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Que lo lleven al manicomio

Las encuestas más recientes muestran sin lugar a dudas que la popularidad de Trump está cayendo.

. Catón

De política y cosas peores

“Anoche soñé que te pedía que hiciéramos el amor”. Tal cosa le dijo Timoracio, varón pazguato sin ciencia de la vida, a la linda y pizpireta Susiflor. Replicó ella: “Eso demuestra que eres menos pend… dormido que despierto”. No tienen fin las desventuras conyugales de don Cucoldo. La otra noche el infeliz señor llegó a su casa antes de lo acostumbrado, pues su jefe no lo hizo trabajar horas extras, como hacía siempre. Al entrar en la alcoba conyugal vio a su esposa en trance de carnalidad y de fornicio con un sujeto de mal aspecto y moralidad peor. “¿Qué significa esto?” -le preguntó, furioso, el marido a su mujer. Ella, confusa, balbuceó: “Yo. Tú. Él. Nosotros”. “¡Basta! -la interrumpió don Cucoldo-. ¡Te pedí una explicación, no una conjugación!”. Las encuestas más recientes muestran sin lugar a dudas que la popularidad de Trump está cayendo. Su desastrada guerra contra Irán; su declaración en el sentido de que se propone tomar Cuba; la difusión que dio a la patética estampa que lo muestra como Jesucristo; su ridícula declaración, aunque haya sido dicha en broma, de que el Golfo de México debería llevar su nombre; todo eso ha hecho no sólo que el número de sus adictos haya descendido considerablemente, sino también es causa de que haya quienes consideran que la salud mental del mandatario yanqui está afectada. Algunos comentaristas aseguran que Trump es ya materia de siquiatra, y aun de manicomio. Un loquito de mi ciudad llamado Tilo -Domitilo- servía de diversión a los parroquianos de cantinas. Le daban a escoger entre una moneda de cobre de 20 centavos y otra de plata de un peso. Después de prolongada duda Tilo escogía siempre la moneda de 20 centavos. Eso hacía soltar el trapo de la risa a quienes lo sometían a la prueba. Alguien la preguntó una vez a Domitilo por qué hacía eso. Explicó él: “Si alguna vez escojo la moneda de un peso ya nunca me darán a escoger. Así, escogiendo siempre la de 20 centavos, saco cada día por lo menos 10 monedas”. Y añadió luego: “Soy loco, no pend…”. Pues bien: Trump es las dos cosas, dicho sea sin ofender a los privados de razón. Espero el día en que sus conciudadanos se percaten al fin del grave error que cometieron al llevar a ese energúmeno a la Casa Blanca, y reparen su equivocación enviándolo a su casa, si no es que a una de alienados. La señorita Himenia, célibe que varias veces ha cumplido 39 años de edad, tenía un perico en su casa, según costumbre de las solteronas en el tiempo en que aún había solteronas. Afortunadamente ya no se usa ese término peyorativo, “solterona”, y menos otros vocablos igualmente denostosos que lo acompañaba: “quedada”, “cotorrona”, etcétera. Decía un proverbio antiguo: “El hombre se casa cuando quiere; la mujer cuando puede”. Ahora la mujer decide si se casa o no, lo cual es muestra de que las sociedades van evolucionando para bien. Pero advierto que me he apartado del relato que apenas había comenzado. El perico de la señorita Himenia veía pasar desde su jaula en la ventana al alcalde del pueblo, y le gritaba con chirriante voz: “¡Ratero!”. Eso causaba tanto el regocijo como el asentimiento de quienes oían al cotorro proclamar dicha verdad. Habló el edil con la señorita Himenia, y le advirtió que si el maldito loro volvía a decirle aquello de: “¡Ratero!” el pajarraco le sería confiscado, y se le aplicaría la pena capital sin previo juicio. Himenia le hizo ver al cotorro la gravedad de su conducta y sus posibles funestas consecuencias. Por ningún motivo debería repetir aquello de: “¡Ratero!”. Al día siguiente pasó el alcalde, y el perico le dijo: “Ya sabes”. FIN.