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La victimización de una 4T a la defensiva

La 4T, incluyendo a la Presidenta, están siguiendo el guión de López Obrador: Cuando estés en peligro, victimízate.

Leo Zuckermann

Juegos de poder

La 4T, incluyendo a la Presidenta, están siguiendo el guión de López Obrador: Cuando estés en peligro, victimízate.

Así ocurrió, por ejemplo, en 2004 cuando los videoescándalos evidenciaron la corrupción de varios funcionarios del Gobierno capitalino que encabezaba López Obrador. O cuando lo desaforaron en 2005 o perdió la elección presidencial de 2006.

Victimizarse siempre le funcionó a AMLO. Presentarse como la mártir de un complot perfectamente orquestado por sus enemigos (reales e inventados) como la derecha, los neoliberales, Estados Unidos, los medios de comunicación, etcétera, etcétera.

Claro que existían confabulaciones para detener la exitosa carrera de López Obrador. Eso es inevitable en la política. La genialidad de AMLO fue ofrecer una narrativa que explicaba todo de una manera simple y llana donde él nunca tenía la culpa de nada.

Su mano derecha, Bejarano, no era responsable de haber recibido dinero en efectivo de un empresario para las campañas, el jefe de Gobierno no había violado la ley en el predio “El Encino” y el candidato presidencial no había cometido error alguno durante la campaña de 2006.

Ya como Presidente, cuando enfrentó algunos escándalos, AMLO siguió su dictum de “nunca aceptar culpa alguna y mejor victimizarse”.

Por ejemplo, cuando nos enteramos de que uno de sus hijos vivía en una lujosa residencia en Houston propiedad de un contratista de Pemex, el Presidente argumentó que se trataba de una “campaña de sus adversarios”; acusó y criticó a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad que lo dieron a conocer y a los medios que lo reportaron.

En el caso del desfalco en Segalmex, negó que su Gobierno fuera corrupto y, de nuevo, culpó a los medios por difundir “campañas” de desprestigio. Atribuyó lo ocurrido a fallas, “descuido”, “mala suerte” y la presencia de algunos funcionarios que venían de gobiernos pasados que “se corrompieron”.

Frente al mayor escándalo que está enfrentando la 4T en su historia, es decir, la acusación por parte de Estados Unidos de la existencia en Sinaloa de un “narco Gobierno”, con todo lo que eso implica, la Presidenta, su Gobierno, Morena y sus aliados han recurrido al manual de AMLO: Negar responsabilidad alguna y victimizarse.

Ahora resulta que hay un complot por parte de Estados Unidos para derrocar a uno de los pocos gobiernos de izquierda en América Latina. Dentro de esa confabulación están los medios (nunca faltan), la comentocracia, la derecha, la oposición (como si existiera), etcétera, etcétera.

Como si ellos, y me refiero al entonces presidente López Obrador y Morena, no hubieran sido los que pusieron a Rocha Moya como su candidato a Gobernador en Sinaloa, quien pactó con el Cártel de ese Estado su intervención grosera en el proceso electoral de 2021 para ganar las elecciones y convertirse en empleados del crimen organizado.

Pobres palomitas. La 4T es tan buena, siempre víctima de los perversos. La perversidad no existe en ese movimiento.

No sé si esta fuga le funcionará a Sheinbaum como le funcionó a AMLO en el pasado. Al fin y al cabo, el genio comunicativo era él.

Lo que sí veo es que, desde que ganaron el poder en 2018, están por primera vez a la defensiva en su narrativa.

Lo vimos claramente en el Congreso extraordinario de Morena el fin de semana pasado.

En medio de tensiones internas por el reparto de las candidaturas para la elección de 2027 y el paquidermo que había en la sala (el escándalo de Sinaloa) con sus posibles consecuencias para el partido, Alfonso Durazo, presidente del Consejo General, ofreció un discurso de contención política: Menos ideológico y más enfocado en evitar fracturas dentro del partido.

Su llamado fue a la unidad y disciplina. Reconoció implícitamente las disputas por candidaturas y, no podía faltar, denunció las presiones o intentos de intervención extranjera. Acusó a la oposición (como si existiera) de una actitud de subordinación frente a intereses externos. Solicitó cerrar filas frente a las críticas.

La nueva dirigente de Morena, Ariadna Montiel, rechazó “la hipocresía de quienes hacen acusaciones para abrirle la puerta al intervencionismo extranjero”. Advirtió que “esta dirigencia no tolerará la corrupción en ningún Gobierno de Morena; es momento de hacer conciencia”. Y prometió que los candidatos serán mujeres y hombres con principios y valores, honestos y con un compromiso real con el pueblo. Señaló que los elegidos deberán contar con una “trayectoria impecable”.

Pues sí, el partido gobernante está en problemas. Junto con la Presidenta, andan jugando a la defensiva. Tienen a su favor, sin embargo, que en México no existe una oposición real que capitalice sus errores y escándalos.

Por ahora…

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann