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En el futbol y la política, ¿qué hacer cuando algo ya no funciona?

Solemos cometer el error de creer que el tiempo, de alguna forma milagrosa, resolverá el problema milagrosamente cuando, en realidad, es un pretexto para no tomar decisiones costosas.

Leo Zuckermann

JUEGOS DE PODER

De una manera u otra, todos nos hemos enfrentado la terrible situación de darnos cuenta de que algo ya no funciona. Solemos cometer el error de creer que el tiempo, de alguna forma milagrosa, resolverá el problema milagrosamente cuando, en realidad, es un pretexto para no tomar decisiones costosas.

Como ejemplo me parece fascinante lo que ocurrió con el equipo de futbol Cruz Azul en esta temporada.

La directiva había contratado a un entrenador con buen palmarés y que prometía mucho: Nicolás Larcamón. La temporada comenzó de maravilla. Cruz Azul llegó a colocarse como el líder de la competencia con grandes posibilidades de entrar a la liguilla y ganar el campeonato.

Hasta que las cosas dejaron de funcionar.

Cruz Azul ligó nueve partidos sin conseguir una victoria.

A una fecha que terminara la fase regular, ya con el equipo calificado a la liguilla, la directiva decidió despedir a Larcamón. Muchos expertos futbolísticos pensaron que esto era una locura. Criticaron la decisión por radical y pronosticaron que el equipo no lograría trascender en la liguilla.

Yo, como aficionado cruzazulino, aplaudí la decisión. Era más que evidente que el equipo no estaba funcionando. Un equipo, por cierto, armado con varios futbolistas talentosos.

Larcamón, en ese defecto que tienen los directores técnicos que se ponen muy creativos cambiando las posiciones naturales a los jugadores, había perdido el toque y, peor aún, el control del equipo.

La directiva pudo dejarlo ahí, a ver si el tiempo hacía el engañoso milagro de mejorar, para ver cómo eliminaban al Cruz Azul en la liguilla y, ahí sí, despedir a Larcamón comenzando de nuevo la siguiente temporada.

No se esperó y tomó una decisión arriesgada. Adelantó la salida del director técnico sustituyéndolo con su auxiliar, Joel Huiqui, quien modestamente regresó a los futbolistas a sus posiciones naturales, los dejó jugar, corrigió errores de su predecesor y, muy importante, mejoró el ambiente lúgubre que había en el vestidor.

El cambio se vio desde el primer partido dirigido por Huiqui. Cruz Azul regresó a jugar bien con resultados positivos. A partir de que corrieron a Larcamón, jugaron un total de siete partidos oficiales, logrando cuatro victorias y tres empates coronándose el domingo pasado como campeón del futbol mexicano en cancha ajena.

Correctamente, los expertos futbolísticos han reconocido el orden defensivo que impuso Huiqui, pero, sobre todo, su manejo emocional para estabilizar al vestidor, conectar con los jugadores y ejercer un liderazgo con un perfil más discreto que Larcamón.

A la distancia, ya con el campeonato en el bolsillo, es muy fácil decir que la directiva del Cruz Azul acertó en su decisión de tomar al toro por los cuernos y despedir a Larcamón en vísperas de que terminara la fase regular del campeonato.

La realidad es que fue una decisión audaz y valiente.

Eso es lo que hay que hacer cuando algo ya no funciona: Actuar.

Ah, pero cómo nos cuesta trabajo hacerlo a los humanos.

Por eso todo mi respeto y admiración a la directiva cruzazulina encabezada por Víctor Velázquez. El décimo campeonato de la máquina tiene más mérito por el dramatismo de haber cambiado de entrenador de esa manera tan osada.

Llevo el tema ahora al plano de la política.

Es evidente que el gobierno de la llamada “Cuarta Transformación” ya no funciona en varios aspectos.

En la economía, logró bajar el número de pobres y redistribuir el ingreso. Pero esto es insostenible sin crecimiento económico. La realidad es que la economía no camina; ya acumula ochos años de estancamiento. Sería el momento de tomar decisiones osadas. Por ejemplo, reventar las telarañas ideológicas del estatismo anacrónico de López Obrador que detuvo sectores enteros, en particular el energético.

Ni qué decir del cada vez más evidente pacto del partido gobernante con el crimen organizado en diversos estados de la República. La Presidenta tiene la enorme oportunidad de limpiar su movimiento en lugar de seguir defendiendo lo indefendible.

La manera de hacer política como se hizo en el sexenio pasado ya no funciona. Ni aquellos pactos ni las mañaneras propagandísticas. Es hora de que Sheinbaum encuentre su estilo personal de gobernar y tome una posición ofensiva en lugar de defensiva.

Porque, para regresar al futbol, como demostró el técnico de Pumas, Efraín Juárez, en la final contra Cruz Azul, con una estrategia defensiva a ultranza no se ganan campeonatos.

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