Origen histórico de la celebración de la Semana Santa
La versión más antigua de la celebración de la Semana Santa en la Iglesia primitiva proviene de un relato que se escribe alrededor de 380, por una viajera llamada Egeria.

La versión más antigua de la celebración de la Semana Santa en la Iglesia primitiva proviene de un relato que se escribe alrededor de 380, por una viajera llamada Egeria, que visitó Jerusalén en ese tiempo.
Ella vivía en Hispania (España), y emprende un viaje de tres años por Egipto, Israel, Palestina y Siria, y a lo largo de su recorrido registra sus experiencias en un diario destinado a sus hermanas que vivían en Hispania.
El diario, que se descubre en el siglo XIX, se conoce como La peregrinación de Egeria y proporciona una visión única, y muy precisa, de la celebración de la Semana Santa en la que participó en la Jerusalén del siglo IV. Ella describe detalladamente lo que vivió:
- La celebración inicia el Domingo de Ramos, donde el obispo y los fieles realizan una procesión con ramos, imitando la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.
- El Lunes Santo, “todos se reúnen en la gran Iglesia, donde se repiten continuamente himnos y antífonas hasta la primera hora de la noche y se leen lecciones adecuadas al día y al lugar, intercaladas siempre con oraciones”.
- El Martes Santo es similar al lunes, con la diferencia de que el obispo “lee las palabras del Señor que están escritas en el Evangelio según Mateo, donde dice: ‘Miren que nadie los engañe’. Y el obispo lee todo ese discurso, y cuando lo ha leído, se hace la oración”.
- El Miércoles Santo es similar al lunes y martes, aunque también con una diferencia en la lectura, el sacerdote lee: “El pasaje en el que Judas Iscariote se dirigió a los judíos y declaró lo que debían darle para traicionar al Señor. Y cuando se ha leído el pasaje, hay tales gemidos y lamentos de todo el pueblo que nadie puede evitar conmoverse hasta las lágrimas”.
- El Jueves Santo se celebra la Santa Cena dos veces. Luego, en la noche, los fieles van al Monte de los Olivos, donde se cantan himnos y se hacen lecturas de los Evangelios, para luego ir a Getsemaní, “donde el Señor oró”, y donde “se lee el pasaje del Evangelio en el que el Señor fue capturado”.
- El Viernes Santo se venera la Santa Cruz. Es una reliquia supuestamente descubierta por Elena, madre de Constantino, que, según ella, era la misma que Cristo cargó y en la que fue crucificado. Entonces se veneraba en el Gólgota, el mismo lugar de la crucifixión, donde Egeria estuvo presente.
- El Sábado Santo, se celebra nuevamente la Santa Cena y se leen pasajes sobre la resurrección como preparación para el domingo, en el que, a su vez, se celebran servicios habituales, se cantan himnos de resurrección y se lee el pasaje sobre Tomás el incrédulo, quien no creía en la resurrección.
Esta descripción del siglo IV muestra que para ese entonces ya en Jerusalén, cuna de la Iglesia primitiva, se celebraba la Semana Santa con un ritual ya muy elaborado. Los especialistas de este periodo de la historia de la Iglesia, a partir del texto de Egeria, consideran que la celebración ya tenía siglos de practicarse.
Plantean la posibilidad de que esta inició ya desde el siglo I, en época de Santiago el apóstol, primer obispo de Jerusalén, o al menos desde el siglo II en los tiempos de los primeros obispos de la comunidad judeocristiana. Es evidente que desde los primeros tiempos de la Iglesia, esta celebración fue fundamental. ¿Lo es ahora?
Rubén Aguilar Valenzuela
@RubenAguilar
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