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Bienvenido el fracking, ¿permitirán participación de los privados?

Además de quitarse las telarañas ideológicas que existían en contra del fracking, ¿este Gobierno estará dispuesto a remover las otras que limitan la intervención de empresas privadas en la extracción de hidrocarburos?

Leo Zuckermann

Juegos de poder

México tiene un problema: De los nueve mil millones de pies cúbicos de gas natural que consume diariamente, seis mil 800 millones los importa desde Estados Unidos, particularmente de Texas.

Esto equivalentes al 75%.

Además, debido a la falta de infraestructura de almacenamiento, se estima que sólo tenemos entre dos y tres días de reservas estratégicas de esta materia prima. Si mañana se levanta de mal humor el señor de la Casa Blanca y decide cerrarnos la llave del gas natural, México se quedaría sin un insumo esencial para la generación de electricidad y la producción industrial.

México tiene una solución a este problema: La Cuenca de Burgos, ubicada en el Noreste (Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila), que tiene un enorme potencial para la explotación de gas de lutitas. Lo sabemos porque es la misma formación geológica que hay del otro lado de la frontera, en Texas, conocida como “Eagle Ford Shale”, uno de los campos más productivos del mundo.

Aquí en México la Cuenca de Burgos ha sido poco explotada por dos razones.

Primero, el Estado, a través de Pemex, tiene el monopolio de la extracción de este tipo de gas. La petrolera mexicana, sin embargo, no cuenta ni con la tecnología ni con los recursos para invertir los miles de millones de dólares que se requieren en exploración y producción.

Segundo, el líder fundador de Morena, Andrés Manuel López Obrador, le tenía aversión a la técnica con la que se extrae el gas de lutitas conocida como fracking, fractura hidráulica en español.

Al asumir la Presidencia en 2018 prometió no permitir su uso por la afectación ambiental, en particular la cantidad de agua que se requería en la inyección de los pozos. Además, lo veía como un modelo extractivo que venía del odiado periodo “neoliberal”.

En 2024 incluso quiso prohibir el fracking en la Constitución, lo cual afortunadamente no prosperó.

La realidad es que se trataba de un rechazo ideológico porque la fractura hidráulica ha evolucionado mucho desde su invención.

El fracking está diseñado para capturar el gas atrapado en las rocas. Se perfora un pozo vertical y luego horizontal, se colocan tubos de acero y cemento para aislar el pozo y se inyecta agua a alta presión mezclada con arena y químicos. La presión rompe la roca y el gas fluye hacia la superficie.

Efectivamente, la técnica original era muy dañina para el medio ambiente y utilizaba mucha agua que terminaba contaminada. Si bien el fracking no ha dejado de contaminar, sí lo hace mucho menos que antes gracias a mejoras tecnológicas, regulación y prácticas operativas.

Hoy se sellan mejor los pozos y, por tanto, hay menos fugas, las capas de acero y cemento son más sólidas, por lo que hay un menor riesgo de contaminación de los acuíferos, existen menos emisiones de metano y la captura del gas resulta más eficaz en la superficie gracias a sensores, drones y cámaras infrarrojas.

Pero, sobre todo, hay un manejo más eficiente del agua que se recicla en sistemas cerrados de almacenamiento.

La operación es, entonces, más precisa, limpia y eficaz.

Celebro que el Gobierno actual de Claudia Sheinbaum se haya quitado las telarañas ideológicas de la cabeza y esté dispuesto a explotar esta importante fuente de hidrocarburos que tenemos a nuestra disposición en el territorio nacional.

Por lo pronto, ayer anunciaron que integrarán un comité de científicos y especialistas para emitir una serie de opiniones y recomendaciones sobre la explotación de gas natural extraído con fracking.

En un par de meses se tendrán los resultados. Sospecho que serán favorables para comenzar a explotar en serio a Burgos.

Si es así, la siguiente pregunta es cómo será el esquema para que Pemex pueda asociarse con empresas privadas que son las que tienen la tecnología del fracking, fundamentalmente las estadounidenses que han sido tan exitosas.

Como diría Cantinflas, “ahí está el detalle”.

Además de quitarse las telarañas ideológicas que existían en contra del fracking, ¿este Gobierno estará dispuesto a remover las otras que limitan la intervención de empresas privadas en la extracción de hidrocarburos?

Más les vale porque, de lo contrario, no podrán desarrollar el gas de Burgos por una razón elemental: Pemex no tiene ni la tecnología ni el dinero para hacerlo.

Por lo pronto, bienvenido este primer atisbo de un posible cambio que, ese sí, fortalecería la soberanía nacional y crearía riqueza económica.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann