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ICE no es ‘Nice’

El Gobierno de Estados Unidos no sólo separó a un niño de 10 años de su madre y lo dejó solo, sino que ahora lo quiere enviar a un país totalmente desconocido para él.

Jorge  Ramos

Jorge Ramos

Veo a Wilfredo en la pantalla y parece un poco asustado, sin saber exactamente lo que está pasando. Tiene sólo 10 años, y el día que conversamos llevaba una camiseta negra con una pelota de basquetbol en el centro. Hacía cuatro meses que no veía a su mamá.

La historia es típica en el clima de terror en el que viven millones de inmigrantes en Estados Unidos, pero para Wilfredo es una verdadera tragedia personal. A principios de año, su mamá, Nexolí, fue detenida en una calle de Houston porque la placa de su coche estaba vencida. Ella tiene licencia y permiso de trabajo. Sin embargo, apareció en una lista que tiene la Policía migratoria, y la detuvieron.

Poco les importó a los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) que su hijo, menor de edad, se quedara solo. Afortunadamente, apareció Marifé, la jefa de Nexolí, y ella se ha convertido en la tutora legal de Wilfredo. Ella se encarga de todos sus gastos, de alojarlo, de llevarlo a la escuela y de lidiar con sus propios problemas migratorios. Cuando hablé con ellos me dijeron que habían recibido una carta del servicio de migración amenazando a Wilfredo con ser deportado de Ecuador.

Pero aquí hay un problema. Wilfredo es venezolano, estudia el cuarto año de primaria en Estados Unidos y nunca ha estado en Ecuador ni conoce a nadie ahí. El Gobierno de Estados Unidos no sólo separó a un niño de 10 años de su madre y lo dejó solo, sino que ahora lo quiere enviar a un país totalmente desconocido para él.

Marifé se ha asesorado bien y trabaja con una asistente legal para sacar a Nexolí del centro de detención y, al mismo tiempo, evitar que Wilfredo sea deportado a Ecuador, uno de los países que coopera con el Gobierno de Donald Trump y que recibe a inmigrantes de terceros países. Me pregunto si el Gobierno ecuatoriano sabe que le quieren enviar a un niño venezolano que está solo.

El caso de Wilfredo no es el único. Desde que Trump regresó a la Casa Blaca en 2025, su Gobierno ha deportado a más de 3,600 niños, según una investigación de The Marshall Project. Eso es absoluta crueldad.

Por eso brinca tanto la nueva campaña de publicidad del Departamento de Seguridad Interna que trata de cambiar la imagen pública de los agentes de ICE. El video comienza con un agente quitándose una máscara negra y luego aparecen otros más sonriendo, saludando de mano a gente en una fila, regalando una rosa, abrazando a un niño y, en general, ayudando a los más necesitados. La campaña termina con la frase “ICE is Nice”. Hasta el mismo presidente Trump estuvo a favor de cambiar el nombre de ICE por Nice para forzar a la prensa a hablar bien de sus agentes.

Esto contrasta con la realidad.

Varios agentes de ICE se vieron involucrados en los violentos incidentes en Minneapolis en que murieron dos ciudadanos estadounidenses, Renée Good y Alex Pretti. Además, hay una multitud de videos en que agentes de ICE separan a padres de sus hijos, rompen injustificadamente los vidrios de los autos de inmigrantes latinos, detienen a extranjeros que fueron a la corte para actualizar su situación migratoria y tratan brutalmente a sus detenidos, golpeándolos y empujándolos al piso, sin mostrar ninguna identificación u orden de aprehensión.

Ese es el ICE que todos conocemos y cuya imagen no va a cambiar con una mal hecha campaña de publicidad en redes sociales. Seis de cada 10 estadounidenses rechazan el trabajo que está haciendo ICE, de acuerdo con una encuesta de NPR y PBS.

En lugar de estar persiguiendo a inmigrantes que pagan impuestos, que crean empleos y que hacen los trabajos que nadie más quiere hacer, ICE podría seguir el ejemplo de España. El Gobierno de Pedro Sánchez aprobó hace unas semanas un decreto para regularizar de manera extraordinaria a medio millón de inmigrantes. ¡Bravo! A pesar de las duras críticas de la derecha, esto es ver la migración con humanismo y con sentido práctico. La mayoría de esos inmigrantes ya trabajan, pero sólo faltaba integrarlos al sistema.

“Son personas que conviven entre nosotros, con hijos e hijas que van al colegio con nuestros hijos, que dan vida a nuestros pueblos, a nuestras calles, y que a partir de hoy podrán disfrutar con garantías de plenos derechos y cumplir sus obligaciones”, explicó Elma Saiz, la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de España. Eso sí es ser “nice”, no lo que hace todos los días ICE, sembrando el terror en las comunidades latinas de Estados Unidos.

No hay que ser un experto en migración ni en sicología para entender el enorme daño que ICE le está haciendo a Wilfredo al separarlo cuatro meses de su madre… y quizás muchos más. Y no quiero ni imaginarme lo que pasaría si deportan a ese niño a Ecuador, solo, sin su madre y sin familiares que lo apoyen. ¿De qué le sirve eso a Estados Unidos? Es, sencillamente, la crueldad como estrategia migratoria.

ICE no es Nice.

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