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Tras los balazos, Trump se compara con Lincoln; Sheinbaum mantiene la cabeza fría

Rumbo a las elecciones de noviembre, este hecho les suministra oxígeno político a los republicanos, pero no un salvavidas.

Eduardo Ruiz-Healy

La del 25 de abril de 2026 será una noche que se recordará no solo por los balazos en el lobby del hotel Washington Hilton, sino también por la rapidez con la que dos presidentes, el estadounidense y la mexicana, procesaron el mismo suceso.

Donald Trump, que nunca estuvo en peligro, ya que el agresor fue detenido antes de que pudiera llegar al salón virtualmente blindado donde se celebraba la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, volvió a demostrar que es el gran maestro de la narrativa en situaciones de crisis.

Inmediatamente se comparó con Abraham Lincoln y sostuvo que los presidentes que hacen “grandes cosas” son agredidos. Convenientemente ignoró los casos de John Garfield y William McKinley, asesinados en 1881 y 1901, respectivamente, sin dejar un legado significativo. Pero decirlo es lo que le conviene políticamente porque, en política, la percepción suele vencer a la realidad, y hoy la percepción de su base es que el sistema lo persigue con todos los medios disponibles, hasta con armas.

Rumbo a las elecciones de noviembre, este hecho les suministra oxígeno político a los republicanos, pero no un salvavidas. Antes de la balacera en el Hilton, el desgaste por la inflación, la impopular guerra en Irán y las bajas calificaciones de Trump anticipaban una debacle republicana en la Cámara de Representantes y probablemente en el Senado. Lo ocurrido el sábado les da un impulso renovado, pero momentáneo. Por su parte, los demócratas tendrán que encontrar la manera de criticar a Trump sin que parezca que están validando la violencia contra él.

En México, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió con la “cabeza fría” que ha caracterizado su relación con el volátil y abusivo inquilino de la Casa Blanca. Su mensaje en X fue un ejercicio de realismo. Al festejar el bienestar de Trump y su esposa y rechazar la violencia, hizo lo que cualquier persona decente haría, más allá de la política y los agravios acumulados, consciente también de que un Trump herido y empoderado sería más peligroso que nunca, y sería un error histórico darle una nueva excusa para señalar a México como un vecino hostil .

Los datos de X demuestran que su mensaje fue respaldado mayoritariamente. Ayer, a casi 24 horas de su publicación, ya contaba con 662,901 visitas, 10,702 me gusta, 1,842 reenvíos y 2,036 respuestas. Fue aprobado por la mayoría y una minoría, más ruidosa que numerosa, replicó con acusaciones de hipocresía ante la violencia interna, criticó por anteponer a Trump a la crisis de los medicamentos o de la seguridad, y expresó teorías de que el atentado fue un “montaje” para pasar a un segundo plano el escándalo Epstein o la guerra de Irán.

La agresión fallida movió piezas en ambos lados de la frontera. Trump añadió una narrativa de persecución a una agenda ya cargada de múltiples frentes abiertos; a los demócratas se les complicó un poco su camino hacia la recuperación de la Cámara de Representantes y, tal vez del Senado, en noviembre. Con destreza, Claudia Sheinbaum logró sortear un incómodo momento: deseó bienestar a quien ha impuesto aranceles, ha amenazado con una intervención militar y ha tratado mal a México para ganar votos. Esa es la realidad que define la relación bilateral en 2026.

Eduardo Ruiz-Healy

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