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TV Azteca: Ver o no ver

No le es natural a Televisión Azteca, y conexos, la crítica en los términos heroicos o sacrificiales que ahora postulan.

Julio Hernández López

Astillero

Ricardo Salinas Pliego precipitó a Televisión Azteca a una explícita instrumentación política facciosa, ya no para acoplarse a los beneficios de una relación privilegiada, y muy redituable, con los poderes en turno sino, a partir del diferendo con Andrés Manuel López Obrador por no haberle perdonado o disminuido notablemente el pago de adeudos fiscales, a una modalidad de desahogos vengativos en pantalla contra el ex Presidente mencionado y la presidenta Sheinbaum, de “periodismo” aún más amarillista e infundado y de abierta maquinación de un proyecto electoral con el citado Salinas Pliego como precandidato presidencial latente o como aspirante a factor decisorio a la hora de esa y otras candidaturas.

No le es natural a Televisión Azteca, y conexos, la crítica en los términos heroicos o sacrificiales que ahora postulan. Nació como concesión, no sólo en términos jurídicos, desde el poder; en el caso, de Carlos Salinas de Gortari, el presidente de la República que privatizó diversas entidades públicas con el propósito de crear una nueva franja, que supuestamente le sería leal, en la élite empresarial mexicana.

En un abierto conflicto de intereses, que a la luz de la legislación fiscal vigente encuadraría en el supuesto de las operaciones con recursos de procedencia ilícita (popularmente conocido como lavado de dinero), Raúl Salinas de Gortari, hermano del Presidente que estaba vendiendo Imevisión, prestó casi 30 millones de dólares, sin contrato ni recibo alguno, “a la confianza”, para que Salinas Pliego pudiera hacerse de lo que luego sería Televisión Azteca.

El 4 de julio de 1996, en conferencia de prensa, quien ahora reniega de los gobiernícolas trató de justificar alegremente el asunto: ‘’Sí utilicé 29 millones de dólares de Raúl Salinas para el pago del paquete de medios, pero me los prestó... en 1993 todos admirábamos al presidente Carlos Salinas de Gortari y era una distinción social ser amigo de su hermano’’. Dado que dos días antes La Jornada había publicado que el “préstamo” de Raúl Salinas a Salinas Pliego había sido depositado en la cuenta de la empresa Silver Star, el ahora principal accionista de Televisión Azteca explicó, sin ambages: ‘’Está en Panamá, y ha sido un refugio fiscal para mis negocios’’ (nota de Gustavo Castillo: https://goo.su/zAoRT0F ).

Una prueba rápida de autenticidad y congruencia del actual aire “opositor” de Salinas Pliego y TV Azteca mostraría que nada de tal “rebeldía”, “crítica” y “compromiso” con causas democráticas y populares existiría si López Obrador hubiera ayudado al dueño de Grupo Salinas a saldar, virtualmente a su gusto, el adeudo fiscal de la discordia. Hoy, esa firma sería una televisora del Bienestar, sobre todo si la sucesora, Sheinbaum, le hubiese mantenido parámetros beneficiadores como antaño (y no estaría pagando decenas de miles de millones de pesos, como informó ayer Hacienda que está por suceder, en un abono más).

En ese contexto, la Presidenta de México dijo ayer, en su habitual conferencia matutina de prensa: “no vean Televisión Azteca”, luego que le habían preguntado sobre ciertos manejos “informativos” realizados ahí. Esas palabras fueron rápidamente convertidas en banderas defensoras de libertades, entre ellas la de expresión. “Censura”, invocaron.

La Presidenta de México debería evitar el uso de expresiones que pudieran ser utilizadas en su contra por este salinismo azteca (igual que debería reflexionar sobre el riesgo de demandas contra el papel de la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, convertida en coordinadora de un ejercicio ¿periodístico? denominado “Detector de Mentiras”). Pero también será importante que Televisión Azteca frene el uso golpista que le ha asignado su dueño por razones electorales y eventualmente partidistas. Los medios electrónicos concesionados están obligados a priorizar el interés público y la función social, lo cual no debe ser sustituido por revanchismos o cálculos políticos grupales. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López