El Imparcial / Columnas /

Capitulación de la Revolución

El 14 de mayo será recordado como el día que murió la revolución cubana.

Ana María Salazar

Ana María Salazar

El 14 de mayo será recordado como el día que murió la revolución cubana. Y es difícil imaginarse una situación que fuera más indigna para los revolucionarios y sus seguidores alrededor del mundo: En La Habana, se llevó a cabo una reunión muy publicitada, entre una delegación liderada por el director de la CIA, John Ratcliffe, y por el lado cubano, según el periódico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Granma, estaría representado por autoridades del Ministerio del Interior, así como funcionarios de inteligencia, como Lázaro Alberto Álvarez Casas, ministro del Interior. También participaría Raúl Rodríguez Castro (“Raulito” o “El Cangrejo”), nieto del líder histórico Raúl Castro.

Y las imágenes que se publicaron por la red social X de esta histórica reunión, podemos ver al director de la CIA, agencia que trató de asesinar a Fidel Castro y debilitar la influencia de la Revolución Cubana en México y en toda Latinoamérica.

Es importante subrayar que esta reunión no se puede comparar con las reuniones y acercamientos que se llevaron a cabo en preparación para la histórica visita a la isla en marzo 2016 del presidente Barack Obama. Los objetivos de la administración estadounidense era abrir la puerta a la normalización entre ambos países, desapareciendo el embargo a cambio de que Cuba iniciara una eventual apertura política y económica. Según reportes periodísticos, fue el mismo Fidel Castro que saboteó este proceso, y la administración de Obama tuvo que asumir el costo político de confiar en los Castros.

La delegación de Trump tiene objetivos completamente diferentes: El equipo de la CIA en La Habana va a negociar -perdón imponer- la transición política y cambio de régimen. Lo que sí se está negociando son los tiempos, los individuos que podrían liderar el nuevo régimen cubano, como será la reparación para la diáspora cubana y la apertura económica y comercial de la isla.

El solo hecho de que la reunión del Gobierno con el director de la CIA básicamente es un reconocimiento de que ya se está llevando a cabo un cambio de régimen.

Esta reunión sucede en un momento en que, a pesar de esfuerzos limitados de México y algunos otros países, Cuba se quedó esta semana sin petróleo, sin electricidad, hay desabasto de alimentos y de medicamentos. Literalmente la población está a la merced de que se lleguen acuerdos inmediatamente para que no se agrave aún más la crisis humanitaria en la isla.

El otro mazo que seguramente usará John Ratcliffe para presionar una pronta resolución a la transición y muerte de la revolución cubana tiene que ver con la información que se filtró el mismo día de la reunión: El Departamento de Justicia estaría tomando pasos para buscar una acusación formal “indictment” en contra de Raúl Castro, el ex presidente de Cuba de 94 años y hermano de Fidel, por su participación en 1996 en el derribo de aeronaves operados por Hermanos al Rescate.

Como sabemos, usar un “indictment” como estrategia de negociación es una estrategia reconocida y aplaudida por la clase política estadounidenses para promover cambio de régimen. Ejemplo más reciente tenemos obviamente Nicolás Maduro. De hecho, desde hace décadas, la diáspora cubana exigía una investigación penal en Estados Unidos para que personajes del régimen, especialmente los Castros, eventualmente enfrentarían un juicio en Florida.

Más que negociar, esta reunión es el primer paso de la capitulación de la Revolución. Cubana. Y a diferencia del pasado, el actual Gobierno tiene pocos países, líderes y organizaciones que están dispuestos a defender este Gobierno y han dejado a la merced de Trump el futuro de la isla.

¿Dónde están los rusos? ¿China? ¿Unión europea? ¿Brasil? Desde la prisión en Nueva York, es poco lo que puede hacer Nicolás Maduro.

Por eso sorprende la defensa pública de Cuba por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum, y de la nueva dirigente de Morena, no es un gesto retórico ni un guiño ideológico aislado: Es una decisión consciente de invertir y, si es necesario, desgastar capital político para defender la moribunda Revolución y Gobierno cubano que parecería que sus días están contados. Esta defensa abre otro flanco frente a Washington.

La misma semana que el director de la CIA negocia la capitulación de la Revolución Cubana, Morena anunció que impulsará un juicio político contra la Gobernadora de la oposición, Maru Campos, por violar la soberanía nacional al permitir supuestamente la participación de agentes CIA en un operativo para la destrucción de un mega laboratorio en Chihuahua. La ironía es imposible de ignorar.

Morena tiene mucho que aprender de la capitulación de la Revolución.