“La magnífica humanidad”
La lista de los espléndidos ejemplares humanos que en el mundo han sido supera por mucho a los malos especímenes.

De política y cosas peores
Dos astronautas, hombre y mujer, llegaron a Marte. Una de las primeras cosas que los marcianos quisieron saber acerca de los terrícolas fue cómo hacían más terrícolas. El astronauta y la astronauta les ofrecieron una cumplida demostración del usual procedimiento. Cuando terminaron el acto uno de los alienígenas preguntó: “¿Dónde está el nuevo terrícola?”. Respondió el astronauta: “Vendrá dentro de nueve meses”. “¿Nueve meses? -se asombró el marciano-. ¿Y entonces por qué dejaron de menear?”. En las cenas oficiales a las que convocaba Echeverría en el Palacio Nacional la horchata corría como agua. En la reunión a la que invitó en su casa el duque Sopanela, en cambio, la champaña corrió como el preciado líquido vital. En lo más álgido de la tormentosa fiesta el anfitrión se dirigió a su recámara. Ahí vio a su compadre Pitorraudo entrepernado lujuriosamente con la duquesa en el lecho conyugal. Dijo Sopanela para sí, burlón: “¡Ah qué mi compadre! ¡Anda tan borracho que cree que soy yo!”. El papa Juan XXIII, de feliz memoria, como se dice en lenguaje eclesial, no podía dormir al principio de su pontificado. Le preocupaban los graves problemas de la Iglesia. Se liberó del insomnio porque pensó: “Dicen que fui elegido Papa por inspiración del Espíritu Santo. Pues entones que el Espíritu Santo sea el que se preocupe”. Yo soy un tanto escéptico en lo que atañe a las intervenciones celestiales. Creo que los humanos debemos arreglárnosla por nosotros mismos. Eso lo aprendí de don Abundio el del Potrero, hombre pragmático y realista a fuer de campesino. Le pregunté: “¿Es cierto que los perros del rancho no te atacan si cuando te gruñen rezas un Credo?”. “Es cierto -respondió el sabio viejo-. Pero a condición de que tengas una piedra en cada mano”. Inspirado, sin embargo, anduvo el actual papa, León XIV, cuando escribió su encíclica Magnifica humanitas, “La magnífica humanidad”. Maravillosa especie, en efecto, es la humana, aunque haya dado origen a monstruos de maldad y estupidez como Adolf Hitler. La lista de los espléndidos ejemplares humanos que en el mundo han sido supera por mucho a los malos especímenes. Claro, a veces algún vecino o familiar nos hace dudar acerca de la racionalidad del ser humano, pero escuchar una sonata de Mozart, leer una página de Shakespeare o mirar una pintura de Van Gogh nos reconciliará con nuestra especie. Pienso que el actual Papa es uno de los mejores que la Iglesia Católica ha tenido en la época moderna. Discreto, no parece buscar las cámaras y los micrófonos -vanidad de vanidades-, y sus palabras no son ambiguas ni banales, sino precisas y llenas de sustancia. En su primera encíclica el Pontífice resalta el hecho de que nuestro tiempo es más complicado que el de la Guerra Fría: Antes había sólo dos protagonistas del peligro bélico, y ahora hay cuatro o cinco. El mundo está en permanente beligerancia, y se esgrime otra vez el antiguo lema de la guerra justa. No hay guerra justa, manifiesta el Papa. Existen los recursos del diálogo y la diplomacia antes que provocar los incontables males que derivan del uso de las armas. Trump debería leer el documento pontificio, pues le son aplicables varias de las requisitorias contenidas en la notable encíclica papal. Me pregunto, sin embargo, si Trump sabe leer. La curvilínea chica relató la terrible experiencia que había tenido: El elevador en que iba se desplomó. “¡Qué barbaridad! -exclamó uno de los que la oían-. ¿Y en el curso de la caída recordaste a todos los hombres que ha habido en tu vida?”. “Difícilmente -respondió ella-. La caída fue sólo de 14 pisos”. FIN.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados