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El Papa y el Donald

No le gustó que el primer Papa norteamericano criticara, en nombre de la paz, sus ataques contra Irán y Venezuela.

Ernesto  Camou

En el último cónclave, en mayo del 2025, los cardenales seleccionaron a un religioso agustino nativo de Chicago que además tiene la ciudadanía del Perú, país donde ejerció gran parte de su labor pastoral y llegó a ser obispo de la Diócesis de Chiclayo, desde 2015 hasta 2023; antes había sido misionero en varias regiones del Perú, desde 1985 hasta 1998. Luego fue elegido Prior General de la Orden de los Agustinos, cargo que desempeñó desde 2001 al 2013, en Roma. Se trata de Robert Francis Prevost Martínez OSA.

Cuando fue elegido Papa, en su presentación ante el pueblo y la iglesia romana, habló primero en italiano, idioma oficial de la Santa Sede, y luego en español. Es un personaje con gran experiencia pastoral con comunidades pobres latinoamericanas. Ha desempeñado cargos de dirección y administración como obispo y como superior general de su orden religiosa; habla con fluidez seis idiomas: Inglés, español, italiano, francés, portugués y quechua; y lee el alemán y latín.

Por su formación y experiencia se trata de alguien capaz de situarse en la realidad desde un horizonte muy amplio, entender sucesos, eventos y dinámicas humanas como interrelacionadas entre sí y, por su formación teológica, acercarse a la realidad y entenderla como una expresión de lo que Dios anima.

León XIV no se afanó por ser Papa. Era uno de los miembros más recientes del Colegio Cardenalicio, y se plegó a lo que él llamó “la voluntad del Espíritu Santo”. Por otra parte, un analista del cónclave lo llamó “el menos estadounidense de los cardenales estadounidenses.”

Cuatro meses antes de la elección papal, en enero del 2025, Trump inició su segundo periodo como presidente de los Estados Unidos. De inmediato se dedicó a gobernar firmando órdenes ejecutivas, muchas de ellas ilegales y contra la Constitución; y se dispuso a ejercer su cargo mediante la presión y la intimidación, diferenciando entre leales y rivales, incluso exigiendo que el Departamento de Justicia investigara y hostigara a los que consideraba enemigos suyos.

Muy pronto inició una ofensiva de corte fascista en contra de los inmigrantes, sobre todo morenos, que viven y trabajan en su país, sin importar si son ciudadanos o tienen residencia: El criterio es racista, basta con que asemejen ser latinos. Los mandó arrestar sin orden judicial alguna: Los someten a la fuerza, los encierran en recintos improvisados, sin condiciones sanitarias y los deportan sin juicio ni contemplaciones.

Tanta agresividad es una estrategia, dicen los entendidos, para distraer a sus conciudadanos de su participación en la red de delitos sexuales contra menores de edad, en la que fue cómplice del pederasta Je¨rey Epstein, pues podrían acusarlo por violación, pedofilia y, se rumora, hasta crímenes y desapariciones.

Resulta difícil respetar a quien no se respeta a sí mismo: Es una persona que sólo piensa en lo suyo y sus beneficios, miente constantemente, como si sus embustes se tornaran en verdad por sólo decirlo. Insulta constantemente a sus rivales y a sus colaboradores que no cumplen sus caprichos. No entiende el concepto de diálogo, y menos el de compromiso: Exige sumisión. Es un ser tóxico que se alimenta de su propia ponzoña. Llamarle patán no es más que situarlo donde él mismo se ha colocado frente a la historia y a su país.

No le gustó que el primer Papa norteamericano criticara, en nombre de la paz, sus ataques contra Irán y Venezuela. Lo llamó “débil” y “pésimo gobernante”, incluso afirmó que lo habían nombrado Pontífice para que se entendiera con él como presidente; aborrece la libertad de León XIV, su compromiso con la paz y su condena de la guerra.

Y ahora nos dio una prueba de su megalomanía desbordada y peligrosa: Publicó una ilustración de sí mismo ataviado como si fuera Jesucristo, curando un enfermo mientras flota entre nubes, y con poderes luminosos que emanan de sus manos.

Se están demorando en llamar al manicomio...