El Imparcial / Columnas /

The Economist matiza

“El problema de fondo con el crecimiento de la economía mexicana es la 4T, no la informalidad, que existe desde siempre, ni un sistema ya obsoleto de protección social”.

Jorge  Castañeda

Amarres

Durante buena parte del sexenio de López Obrador, la revista inglesa -e internacional- The Economist fue sistemática y acertadamente crítica de muchas de las políticas públicas de ese Gobierno. Combatió la política económica, la de seguridad, la lucha contra la corrupción, y muchos otros aspectos de una manera más o menos constante. Hubo portadas -ciertamente, sólo de la edición Américas- dedicadas a López Obrador con una visión escéptica y pesimista, y artículos publicados por sus corresponsales, principalmente Sarah Burke, que ahora sigue con su trabajo para México y buena parte de Centroamérica y el Caribe.

A partir de la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia, la misión cambió ligeramente, dando por buenas muchas de las tesis del Gobierno, ciertamente con algún escepticismo, como disminución de la cifra de homicidios, el supuesto “buen” manejo de la relación con Trump, el carácter más “técnico y científico” de la Presidenta nueva, y en general, con un cierto optimismo y benevolencia para con ella, seguramente esto formaba parte del buen cartel en general que tiene Sheinbaum en la prensa internacional, desde luego en Estados Unidos, pero también en Europa Occidental y en América Latina. En parte viene de su buen trabajo de propaganda, en parte viene innegablemente del hecho de que es mujer, en un país de machos, y en parte del contraste con López Obrador, que fue generalmente detestado por los medios internacionales.

Por eso resulta interesante y notable el editorial de hoy de The Economist sobre la economía mexicana y sobre la política económica del Gobierno de Sheinbaum. En pocas palabras, The Economist repite lo que hemos dicho una gran cantidad de comentócratas mexicanos desde hace meses. La economía mexicana no crece, apenas si anda, todos los llamados a la inversión al plan México, al sector privado, a todas las proclamas de aumentos en la inversión extranjera directa, etcétera, no cambian ni remotamente la dura realidad de las cifras: 0.8% de crecimiento el año pasado -y en una de esas le movieron tantito-; difícilmente superaremos el 1% este año, sobre todo con las dificultades procedentes de la guerra de Irán, que al igual que la pandemia a López Obrador, le vendrá como “anillo al dedo” a Claudia Sheinbaum.

The Economist propone una solución básicamente retomada de las tesis, los libros y los ensayos de Santiago Levy. Hay que acabar con la informalidad excesiva de la sociedad y de la economía mexicana -la mitad- a través de varios incentivos, pero en particular mediante la eliminación del sistema actual de seguridad social -seguro médico, de desempleo y de pensiones- y sustituirlo por un sistema universal financiado por impuestos indirectos. Creo que The Economist, al igual que Levy, tienen desde luego razón en cuanto a que esto es necesario, y que seguramente contribuiría a un mayor crecimiento de la economía, pero a estas alturas creo que no es ni remotamente suficiente. Ahí The Economist vuelve a pecar de cierta ingenuidad.

El problema de fondo con el crecimiento de la economía mexicana es la 4T, no la informalidad, que existe desde siempre, ni un sistema ya obsoleto de protección social. Y cuando que digo el problema es la 4T, quiero decir algo muy sencillo. Mientras se produzcan reformas como la del Poder Judicial, la energética, la contra reforma educativa de López Obrador, los intentos de reforma electoral de Sheinbaum, y todo lo demás que se ha acumulado en estos casi siete años y medio, es imposible que la inversión logre los niveles y la productividad que se requiere para crecer siquiera a los mismos niveles que durante la época neoliberal, ya sin hablar del 4 ó 5% que prometieron López Obrador y Sheinbaum. Dedicarle todo este tiempo a un plan B, y C, y D, y E, ninguno de los cuales sirve de nada, y al mismo tiempo ir a Monterrey a disque cortejar al sector privado regiomontano, y lograr que los medios al servicio del Gobierno, como Milenio, publiquen: “La IP cierra filas con Sheinbaum” es inútil. Todos los coqueteos con el empresariado, todos los esfuerzos de seducción y de convencimiento, todo lo que se quiera hacer en términos de planes, comisiones, reuniones, grupos, anuncios, etcétera, van a ser fútiles mientras no haya un golpe de timón de fondo en materia de concepción del mundo, de País, de la retórica, y de que México no es una sociedad donde pueda haber a la vez un Gobierno de izquierda supuestamente consecuente y un crecimiento económico basado esencialmente en la iniciativa privada, después de tener un Estado que encogió tanto como encogió en estos años y en los anteriores.

Seguramente en algún momento The Economist y muchos otros medios entenderán esto y lo dirán, cada uno a su manera. Insisto, la dura realidad de las cifras es difícil de esquivar o de contrarrestar. Habrá, desde luego, quienes argumenten que el mediocre crecimiento de este año, o incluso la nula expansión posible, será culpa de la guerra de Irán, de Trump, de los críticos, de la oposición, y del Espíritu Santo. Pero hasta los corresponsales extranjeros lo van a comprender en algún momento.

Jorge Castañeda