Si a lonas vamos
Instalar una lona por fuera de una gasolinera donde el gobierno nos diga que no carguemos ahí porque son muy careros, abre un mundo de oportunidades.

A alguien en el Gobierno federal le pareció buena idea utilizar la estructura del estado para exhibir a quienes a su juicio están abusando de los ciudadanos.
Y es así como desde el sexenio pasado la Federación decide exhibir a los expendedores de gasolina que -otra vez a su juicioestán abusando de los consumidores.
La medida es bien recibida por simpatizantes del régimen que la aceptan, la aplauden y la fomentan.
Al final muchas de esas personas no estarían obligadas a saber o a ver las cosas como se supone deben verse y procesarse desde las instancias gubernamentales.
Un ciudadano común no tendría en principio porqué tener una visión de estado, de gobierno y por lo tanto compra la narrativa simplista que se les vende.
Y fíjese que eso es triste, porque al final es una forma de varias que existen de mantener dividida a una sociedad, de distraer a una masa que ocupada en poner comida sobre la mesa, no ve la película completa.
Porque mire, si a mantas y lonas vamos, las cosas se van a ir poniendo más intensas.
Instalar una lona por fuera de una gasolinera donde el gobierno nos diga que no carguemos ahí porque son muy careros, abre un mundo de oportunidades.
No deja de ser el gobierno utilizando su fuerza para exhibir a una empresa y poner a otros en contra del dueño.
Es una relación desigual y abusiva, aún que fuera cierto que el precio esté desproporcionado.
Porque entonces empezaremos a ver cómo grupos de la sociedad civil, adversarios políticos o simplemente ciudadanos inconformes, tendrían también el derecho a instalar una lona por fuera de las oficinas gubernamentales.
Imagínense ustedes a las madres buscadoras poniendo lonas por fuera de la Fiscalía General de la República reclamando falta de apoyo e impunidad para los grupos criminales.
Imagine usted una gigantesca lona en las paredes de la Secretaría del Medio Ambiente con la queja de las miles de personas que resultaron afectadas por el derrame de hidrocarburos sobre el Golfo de México, que el gobierno primero negó y luego con la cola entre las patas tuvo que aceptar.
Imagine usted a los dueños de las gasolineras regresando el cariño y poniendo su lona por fuera del SAT quejándose de la persecución o de terrorismo fiscal.
Y luego la moda llegará a los palacios de los gobiernos estatales y municipales reclamando la incompetencia de los gobiernos locales para brindar servicios públicos de calidad.
Y ahí nos vamos a ir, sin darnos cuenta de que quizá los únicos que ganarían algo con esto son los que imprimen las lonas.
Caray, que lamentable situación.
SÍ FUE PEMEX
Despedir a tres altos funcionarios de Petróleos Mexicanos relacionados con el derrame de hidrocarburos sobre el Golfo de México es quizá una medida necesaria para los efectos de esclarecer el origen del problema.
Pero no para remediarlo.
Se mintió deliberadamente, le echaron el caballo encima, entiéndase los generadores de contenido afines al régimen que descalificaron a comerciantes, pescadores y colectivos ambientalistas que alertaron desde el principio sobre la magnitud del problema.
Todos fueron de inmediato descalificados y acusados de tener intereses políticos.
La gobernadora de Veracruz, la señora Nahle, diciendo que el director de la petrolera le había informado que habían sido unas gotitas y que además habían salido de un barco privado que estaba contratado desde el sexenio de Enrique Peña Nieto.
La Presidenta sosteniendo en la mañanera esa versión y anunciando la apertura de carpetas de investigación ante la FGR contra los particulares responsables del derrame.
Para que al final todo fuera mentira.
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