No caigamos en dogmatismos
De dos ilustres abolengos provenimos: El español y el de nuestros antepasados aborígenes. La inmensa mayoría de los mexicanos somos mestizos; renegar de cualquiera de nuestras raíces nos lleva a negarnos a nosotros mismos.

De política y cosas peores
-“Me compré una cama king size”. Eso le comentó Pernelia a su amiga Aspidia. “Ya veo -acotó ella-. Estás ampliando el negocio”. La película “National Velvet”, en español “Fuego de juventud”, se estrenó el año de 1944. En ella aparece, casi niña, Elizabeth Taylor en un modesto tercer lugar en los créditos después de Mickey Rooney y el siempre útil actor de reparto Donald Crisp. Trata de un caballo que, entrenado por Rooney y montado por Elizabeth, gana una importante carrera. Tan satisfecho quedó el director con la actuación de la novel actriz que al terminar la filmación hizo que le regalaran el caballo. Recordé eso al evocar a un cierto marido a quien su esposa le sugirió que en vez de piyama se pusiera un atuendo de jockey de carreras, pues terminaba muy aprisa. La llamada ejaculatio prematura es un caso frecuente entre los varones sexualmente activos. Un cierto amigo mío solía recitar mentalmente la primera Catilinaria de Cicerón para retardar lo más posible la terminación del acto. Eso no favorecía ni al acto ni a la Catilinaria. Sólo el amor, la comprensión y la ternura de la mujer pueden ser paliativos para esa disfunción, lo mismo que para la eréctil. Pero advierto que estoy divagando sobre un asunto ajeno a mis conocimientos. La verdad es que todos los asuntos son ajenos a mis conocimientos. Traje a cuento lo anterior para recordar el cuento del joven que acudió a la consulta de un terapeuta sexual, pues padecía de eyaculación prematura, también conocida como eyaculación precoz. Le preguntó el facultativo: “¿En qué momento de la relación termina usted?”. Respondió el afligido joven: “Entre ‘Cómo te llamas’ y ‘¿De qué signo eres?’”. La leyenda negra de España fue urdida por ingleses para desacreditar a la que era, en tiempos de Felipe Segundo, la enemiga mayor de los británicos. Esa tal leyenda, burdo tejido de mentiras y exageraciones, fue luego adoptada por Estados Unidos para fortalecer el principio imperialista de “América para los americanos” (o sea para los norteamericanos). Sin darse cuenta los izquierdistas -o izquierdosos- mexicanos le hacen el juego al país del Norte y a su simiesco presidente Trump cuando resaltan los sucesos de la Conquista, que fueron culpa del tiempo, no de España, y dejan de reconocer sus grandes y valiosísimas aportaciones para bien de lo que ahora es México. En su reciente viaje a la que yo llamo y llamaré siempre Madre Patria, la presidenta Sheinbaum invocó los nombres de Coatlicue y Huitzilopochtli, deidades de sangre y muerte, y esgrimió un indigenismo anacrónico, chabacano y demagógico. No vacilo en decir que el hecho de que un mexicano niegue a España, o la deturpe, equivale a negar la propia madre y a injuriarla. De dos ilustres abolengos provenimos: El español y el de nuestros antepasados aborígenes. La inmensa mayoría de los mexicanos somos mestizos; renegar de cualquiera de nuestras raíces nos lleva a negarnos a nosotros mismos. Es hora de dejar atrás los dogmas que nos han sido impuestos por los historiadores oficialistas, que al agraviar a España favorecen el interés norteamericano. Hagamos que la Historia nos una en vez de separarnos, y no caigamos en dogmatismos. Así evitaremos caer en idiotismos. Solemne este día has estado, escribidor. Pareces olvidar que la solemnidad está siempre muy cerca de la pedantería, una de las más vanas formas de la vanidad. Ea, deja a un lado la palmeta del dómine y la severa toga del magister, y para terminar vuelve al ameno camino del humor. Don Frustracio les comentó a sus amigos: “Por fin anoche mi señora y yo logramos alcanzar la compatibilidad sexual. A los dos nos dolió la cabeza”. FIN.
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