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Hoy, día de espera y de esperanza

El total histórico, que data de 1952 a la fecha, revela que en México se han registrado 394 mil casos de desaparecidos de los cuales 262 mil (66%) han sido localizados

Jesús Canale

Hoy, Sábado Santo, es mencionado en algunos sitios como “sábado de espera” porque en realidad contiene un sentido de esperanza toda vez que el que había muerto resucitó y estuvo de nuevo con los suyos. A este propósito, muchas personas en nuestro País han abrazado la esperanza como un eficaz recurso para hacer de sus días, meses y años un tiempo de espera con aroma optimista para volver a ver a sus hijos o hijas, esposas o esposos, madres o padres desaparecidos, y si no verlos y abrazarlos al menos recuperar sus cuerpos u osamentas y darles digna sepultura y con ello cerrar la más persistente, profunda y dolorosa herida que la incertidumbre les prolongó y magnificó.

La actualización de los datos en este tema -“tema” es poco decir- es no solo el reflejo de una falla, un enorme fracaso sino además algo en extremo aterrador, espeluznante, más que terrible terrorífico. Los datos a mostrar provienen de diversas fuentes del Gobierno de México, del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, del Comité de la ONU contra las Desapariciones Forzadas y también de búsquedas auxiliadas por servicios de inteligencia artificial.

El total histórico, que data de 1952 a la fecha, revela que en México se han registrado 394 mil casos de desaparecidos de los cuales 262 mil (66%) han sido localizados -por cierto la mayoría con vida-, pero en realidad las cifras ahora más exhibidas, que van de 2006 a marzo de 2026, suman ya 132 mil desaparecidos no localizados, y casi la mitad de casos se ubican en cinco estados: Jalisco, Estado de México, Tamaulipas, Veracruz y Nuevo León. La cuarta parte del total son mujeres pero si se consideran solo los menores de 20 años las mujeres representan las dos terceras partes de las desapariciones.

El Gobierno federal hizo recientemente una reclasificación y reportó 46 mil expedientes con datos insuficientes lo cual, de ser así, implica una complejidad mayor para su búsqueda. Apenas antier el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU decidió llevar la situación de México ante la Asamblea General de esa organización, lo cual se reserva para casos de extrema gravedad, y reveló que México es el País del mundo con más acciones urgentes por desaparición forzada.

El Gobierno de México rechazó el informe y la medida de ese Comité de la ONU calificándolos de “tendenciosos”; y argumentó que no reflejan la realidad institucional actual del País; por lo visto no ha quedado claro para todos a qué se refiere lo de “tendenciosos”, quizá pueda suponerse que fue así porque el documento de la ONU indica la probabilidad de crímenes de lesa -agraviada- humanidad, esto es, atrocidades cometidas en un entorno de ataque sistemático contra miembros de la población civil y para estos casos el mencionado Comité recurre al Artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de las Personas contra las Desapariciones Forzadas y el dicho artículo funciona como un mecanismo extremo o “botón rojo” que permite elevar la toma de acciones de la ONU a partir de un pronunciamiento directo de su Asamblea General.

Varias entrevistas de televisión mostraron antier a familiares y defensores de la causa de los desaparecidos apoyando el gesto de la ONU como una posibilidad de dar más oxígeno y mayor esperanza para mejores resultados de las búsquedas comenzando porque habría más apoyo financiero y mecanismos de vigilancia internacional sobre este triste panorama.

Por otra parte, y con el objeto de hacer más visible este grave conflicto, una lista con los nombres de 52 personas desaparecidas en México va en la misión Artemis II que la NASA lanzó a orbitar la Luna apenas hace tres días. Todo esto abona para que, los familiares y los desaparecidos que estén aún sobreviviendo en cautiverio, tendrán el día de hoy su “sábado de espera y de esperanza” como históricamente lo fue también para María tras la pasión y muerte de su Hijo.

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Médico cardiólogo por la UNAM. Maestría en Bioética.

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