Quitando poco a poco los alfileres
Si algo le puede reclamar la presidenta Sheinbaum al ex presidente López Obrador es que dejó las finanzas públicas agarradas de alfileres.

JUEGOS DE PODER
En 1995, en medio de una de las peores crisis económicas de México, circulaba un chiste. Ernesto Zedillo le reclamaba a Carlos Salinas: “Nos dejaste la economía pendida de alfileres”. El ex Presidente le reviraba al Presidente: “¿y tú para qué se los quitaste?”.
En la actualidad, si algo le puede reclamar la presidenta Sheinbaum al ex presidente López Obrador es que dejó las finanzas públicas agarradas de alfileres.
Durante todo el sexenio pasado, el Gobierno incurrió en déficits presupuestarios. El último año, 2024, se alcanzó el mayor déficit público de los últimos 35 años, equivalentes a casi seis puntos del Producto Interno Bruto (PIB).
AMLO tiró la casa por la ventana en el afán de ganar las elecciones de ese año.
Vaya que tuvo éxito desde el punto de vista electoral. Sin embargo, le heredó a su sucesora unas finanzas públicas deficitarias. Y, cuando se incurre en déficits, sube la deuda.
La deuda pública total, medida en todas las necesidades de financiamiento del sector público, equivalía a 47 puntos del PIB en 2023. Al año siguiente, este indicador subió al 54%. Y, desde entonces, sigue aumentando. La realidad es que el Gobierno actual no ha logrado estabilizar ni el déficit ni la deuda.
Hoy, la polémica en los círculos financieros nacionales es cuándo alcanzará el 60% la deuda bruta como porcentaje del PIB. Hay quienes dicen que será a finales del sexenio. Banamex ya lo proyecta para 2027, mientras que el ex secretario de Hacienda, Pedro Aspe, afirma que podría ser este mismo año.
Las calificadoras están preocupadas de las finanzas públicas mexicanas. Ya se dieron cuenta que el problema no es temporal sino estructural.
Esto es lo que precisamente anunció ayer Moody’s que bajó la calificación de la deuda soberana de México de Baa2 a Baa3 cambiando la perspectiva de negativa a estable. Lo importante de la modificación es que deja a México en el último escalón de “grado de inversión” antes de entrar a la categoría especulativa (junk o chatarra) donde los bonos pagan una tasa de interés más alta.
Moody’s argumenta que la fortaleza fiscal de México se ha deteriorado de manera estructural y más rápido de lo esperado. Según la calificadora, el Gobierno ha perdido margen fiscal, la deuda está creciendo, el déficit sigue elevado y Pemex continúa absorbiendo enormes subsidios públicos.
El gasto público es rígido y difícil de recortar. Los ingresos son limitados con una base tributaria estrecha. Los apoyos continuos a Pemex representan una enorme carga fiscal. El bajo crecimiento económico implica una menor recaudación. Y los déficit persistentes hacen que siga aumentando la deuda.
El documento es extremadamente claro: Pemex es uno de los mayores riesgos para las finanzas públicas mexicanas. Moody’s calcula que el Gobierno transfirió aproximadamente 35 mil millones de dólares a la petrolera mexicana en 2025, equivalentes a casi dos puntos del PIB. Este año tienen presupuestados otros 14 mil millones de dólares de apoyos.
No lo dice así la calificadora, pero Pemex se ha tornado en un barril sin fondo. Mientras esta empresa no mejore operativamente, el Gobierno seguirá teniendo que rescatarla.
Moody’s finalmente ya se dio cuenta del crecimiento desmedido de la deuda pública. Le preocupa (ya era hora) la velocidad del deterioro. Esto en un contexto de crecimiento económico demasiado bajo, lo cual dificulta estabilizar la deuda.
La calificadora crítica la política económica de la 4T. Con razón, afirma que las prioridades políticas actuales debilitan la disciplina fiscal. El Gobierno está priorizando el gasto en la supuesta defensa de la “soberanía energética” y en programas sociales redistributivos dejando a un lado la estabilidad fiscal.
Moody’s nos bajó la calificación, pero nos puso en perspectiva “estable” porque considera que México todavía tiene algunas fortalezas como la estabilidad macroeconómica, la independencia del banco central, un mercado financiero profundo, una moneda local sólida y una envidiable integración con la economía más dinámica del mundo que es la estadounidense.
Pero, ojo, si la deuda pública sigue subiendo rápido, Pemex genera más pasivos, el crecimiento económico continua débil o los mercados ya no creen que el Gobierno vaya a cumplir consistentemente con sus propias metas fiscales, Moody’s podría bajar de nuevo la calificación crediticia de la deuda soberana de México. Perderíamos, así, el “grado de inversión” y nos convertiríamos en “chatarra”. No sería el fin del mundo, pero sí otro paso más en la gradual remoción de los alfileres en los que dejó AMLO pendiendo las finanzas públicas del País.
Leo Zuckermann
X: @leozuckermann
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