Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas / Columna

Elegir lo seguro también puede arruinarte la vida y casi nadie lo ve venir

No es lo mismo equivocarse en algo que uno eligió que en algo que eligió para no equivocarse.

Juan Tonelli

Historias demasiado humanas

No es lo mismo equivocarse en algo que uno eligió que en algo que eligió para no equivocarse.

Jim Carrey lo aprendió de su padre: Percy Carrey pudo haber sido un gran comediante, pero eligió ser contador porque parecía más seguro. Aun así, lo echaron cuando Jim tenía 12 años. Y en ese momento, todo lo que parecía seguro dejó de serlo de golpe.

Y entonces la familia tuvo que hacer “lo que fuera” para sobrevivir. La lección, dice Carrey, fue brutal y simple: También puedes fallar en lo que no quieres. Entonces, ¿por qué no intentar lo que sí?

Con este ejemplo, el actor pone en jaque una de las fantasías más persistentes de la vida adulta: La ilusión de seguridad. Ese acuerdo tácito que hacemos con el mundo -y con nosotros mismos- donde creemos que, si elegimos “bien”, si somos razonables, si no nos desviamos demasiado del camino esperado, entonces algo nos va a proteger. Como si la vida premiara la prudencia con estabilidad. Como si el miedo, bien administrado, pudiera garantizarnos un final sin sobresaltos.

Pero no. La seguridad, muchas veces, no es más que una narrativa tranquilizadora. Un relato que ordena el caos, que baja la ansiedad, que nos deja dormir.

No es que no exista -claro que hay trabajos más estables que otros, decisiones más predecibles-, pero lo que se pone en juego es otra cosa: La creencia de que podemos evitar el riesgo existencial si jugamos a lo seguro.

Y ahí es donde la frase de Carrey se vuelve incómoda: Porque muestra que el riesgo no desaparece, sólo cambia de forma.

Elegir “lo seguro” no elimina la posibilidad de pérdida. Sólo, a veces, le suma otra: La de haberse alejado de lo que tenía sentido. Y esa pérdida, muchas veces, no se nota enseguida.

Y acá aparece el segundo gran organizador de nuestras vidas: El miedo. No como emoción pasajera, sino como estructura. Como brújula invertida.

El miedo decide por nosotros mucho más de lo que nos gusta admitir. A mí también.

Nos dice qué caminos evitar, qué versiones de nosotros mismos no explorar, qué deseos es mejor archivar en nombre de la sensatez.

El problema es que el miedo es un gran estratega… pero un pésimo autor de vidas. Sabe evitar golpes, pero no sabe para qué vale la pena recibirlos. Ni cuánto cuesta evitarlos todos.

Porque una vida diseñada en función de evitar el dolor puede volverse, lentamente, una vida sin intensidad. Sin implicación. Sin esa vibración rara que aparece cuando uno está, de algún modo, en sintonía con lo que hace.

No se trata de romantizar el salto al vacío ni de idealizar el éxito -eso sería otra trampa-, sino de preguntarse algo más básico: ¿Desde dónde estoy eligiendo?

Hay una diferencia sutil, pero decisiva, entre una elección que nace del miedo y una que nace del deseo. El miedo busca cerrar, controlar, anticipar. El deseo, en cambio, abre. No garantiza nada, pero orienta. No evita el fracaso, pero le da otro estatuto. Es como si el dolor, inevitable, cambiara de textura.

Jim Carrey aprendió que resignar el deseo no inmuniza contra el sufrimiento. A veces, lo vuelve más opaco, más silencioso, más difícil de nombrar. Y también más difícil de reconocer como una pérdida.

Todos heredamos algo de ese pacto con el miedo. Y por eso tenemos también la posibilidad de revisarlo. Aunque no siempre sepamos cómo. Yo tampoco estoy seguro.

No lo digo como consigna vacía de autoayuda: “Dejar todo y seguir los sueños”, sino como algo más cotidiano y más difícil: Escuchar qué de todo lo que hacemos está sostenido por el miedo a perder, y qué parte responde a un deseo que, aunque incierto, se siente propio.

Porque si de algo estamos seguros es que el golpe puede venir igual. En el camino correcto, en el equivocado, en el prudente o en el audaz. A veces incluso viene antes.

Entonces la pregunta no es si vamos a fracasar, sino dónde ponemos la vida mientras tanto.

Y en eso, quizá, no haya nada más riesgoso que vivir demasiado a salvo.

Juan Tonelli

Escritor del libro “Un elefante en la habitación”, y conferencista.

www.youtube.com/juantonelli

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí

Temas relacionados