Gobierno desalineado en el manejo de la economía
Si la economía mexicana ya apuntaba a crecer poco en 2026 (1.5% del PIB), la guerra en el Medio Oriente la frenará aún más.

JUEGOS DE PODER
Si de por sí la economía mexicana no iba a crecer mucho en 2026 (los expertos pronostican un incremento de 1.5% del Producto Interno Bruto), la guerra en el Medio Oriente generará un menor crecimiento.
El Fondo Monetario Internacional ya recortó su previsión del incremento del PIB mundial por este conflicto bélico. En su escenario más optimista de una guerra breve, el FMI proyecta una reducción de 0.2 puntos porcentuales respecto a su pronóstico de enero.
Vaya uno a saber cuál será el desenlace en Medio Oriente, región que nos tiene acostumbrados a múltiples sorpresas. Sin embargo, una cosa es cierta: Hasta aquí, en México, se sentirán los efectos negativos del conflicto bélico.
Ya los estamos viviendo en el tema de los precios de los combustibles y del endeble equilibrio de las finanzas públicas.
Ante el incremento de los precios internacionales de la gasolina y el diésel, el gobierno ha tenido que reducir el impuesto que cobra a estos productos (IEPS). Según datos revelados por la Presidenta, el litro de Magna rebasaría los 30 pesos y el del diésel andaría en 33 pesos si el gobierno no estuviera interviniendo.
El subsidio a estos productos le está costando “cerca de cinco mil millones de pesos a la semana” que se compensan con el incremento del impuesto que paga Pemex por la exportación de petróleo cuyo precio también ha subido.
“Si uno compensa todo son alrededor de dos mil 500 millones de pesos semanales”, afirmó la mandataria.
No es poca cosa para unas finanzas públicas pendidas de alfileres.
Sheinbaum, por tanto, anunció un nuevo paquete de recortes “franciscanos” en la administración pública: “Más austeridad, porque tenemos que garantizar los programas de bienestar, el apoyo a educación, a salud, a vivienda y a la inversión”.
No sé de dónde van a sacar esos dos mil 500 millones de pesos semanales.
Lo que sí sé es que, al recortar el gasto público, el gobierno podría acabar frenando aún más el poco crecimiento económico que hay.
Y es que el gasto público (G) es uno de los componentes del PIB. Si baja G, baja el PIB.
Ahora bien, en este caso se recortará G para darle ese dinero a la gente que consume gasolina y diésel. El consumo (C) es otro de los componentes del PIB, así que podría ser que lo que se pierde en G se gana en C. El efecto podría ser neutro sobre el PIB.
Sin embargo, hay que tomar en cuenta que existe un efecto multiplicador de G. Si el gobierno gasta un peso, el PIB puede aumentar más de un peso porque alguien recibe ese ingreso, lo vuelve a gastar, ese gasto genera más ingreso y así sucesivamente.
La buena noticia para este recorte (que en realidad es mala en términos estructurales) es que dicho multiplicador es relativamente bajo en México. Diversos estudios (Banxico, SHCP, FMI) coinciden en un rango aproximado de entre 0.6 y 0.9 en el corto plazo, es decir, por cada peso que gasta el gobierno, el PIB aumenta entre 0.6 y 0.9 pesos.
Independientemente del multiplicador, lo importante es el mensaje que está enviando el gobierno. Con el fin de mantener los precios de los combustibles y evitar que se incremente la inflación, recortarán G. Los agentes económicos interpretarán esto como una medida restrictiva o procíclica de un ciclo de bajo crecimiento.
En otras palabras, otro freno para una economía con poca aceleración.
A un año de las elecciones intermedias, la Presidenta está preocupada por la inflación que podría producir la guerra en Medio Oriente. Ya le sugirió al secretario de Hacienda que visite los mercados para constatar el alza de los precios de algunos alimentos. “En algunos lugares está muy alto el precio del jitomate, la carne, y la calabacita”, reconoció.
Y anunció que se reunirá con comercializadores para que “no suban sólo los productos de la canasta básica, tampoco otros, sobre todo los precios de fruta, verdura y legumbres, que en algunos lugares están muy caros y que no debe ser así, no hay razón para ello”.
Le deseo suerte a la Presidenta en su intento de controlar los precios.
También le recuerdo que no es papel del gobierno combatir la inflación sino del banco central.
Ahí, por desgracia, no han entendido eso o por lo menos la magnitud de lo que está ocurriendo en el mundo. En su última decisión de política monetaria, la Junta de Gobierno del Banco de México absurdamente decidió bajar las tasas de interés.
Así tenemos desalineados los dos elementos de la política económica: Una política monetaria expansiva y una política fiscal restrictiva.
El mundo al revés: Banxico preocupado por el bajo crecimiento económico, no por la inflación, mientras que el gobierno está intranquilo por la inflación y frena el poco crecimiento del PIB.
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados