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¿Por qué nos odian tanto?

Sospecho que una encuesta informal en los Campos Elíseos concluiría que Trump es, quizás, el ser humano más impopular del mundo. Y eso embarra a todo Estados Unidos.

Jorge  Ramos

PARÍS.- “¿Por qué nos odian tanto?”, le escuché decir a una adolescente estadounidense, de unos 15 años, al llegar a la capital francesa. Estaba ilusionada con sumergirse en la belleza de la ciudad, cumplir con las visitas típicas -la Torre Ei el, el Louvre, Montmartre- y comer los mejores croissants, baguettes y chocolates del mundo. Pero le atemorizaba la reacción de los franceses cuando se enteraran de que venía de Estados Unidos.

Su pregunta -¿por qué nos odian tanto? - tiene una respuesta. Por Donald Trump.

Desde que regresó a la Casa Blanca por segunda ocasión, el presidente Trump le ha dado patadas al planeta. Es el estereotipo del toro en la vidriera y, como bien lo describiera el presidente francés Emmanuel Macron, es el peor ejemplo de lo que ocurre cuando se sigue “la ley del más fuerte”.

Cuando actúas como un “bully”, egocéntrico y presumido, te quedas sin amigos. Y cuando los necesitas, nadie sale a ayudarte. Cuando hace unos días, Estados Unidos requería la cooperación de sus aliados europeos para reabrir el tráfico del Estrecho de Ormuz, nadie se ofreció. ¿Por qué habrían de hacerlo si no fueron consultados antes de iniciar una innecesaria e injustificada guerra contra Irán?

La actitud de los países europeos ha sido muy clara: Tú te metiste solito en este lío, tú solito te sales. España es el mejor ejemplo. El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha dicho un rotundo “no a la guerra” y no permitió que Estados Unidos utilizara sus bases militares para lanzar ataques contra Irán. Sánchez está midiendo bien a su gente. Una encuesta del diario El País concluyó que el 68% de los españoles rechaza “la guerra de Trump y Netanyahu”.

La reacción de Trump ante el rechazo de los países europeos fue típica. Con su habitual pataleo, Trump amenazó con salirse de la OTAN -esa alianza militar que nos ha dado estabilidad desde la Segunda Guerra Mundial- y con aumentar, aún más, los aranceles a las naciones que se rehusaron a hacer su voluntad.

Sospecho que una encuesta informal en los Campos Elíseos concluiría que Trump es, quizás, el ser humano más impopular del mundo. Y eso embarra a todo Estados Unidos. Solo el 16% de los europeos considera a Estados Unidos como un aliado, según una reciente encuesta del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Y, peor aún, el 20% ve a Estados Unidos como un rival o un enemigo.

Pero, ¿qué culpa tienen los estadounidenses de lo que haga Trump? Bueno, más de 77 millones votaron por él en 2024 y lo pusieron, de nuevo, en la Casa Blanca. Votar -y, sobre todo, no hacerlo- tiene sus consecuencias.

Dicho sea esto, aunque les hablara en inglés (ya que mi francés de secundaria no sirvió de mucho), los parisinos me trataron maravillosamente bien. Con la excepción de un taxista que me cobró de más -y que eso ocurre en todos lados- siempre fui atendido con respeto y atención. Pero, eso sí, no vi que ningún estadounidense se atreviera a usar su cachucha roja de MAGA por las majestuosas calles de la ciudad.

Es una pena lo que Trump ha hecho con la reputación de los estadounidenses en el exterior. Antes del segundo y atrabancado regreso de Trump al poder, había un sentimiento distinto. Esto es solo algo anecdótico, pero el éxito de la divertida y estupendamente bien realizada serie “Emily In Paris”, en sus cinco temporadas, reflejaba un genuino acercamiento entre ambas culturas. Trump rompió la magia.

Lo mismo hizo con los iraníes -que esperaban ataques al régimen dictatorial y al ejército, pero no a los civiles- cuando amenazó con destruir a todo el país y atacar puentes y plantas eléctricas. “Toda una civilización va a morir esta noche, para no volver más”, escribió Trump en redes sociales antes de que se llegara a un frágil cese al fuego de dos semanas. Esto, sumado a otros mensajes en que llamó “locos bastardos” a los líderes iraníes y utilizó una grosería para exigir la apertura del Estrecho de Ormuz, habla de un líder frustrado y rebasado.

Una de las grandes lecciones de esta guerra es que los Estados Unidos de Trump no son tan poderosos como muchos creían. Hay una cansada sensación de decadencia y de impotencia. Además, Estados Unidos ha dejado de ser un aliado confiable y dispuesto a ayudar. Trump ha aislado a su país del resto del mundo.

Entiendo perfectamente que no podemos pretender que Trump no existe, ya que está utilizando todos sus juguetes de guerra y, lejos o cerca, nos afecta. Serán casi tres años más de lo mismo. Pero al menos esa adolescente de 15 años ya tiene una respuesta a por qué percibe que muchos europeos detestan a los estadounidenses.

No es ella. Es él.

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