Rocha, entre dos fuegos
Este señor Rocha ya no podrá dormir tranquilo. Más temprano que tarde se verá entre dos fuegos: El de la ley -no la de aquí; la de allá- y el de la delincuencia -no la de allá; la de aquí-.

De política y cosas peores
“Es usted un pend…”. Tales descomedidas palabras le espetó un sujeto a otro en el Bar Ahúnda. Preguntó el agraviado: “¿Me lo dice usted en broma o en serio?”. “Se lo digo en serio” -respondió el sujeto al tiempo que se ponía en pie. Medía 2 metros de estatura, pesaba 150 kilos con 400 gramos y tenía puños como bigornias de herrador. Evaluó el otro la situación y dijo: “Entonces está bien, porque bromitas conmigo no”. Tampoco los fiscales de Nueva York se andan con bromitas. Es muy posible que ninguno de ellos sepa lo que es un huarache, pero estoy seguro de que no la brincan sin él. Son cuidadosos en presentar una acusación o una denuncia, porque no pueden exponerse a una demanda por difamación, lo cual en aquellos lares cuesta algo más que una enchilada, aunque sea the whole enchilada. Alguno de los contlapaches -por no decir “cómplices”- de Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, debería aconsejarle que no asome ni las narices a la calle, pues podría sucederle lo que a Nicolás Maduro. Una cosa es impepinable. Permítanme un momentito, por favor. Voy a ver qué es eso de “impepinable”. Define el diccionario: “Que no admite discusión”. Este señor Rocha ya no podrá dormir tranquilo. Más temprano que tarde se verá entre dos fuegos: El de la ley -no la de aquí; la de allá- y el de la delincuencia -no la de allá; la de aquí-. Todo indica que ha andado en concilio de malos, para usar la expresión bíblica, y eso trae siempre consecuencias. Nadie puede escapar de sí mismo. Ominosa, sombría y caliginosa es esta última frase, columnista. Me provocó una extraña conmoción de píloro que jamás había sentido. Te agradeceré ahora el relato de algunos chascarrillos de humor lene a fin de sosegar la inquietud que tus palabras me causaron, pues temo se repita ese estremecimiento. Don Algón le dijo a la linda chica: “Sé muy bien que ya no tengo sex appeal, señorita Dulcibel, pero tengo bastante cheque appeal”. El bebé nació pelirrojito. La enfermera la preguntó a la madre: “¿Así es el papá?”. “No sé -respondió ella-. Nunca se quitó la gorra”. A Uglina, joven mujer poco agraciada, le dicen a sus espaldas “La dieta”. Nadie la sigue. Dos sujetos reñían de palabra. Le dijo uno al otro: “Y estoy seguro de que ni siquiera sabes foll…”. “¡Ah! -exclamó el otro-. ¡Ya te vino tu esposa con el chisme!”. Una encuestadora le preguntó a Babalucas: “¿Está usted a favor de la pena capital?”. “Sí -afirmó el tonto roque-. A condición de que no sea demasiado severa”. Gastado símil: Las palabras son como las hojas de los árboles. Unas caen y se las lleva el viento, mientras brotan otras nuevas que a su vez al paso de los años caerán. Nadie usa hoy términos como “botica” o “pichonear” (acariciar lúbricamente a una mujer), y en cambio ahora decimos “chatear” y “meme”. Palabra casi olvidada es “movida”. Servía para aludir a una vergonzante relación erótica. “La muchacha pintada como coche con la que te vi ayer ¿es tu novia?”. “¡Oh, no! Es mi movida”. Cierto señor se fue de este mundo, y en una funeraria local se llevó a cabo el correspondiente velatorio. Meditación al margen: Podrás haber sido un gran artista, un destacado empresario o un filántropo reconocido. Cuando te mueras la asistencia a tu funeral dependerá principalmente del clima. Si hace mucho frío, o está lloviendo a cántaros, de seguro no habrá mucha concurrencia. En la ocasión que digo llegó una comadre de la viuda y le dijo al tiempo que la abrazaba estrechamente: “¡Comadrita! ¡Vengo conmovida!”. Le pidió en voz baja la viuda: “Dígale que la espere allá afuerita”. FIN.
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