PT se defiende como gato arriba
Esa defensa no la hacen los petistas por amor de la democracia, sino del presupuesto, el cual podrían ver disminuido si Morena impone su dominio, con mengua de las prebendas que los partidos mercancía reciben.

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES
“Se capan gatos”. En algunas ventanas saltilleras vi ese letrero de pasados tiempos, lo mismo que otros igualmente pretéritos: “Hospital de medias”. “Se hace trou trou”. “Solicito sirvienta que no cante ‘Amor perdido’”. “Vendo piano en 2 mil pesos, lo menos lo menos mil”. Eso de “Se capan gatos” obedecía al hecho de que era costumbre de quedadas, o sea de mujeres que no se habían casado, tener un gato de compañía. El minino, siguiendo su natural instinto, se salía por las noches a las azoteas en busca del opuesto género, y a veces tardaba días en regresar, lo cual ponía angustia en el ánimo de su amorosa dueña. A fin de evitarse esa zozobra, la madura señorita contrataba a un capador, que con diestra mano y filosa navaja le quitaba sus impulsos genésicos al gato, el cual quedaba convertido en morrongo, perezoso y gordinflón, pero pacífico y casero. A uno de esos mansurrones michos le preguntó un amigo: “¿Ya no sales a las azoteas?”. “Respondió: “Sí salgo, pero ahora voy solamente en carácter de asesor”. Una cierta solterona encontró en el fondo de un viejo arcón una lámpara de forma extraña. La frotó para limpiarla, y de ella salió un genio del Oriente. Le dijo a la señorita que le cumpliría un deseo. Ella le pidió: “Convierte a mi gato en un hermoso príncipe”. Al punto el genio transformó al minino en un guapo y atlético mancebo. La solterona fue hacia él, ansiosa, pero el ex gato la rechazó. Le dijo con atiplada voz: “¿No te arrepientes ahora de haberme hecho capar?”. Y bien: ¿a qué se debe este gatuno exordio? Sirve para ilustrar el hecho de que el PT se ha estado defendiendo como gato boca arriba contra el Plan B de Claudia Sheinbaum (léase de López Obrador). Esa defensa no la hacen los petistas por amor de la democracia, sino del presupuesto, el cual podrían ver disminuido si Morena impone su dominio, con mengua de las prebendas que los partidos mercancía reciben. Esto no es para el PT cuestión de principios, sino de fines. Y el fin justifica los miedos. Un señor llevó a su esposa a la consulta del doctor Duerf, siquiatra. Le dijo: “Mi mujer se cree gallina”. “Extraña forma de esquizofrenia -manifestó el analista al tiempo que se ponía la mano en el mentón, ademán que le permitía elevar sus honorarios-. ¿Desde cuándo padece su señora ese desorden gallináceo? Respondió el esposo: “Desde hace cuatro años”. “¿Cuatro años? -se asombró el doctor Duerf-. ¿Y hasta ahora la trae?”. Explicó el señor: “Es que nos hacían falta los huevos”. ¿Acabarán algún día los devaneos de doña Facilisa, la frívola esposa del pobre don Cucoldo? Hace unas noches el mitrado marido la sorprendió mancillando el lecho conyugal en acto de erotismo con un desconocido. Antes de que don Cucoldo pudiera dar salida a su justificado enojo le dijo la señora: “Te juro, Cucú, que este hombre no significa nada en mi vida”. Las personas con excesiva sensibilidad no deben leer la siguiente historia, pues contiene elementos de violencia. Doña Forsena asesinó a su esposo. Le puso en el café dos cucharadas soperas de arsénico, cuatro de cianuro y seis de veneno para ratas. Seguidamente lo estranguló con el alambre de la plancha, y con el mismo aparato le dio repetidos golpes en la cabeza, tras de lo cual le atravesó el corazón con un puñal. El juez le preguntó por qué había hecho todo eso. Contestó la asesina: “Estaba harta de mi marido, pero soy católica, y no podía recurrir al divorcio, así que tuve que buscar una manera decente de deshacerme de él”. “¡Joder! -le dijo hecho una furia el hombre de la Edad de Piedra a su mujer-. ¿Ahora que cacé mi primer mamut me sales con la novedad de que eres vegetariana?”. FIN.
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