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Devolver las humanidades a los programas escolares

Hagamos que las humanidades vuelvan a los programas escolares. Hagamos que nuestros estudiantes se humanicen.

. Catón

De política y cosas peores

Pirulina fue a confesarse con el padre Arsilio. “Me acuso, padre -le dijo- de tener varios amantes”. Inquirió el sacerdote: “¿Cuántos?”. “Señor cura -respondió Pirulina-. El pecado ya se lo dije. Permítame reservarme la contabilidad”... La maestra le preguntó a Pepito: “¿Qué son los cuadrúpedos?”. Arriesgó el chiquillo: “¿Los que se emborrachan cuatro veces?”... Eran los días difíciles de la Segunda Guerra. Sir Winston Churchill pronunció su célebre discurso después del ataque de los nazis: “¡Pelearemos en las playas; pelearemos en el campo, pelearemos en las ciudades...!”. “¡Mira! -le dijo lord Feebledick a su mujer, lady Loosebloomers-. ¡Igualito que nosotros cuando salimos de vacaciones!”... Hecho una furia el papá de la chica fue a hablar con los padres del novio de la muchacha. “¡Su hijo -les reclamó iracundo- embarazó a mi hija!”. “¡Ay, qué lindo! -exclamó alborozada la mamá del galancete-. ¡Cuando nazca el bebé tráiganos un zapatito! ¡Nos encanta coleccionar recuerdos de las travesuras que hace Pitorrito!”... Se quejaba un señor: “La única vez que mi esposa pone atención a lo que digo es cuando hablo dormido”... “¡Cuán sabia es la naturaleza! -decía una señora de exuberante región glútea-. ¡Cuando llegamos a la edad de estar más tiempo sentadas nos dota de un cojín más cómodo!”... Me preocupa la desaparición de las humanidades en los programas escolares tanto de la preparatoria como de las universidades e instituciones de educación superior. De sobra está decir que la enseñanza de la ciencia y de la técnica es muy importante, pero las disciplinas humanísticas orientan esos conocimientos y les dan sentido. “El hombre tiene mucho poder, pero no tiene ningún poder sobre su poder”. La frase es de Romano Guardini. Otro escritor católico, Gilbert K. Chesterton, escribía con un trasfondo no exento de ironía amarga: “La raza humana, a la cual muchos de mis lectores pertenecen”. Con eso quería decir que a algunos hombres les falta plena humanidad porque carecen de humanismo, es decir de una actitud vital fincada en los valores que definen a lo humano: La verdad, la justicia, la belleza, el bien... Es importante, entonces, poner al alcance de nuestros jóvenes -de los privilegiados que tienen la oportunidad de estar en una escuela- asignaturas tales como la historia, la literatura, el civismo, la filosofía, la apreciación del arte, etcétera. Una cultura general es indispensable para cualquier profesionista en el competitivo mundo de hoy. Sé que la especialización es necesaria, pero recordemos la enseñanza de Ortega: “Si no es un hombre culto, un especialista se vuelve un bárbaro que sabe cada vez más acerca de cada vez menos”. En efecto: El que sólo sabe de matemáticas -digamos- ni siquiera de matemáticas sabe. Lo mismo si sólo sabe de Derecho, o de ingeniería, o de contabilidad, o de administración de negocios, o de lo que sea. Hagamos que las humanidades vuelvan a los programas escolares. Hagamos que nuestros estudiantes se humanicen. En el elegante restaurante -“cocina de autor” y “cocina fusión”- el cliente les dijo a sus compañeros de mesa: “Ahí viene el mesero trayendo la especialidad de la casa: La cuenta”. Un tipo de evidente traza caribeña iba por una calle de la Ciudad de México siguiendo a una guapa chica. Le decía una y otra vez: “¡Me guta ete paí!”. Harta de oír aquella tarabilla la muchacha se volvió con enojo y le dice: “¡Está bien! ¡Ya me enteré de que le gusta este país!”. “¡No, chica! -aclara el caribeño señalando a su cuerpo y apuntando luego al hermoso cuerpo de la joven-. ¡Me gusta éste para ahí!”... FIN.