¿Hasta cuándo vamos a aguantar a Pemex?
¿Hasta cuándo los mexicanos toleraremos el desastre del monopolio estatal petrolero que ya nos cuesta más de lo que nos beneficia?

Juegos de poder
Se supone que todos los mexicanos somos dueños de los hidrocarburos que se encuentran en el subsuelo. Los gobiernos han decidido que la mejor manera de gestionarlos es a través de una empresa monopólica del Estado: Pemex.
Es un modelo que ya no funciona.
Comparémoslo con otros dos países donde la población también es propietaria de sus recursos petroleros.
En Arabia Saudita, la explotación de hidrocarburos también está a cargo de una empresa, Aramco, mayoritariamente propiedad del Gobierno. La empresa, sin embargo, se maneja como un conglomerado global privado. Una parte minoritaria del capital cotiza en la bolsa donde cualquier inversionista puede comprar sus acciones.
El Consejo de Administración combina ejecutivos profesionales del sector petrolero con figuras del Gobierno. La dirección de la empresa es profesional, técnica y altamente especializada. Su objetivo es maximizar las utilidades con un enfoque de eficiencia evitando criterios políticos. Históricamente, los márgenes han sido enormes generando gigantescos flujos de efectivo que se entregan -vía dividendos, impuestos y regalías- al Estado.
Hoy es una de las empresas más rentables del mundo. Gracias a eso, la monarquía saudí ha podido subsidiar la energía y alimentos, pagar su burocracia, construir infraestructura y financiar programas sociales. Con la renta petrolera que genera Aramco, los saudíes prácticamente no pagan impuestos.
En Noruega, los hidrocarburos también son propiedad de la nación. Para capturar la mayor parte de la renta petrolera, hay un sistema de licencias competitivas que el Gobierno otorga a empresas privadas internacionales y la petrolera estatal Equinor.
Las licencias son competitivas con reglas claras y estables.
El Estado participa como regulador e inversionista, de tal suerte que comparte riesgos y ganancias. El Gobierno obtiene ingresos con altísimos impuestos a los privados y con los dividendos que le paga Equinor.
Estos recursos se depositan en un fondo soberano que actualmente es el más grande del mundo con un valor de 2.1 billones de dólares, casi cuatro veces el PIB de Noruega.
En México, en cambio, tenemos un monopolio petrolero que se maneja fundamentalmente con criterios políticos. Las administraciones cambian cada seis años y, con ellos, se definen nuevos objetivos. La meta nunca ha sido maximizar la renta petrolera sino financiar al Gobierno.
El resultado ha sido atroz: Deuda alta, producción a la baja y costos elevados.
Durante muchos sexenios, los gobiernos exprimieron a Pemex como vaquita lechera. Peña entendió que había que permitir la participación de los privados para maximizar una renta petrolera que iba a la baja. López Obrador, sin embargo, echó para atrás la reforma energética y volvió a apostarle al monopolio estatal de Pemex.
El resultado ha sido desastroso.
De acuerdo con datos de México Evalúa, para septiembre de 2025, Pemex había aportado 185 mil millones de pesos al erario, pero el Gobierno le había devuelto 381 mil millones en transferencias. Por tanto, el Estado tuvo pérdidas de 195 mil millones.
Hoy Pemex nos cuesta más a los mexicanos de lo que aporta.
A eso hemos llegado.
El último escándalo de Pemex revela el fracaso de un modelo agotado. En febrero, en el Golfo de México comenzaron a aparecer manchas de crudo. Diversas autoridades negaron la responsabilidad de Pemex.
“Fue un buque privado contratado en el sexenio de Peña”, dijo la Gobernadora de Veracruz. “El derrame no fue de Pemex”, afirmó la Presidenta. “Fue una descarga en una zona de fondeo”, explicó la secretaria del Medio Ambiente. “Fueron emanaciones naturales de dos chapopoteras”, aclaró el secretario de Marina, quien luego corrigió: “Un buque hizo el vertimiento; se investigan 13 buques en la zona para saber cuál fue”.
La realidad es que sí fue Pemex.
69 días después de que apareció la contaminación, el director de Pemex, Víctor Rodríguez, reveló algo inconcebible: Sus subordinados lo habían engañado. La fuga de petróleo venía de un oleoducto de la empresa en Cantarell.
Por tal motivo, se despidió a los titulares de dependencias de control y seguridad de derrames de Pemex. Y ahí quedó este escándalo.
Otro más en la larga zaga de desastres de Pemex.
¿Hasta cuándo los mexicanos toleraremos el desastre del monopolio estatal petrolero que ya nos cuesta más de lo que nos beneficia?
Este último incidente me recordó el accidente de la planta nuclear de Chernobil que evidenció cómo la mentira burocrática llegaba hasta a los más altos niveles de la jerarquía soviética.
Es lo que hemos desarrollado en México en materia de hidrocarburos: Un sistema tipo soviético que pierde dinero a raudales y sólo beneficia a pequeñas élites del Gobierno, de la petrolera y sus contratistas.
A la mayoría de los mexicanos, no.
¿Hasta cuándo aguantaremos?
Leo Zuckermann
X: @leozuckermann
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados