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¿Ya se jod… Estados Unidos?

Estados Unidos es, sin duda, un país que históricamente ha cometido muchos errores. Algunos de ellos los hemos sufrido los mexicanos.

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Ayer, en “Es la hora de opinar” debatíamos sobre el tercer atentado fallido en contra de Trump. Inevitablemente llegamos al tema de la polarización y la violencia política en Estados Unidos. La pregunta que surgió es si el vecino del Norte podría resolver este problema o se agudizaría más con el paso del tiempo. A los panelistas les conminé a debatir en una siguiente ocasión si “ya se jod… Estados Unidos”, parafraseando la frase con la que comienza la novela Conversación en La Catedral de Vargas Llosa.

El asunto del posible estropeo, destrozo o ruina de Estados Unidos merece una reflexión seria y profunda que trasciende una columna periodística. Me gustaría, sin embargo, compartir lo que pienso y siento en este momento.

Hasta este sábado, yo creía que nuestro vecino del Norte estaba en un proceso de decadencia, pero también tenía la convicción que eventualmente corregiría el camino. Como la frase que se le atribuye a Churchill: “Siempre se puede contar con que los estadounidenses harán lo correcto, después de haber agotado todas las demás posibilidades”.

Estados Unidos es, sin duda, un país que históricamente ha cometido muchos errores. Algunos de ellos los hemos sufrido los mexicanos. Sin embargo, el experimento de la república estadounidense ha tenido enormes éxitos económicos, políticos y sociales.

Muy rápidamente se convirtió en la nación más rica y próspera del mundo. Durante 250 años ha sido ejemplo de una democracia liberal donde se respeta el estado de Derecho. El País ha absorbido e integrado varias olas de migrantes en una sociedad plural y diversa.

También es cierto el otro lado de la moneda, es decir, la discriminación, racismo, pobreza, desigualdad social, influyentismo, polarización, obsesión con las armas y violencia.

En fin, que, como toda nación, tiene sus vicios y virtudes. Solían ser más las segundas que las primeras, lo cual explica por qué se convirtió en una super potencia después de la Segunda Guerra Mundial, estatus que sigue manteniendo en este siglo donde compite con China por ver quién es el que prevalece en la histórica trampa de Tucídides.

Como a muchos, no me gustó nada la llegada de un personaje como Trump a la Presidencia en la elección de 2016. Sin embargo, cuatro años después, Estados Unidos corrigió el error eligiendo a Joe Biden como Presidente. Desafortunadamente, Biden y los demócratas se equivocaron y abonaron el camino para que increíblemente regresara Trump a la Casa Blanca. Un Trump más radical y empoderado.

Este año y pico de su segunda Presidencia hemos visto cosas delirantes. La polarización que promueve se ha incrementado y, con ella, la violencia política.

Durante la pasada campaña presidencial, Trump fue objeto de dos intentos de asesinato. Cuando en septiembre pasado mataron al exitoso activista conservador, Charlie Kirk, vimos cómo el Presidente y su Gobierno, en lugar de aprovechar el evento para conciliar y pacificar al país, culpó a la izquierda del homicidio de su correligionario.

Después del asesinato de Kirk, dije que los mexicanos deberíamos preocuparnos por la polarización cada vez más extrema en Estados Unidos que estaba siendo acompañada de violencia. Sin embargo, todavía tenía la esperanza que nuestro vecino eventualmente corregiría el rumbo.

Hasta que me tocó vivir en carne propia el tercer intento de asesinato del presidente Trump.

Ayer, en este espacio, narré mi experiencia en la cena de corresponsales de la Casa Blanca del sábado donde un ingeniero graduado de una de las mejores universidades del mundo (Caltech) trató de matar al Presidente y miembros de su gabinete. El incidente no pasó a mayores gracias a que el Servicio Secreto lo capturó después, por cierto, de implementar una seguridad laxa que permitió que este individuo llegara a unos cuantos metros de donde estaba Trump y su gabinete con la crema y nata del periodismo estadounidense.

Una experiencia así inevitablemente tiene consecuencias.

En mi caso, que tanto cariño le tengo a Estados Unidos, país en el que viví cinco años y donde reside mucha gente querida, me entristeció experimentar tan de cerca un acto de violencia política.

El mismo sábado, la primera intervención de Trump después del atentado fue conciliadora. Duró muy poco. Ya el domingo comenzó, de nuevo, a polarizar, agredir e insultar a sus adversarios políticos y la prensa.

Regreso, entonces, a la pregunta: ¿Ya se jod… Estados Unidos?

Mi experiencia inclinó mucho la balanza hacia el sí. Y no veo cómo se podría corregir la polarización y violencia política en el futuro cercano. Sigo teniendo, sin embargo, un poco de esperanza de que, al final, los estadounidenses harán lo correcto, tal y como reza la frase que se atribuye a Churchill.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann