¿Cuál injerencia es peor, la de EE.UU. o la del narco?
“La dura realidad es que nuestro Estado ya ha sido penetrado por los criminales. Son ellos los que controlan territorios enteros del País.”

Juegos de poder
La acusación judicial del Gobierno de Estados Unidos en contra del Gobernador de Sinaloa, un senador de ese Estado, el alcalde de Culiacán y siete funcionarios más por conspirar y apoyar al Cártel de Sinaloa nos pone a los mexicanos en la terrible disyuntiva de elegir qué es peor: Que los estadounidenses se metan en los asuntos internos de nuestro País o que el crimen organizado siga penetrando las instituciones del Estado al punto de controlarlas.
Obvio, varios van a decir que ni lo uno ni lo otro.
Pues claro que eso sería lo ideal: Que el propio Estado mexicano evitara su captura por parte del crimen organizado de tal suerte que el vecino del Norte no tuviera por qué entrometerse en nuestros asuntos.
Desafortunadamente, no es el caso.
La dura realidad es que nuestro Estado ya ha sido penetrado por los criminales.
Son ellos los que controlan territorios enteros del País. Sinaloa, por ejemplo, donde las instituciones trabajan a favor de los intereses de “los Chapitos”. Ni qué decir del ex alcalde de Tequila que utilizaba al Municipio para generar rentas a favor del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Como un queso gruyere, la república está llena de huecos donde domina la delincuencia organizada. Es un cáncer que se ha ido extendiendo a lo largo del tiempo, particularmente el sexenio pasado con la política de “abrazos no balazos” de López Obrador.
Estados Unidos tiene todo el derecho preocuparse por esta situación. A ellos no les conviene el empoderamiento del crimen organizado en su vecino sureño con el que comparten más de tres mil kilómetros de frontera. Utilizan el pretexto de querer resolver el tráfico de drogas, pero los alarma la existencia de una gobernanza criminal tan cercana a su país.
Estados Unidos quiere un Gobierno mexicano estable, predecible y ordenado que proteja sus intereses económicos, políticos, sociales y militares. Les da lo mismo si los que gobiernan son del PRI, PAN o Morena. Lo que no quieren es que sean los de algún cártel criminal.
La pregunta es hasta dónde deben meterse para evitarlo.
Trump está convencido, por ejemplo, que su país debe intervenir unilateral y militarmente en el combate a los cárteles.
Eso desestabilizaría por completo la relación bilateral.
Y es que este tipo de intervenciones han sido muy costosas para México.
La guerra de 1846–1848 significó la pérdida de más de la mitad del territorio nacional. La ocupación en 1914 de Veracruz produjo entre 150 y 300 muertos mexicanos, la mayoría civiles. La expedición para capturar a Villa en 1916 duró once meses en que el Ejército estadounidense asoló el Norte del País.
Ni hablar de las operaciones clandestinas como la de 2024 cuando capturaron y se llevaron ilegalmente a su país a “El Mayo” Zambada, lo cual desencadenó una guerra fratricida del Cártel de Sinaloa que ha dejado más de dos mil 600 muertos y cientos de desaparecidos en ese Estado.
No, definitivamente no queremos ese tipo de injerencismo.
No es gratuito que el nacionalismo mexicano esté vinculado con un recelo histórico hacia Estados Unidos. El resorte del antiyanquismo puede fácilmente activarse si los estadounidenses intervienen activamente en México.
Pero del otro lado tenemos la injerencia del crimen organizado.
En México hemos visto como este actor se ha empoderado. Primero con la típica cooptación con el fin de comprar protección: Sobornos, filtración de operativos, liberación de detenidos, no persecución. Luego ya infiltrándose de lleno, es decir, colocando a sus aliados en cargos públicos y/o financiando campañas para controlar decisiones. Finalmente, pasando a la captura del Estado, es decir, la autoridad sirviendo estructuralmente al grupo criminal: Policías, municipios, fiscalías o gobiernos enteros operando como extensión de la organización.
La acusación de Estados Unidos en contra de Rocha y nueve más detalla el proceso de cómo se instaló una gobernanza criminal en Sinaloa. Hoy, el Cártel impone las reglas, cobra cuotas, resuelve disputas, castiga robos, regula mercados y controla, en general, la vida cotidiana.
Hasta ahora, por fortuna, la captura del Estado mexicano ha sido local, no nacional. Comenzó en municipios y se extendió a ciertos estados, aunque algunas instituciones federales, como las aduanas, ya han sido penetradas.
Los mexicanos no queremos que nos gobierne la delincuencia. Tenemos que erradicar ese cáncer que puede aniquilar por completo al País.
No me gusta nada la injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de México; tampoco me gusta nadita la idea de que el crimen organizado mande en nuestro País.
¿Qué opción es la menos mala?
Híjole… maldita sea la hora en que llegamos a esta situación en que debemos escoger entre dos opciones tan odiosas.
Leo Zuckermann
X: @leozuckermann
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