó vía remota en un evento de Orbán.

Pero en Hungría los resultados fueron muy distintos. El partido de Orbán perdió por 17 puntos porcentuales. El apoyo de Trump no determinó el resultado.

¿Será que los hondureños son unos tontos por haberle hecho caso a Trump y los húngaros unos dechados de inteligencia por haberlo ignorado?

Digamos que Trump decidiera hacer lo mismo en México en las elecciones intermedias de 2027 (en las presidenciales de 2030 ya no será Presidente). Que posteara en contra de Morena y utilizara al Gobierno de Estados Unidos para apoyar a la oposición.

¿Detendría la nueva legislación mexicana a Trump, o a cualquier extranjero, de meterse en nuestra elección?

Desde luego que no.

La prohibición se la pasarán por el arco del triunfo.

Y, si en lugar de Trump, fueran partidos izquierdistas de otros países los que apoyaran mediáticamente a Morena, ¿anularían la elección si perdiese la oposición?

Claro que no, porque la anulación la determinará el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación controlado por… Morena.

¿No sería mejor confiar en la inteligencia de los votantes mexicanos en lugar de prohibir las expresiones de actores internos y ahora los externos?

Como en tantas prohibiciones absurdas e inaplicables, las nuevas relacionadas con la injerencia extranjera en las elecciones no resolverá el problema de fondo. En este caso, inhibir que los extranjeros, particularmente Trump, se meta en los asuntos internos de México. No van a refrenarse.

Aquí estamos frente a una nueva artimaña de la coalición gobernante para protegerse en caso de perder las elecciones.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann

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