La peligrosa victoria cultural de la 4T
No sólo se trata de un problema económico, sino moral y social porque reduce el esfuerzo, debilita la disciplina y genera inestabilidad a largo plazo.

El presidente chino, Xi Jinping, abiertamente rechaza el asistencialismo del Estado. Critica la mentalidad de esperar ayuda de éste. Por el contrario, promueve la autosuficiencia y autosuperación. En su visión, el Estado ayuda, pero no sustituye el esfuerzo individual.
Xi ha entendido, y así lo ha dicho, que, si el Estado da demasiado sin exigir nada, puede crear una sociedad pasiva.
No sólo se trata de un problema económico, sino moral y social porque reduce el esfuerzo, debilita la disciplina y genera inestabilidad a largo plazo.
Los apoyos en China existen, pero con el objetivo de incentivar la generación de ingresos. Hay programas de empleo vinculados a subsidios, capacitación obligatoria en zonas pobres y reubicación de comunidades a zonas productivas. La lógica es que el Estado ayuda, pero empuja a que la gente se vuelva autosuficiente. Allá se promueve una cultura del esfuerzo y mérito con autosuficiencia nacional e individual.
Muy diferente en el México asistencialista de hoy donde existe un gran consenso de que el Gobierno debe otorgar apoyos directos a la población, particularmente dinero en efectivo, a cambio de nada.
Al Estado se le concibe como un cajero automático al que hay que sacarle todos los billetes posibles.
Es un asistencialismo que va de la mano del clientelismo electoral. Nadie regala dinero gratis, ni siquiera el Estado. Aunque la llamada “Cuarta Transformación” tenga una retórica de ayudar a los más pobres, los apoyos en efectivo los reparte con el fin de mantenerse y acrecentar su poder.
Morena ha refinado el modelo con un ejército de “Servidores de la Nación” encargados de operar los programas sociales como las pensiones para adultos mayores, becas educativas, subsidios a personas con discapacidad y apoyos a las comunidades rurales. A la vez que llevan los padrones, los servidores influyen en los beneficiarios para movilizarse y votar a favor del partido gobernante.
Ha sido tal el éxito del asistencialismo/clientelismo de la 4T, que son pocos los que advierten que estos programas no resuelven el problema de fondo de la pobreza y desigualdad y sí genera una crisis fiscal.
Cuando el Estado comienza a repartir dinero en efectivo, la gente cada vez quiere más. Los que no recibían se quejan y presionan para también obtener beneficios. Lo que sí lo hacían demandan incrementos. Nadie se siente satisfecho. La clientela gradualmente se torna más exigente. Las demandas por aumentar los apoyos crecen como bola de nieve. Y los gobernantes, como no usan su dinero sino el del erario, suelen aceptar los incrementos al punto de que llegan a quebrar las finanzas públicas.
Cuando se está en la fiesta, nadie quiere hablar de la cruda del día siguiente.
Ni siquiera la oposición.
En México, incluso es al revés. La oposición promete ampliar la fiesta. Viendo lo popular que son los programas asistenciales/clientelares, anuncian su intención de incluso aumentarlos.
Durante su campaña presidencial pasada, Xóchitl Gálvez propuso, por ejemplo, bajar la edad para recibir la pensión de los adultos mayores de 65 a 60 años.
Ahora que están incrementándose los precios internacionales de los combustibles por la guerra en Medio Oriente, los panistas exigen que el Gobierno otorgue más dinero en subsidios a los productores agrícolas para compensar el aumento de los fertilizantes. También quieren que el Gobierno incremente el subsidio al diesel que ha generado inconformidades en los transportistas.
Ahí está la peligrosa victoria cultural de la 4T.
El PAN, al igual que el PRI y MC, no ofrecen ninguna alternativa al modelo asistencialista/clientelar. Similar a Morena-PT-Verde, lo que les importa es ganar popularidad y votos aliviando con dinero en efectivo los problemas de hoy de diversos grupos sociales. Soslayan, sin embargo, los problemas de fondo que se resuelven con políticas de desarrollo de mediano plazo invirtiendo, por ejemplo, en infraestructura, educación y salud.
China ha sacado a unos 800 millones de la pobreza equivalentes al 57% de la población; hoy prácticamente ya no existe la pobreza extrema. Acá, en cambio, durante el sexenio de AMLO salieron 13.4 millones de la pobreza equivalentes al 10% de toda la población y sigue habiendo siete millones en pobreza extrema.
Siendo China una dictadura, el partido gobernante no tiene que preocuparse por conseguir votos repartiendo dinero. Aquí, en México, Morena cada día tiene que gastar más dinero para procurarlos.
Más temprano que tarde, esto acabará por quebrar las finanzas públicas del País.
X: @leozuckermann
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