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Teotihuacán a la luz del fenómeno global del extremismo híbrido

Sabemos que lo global impacta en lo local. Sin embargo, lo ocurrido en Teotihuacán hace unos días sorprende: se trata de un primer tiroteo en nuestro país con características muy específicas.

Mauricio Meschoulam

Colaboración especial

Sabemos que lo global impacta en lo local. Sin embargo, lo ocurrido en Teotihuacán hace unos días sorprende: se trata de un primer tiroteo en nuestro país con características muy específicas. Unas notas de contexto: 1. El terrorismo no es cualquier tipo de violencia que provoca terror. El terrorismo clásico es violencia pensada y premeditada PARA causar terror: busca inducir un estado de shock o conmoción psicológica en terceros (la audiencia objetivo), con el fin de utilizar ese terror como vehículo para canalizar demandas o reivindicaciones, generalmente políticas. Se trata de influir en actitudes, opiniones y conductas, y a través de ello, generar presiones o incidir en decisiones para avanzar las metas políticas de la organización o actor perpetrador.

2. En consecuencia, las motivaciones políticas, ideológicas o religiosas del actor suelen estar claramente definidas antes, durante y después del ataque.

3. Pero desde hace algunos años observamos un fenómeno que ha sido descrito como “extremismo híbrido”, “terror sin ideología” o “violencia nihilista” (ISD, 2025; Soufan Center, 2025). La característica principal que comparten atentados recientes —desde EU hasta Asia— es la presencia de una ideología híbrida o difusa, que combina elementos no siempre claros, alineados o incluso compatibles.

4. De pronto, observamos combinaciones que mezclan elementos del nazismo o de ideologías de extrema derecha con ISIS, o incluso con posturas anti-Israel o antisemitas, o bien, con elementos de incel (celibato involuntario), misoginia y, con frecuencia, teorías conspirativas como telón de fondo. En muchos casos la violencia parece convertirse en un fin en sí mismo. Se vuelve un medio de expresión emocional. Una suerte de culto a la violencia per se. Se sustituye la ideología por una “estética de la violencia” (ISD, 2025).

5. Este tipo de atacantes, frecuentemente radicalizados de manera muy veloz en línea, utilizan sus actos para obtener notoriedad y reconocimiento, a veces dentro de comunidades digitales con las que interactúan de forma constante.

6. En este ecosistema, la cultura de la imitación se vuelve un factor crucial. Es común que los atacantes veneren a perpetradores anteriores; se glorifican tiroteos o masacres que inspiran actos similares.

7. No hay, entonces, un enemigo político claro. Este tipo de atacantes no busca necesariamente transformar el mundo ni alcanzar metas ideológicas fácilmente identificables. Sus redes son difusas; el contagio de ideologías, traslapadas o superpuestas, también lo es. La auto radicalización ocurre de forma muy veloz.

8. Para poder determinar con mayor certeza si el ataque de Teotihuacán pertenece a esta manifestación global de violencia, será necesario revisar con más detalle lo que arrojen las investigaciones. Es probable que no todos los elementos arriba descritos aparezcan con claridad, pero, por lo que sabemos hasta ahora, algunos sí están presentes.

9. Por lo pronto, sabemos que se trata de un evento claramente performativo, que podría combinar elementos de búsqueda de visibilidad y estatus con rasgos híbridos de ideologías dispersas, así como con identidad y veneración de lo que el ISD denomina la “estética” o culto a la violencia como fin en sí mismo.

Por último, si bien nuestro país está mayormente afectado por otros tipos de violencia, la interconectividad y el papel que juegan internet y las redes sociales en el ecosistema actual impiden aislarnos de fenómenos globales como el que aquí describo.

Mauricio Meschoulam

Instagram: @mauriciomesch

X: @maurimm

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