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La línea roja de México

Sheinbaum ha logrado mantener a distancia los impulsos expansionistas de Trump y no le ha permitido intervenir militarmente en territorio mexicano. La pregunta es si Trump se quedará quieto.

Jorge  Ramos

JORGE RAMOS

Con su insoportable y acostumbrada arrogancia, el otro día el presidente Donald Trump dijo que “podía hacer lo que se le pegara la gana” con Cuba. Esta columna no es sobre Cuba. Pero quise comenzar con esa cita para destacar que esa ha sido la misma actitud de Trump respecto a Venezuela, Groenlandia, Irán y el canal de Panamá, y que no debería sorprendernos si la aplicara también a México.

Hasta el momento, Claudia Sheinbaum, la presidenta mexicana, ha logrado mantener a distancia los impulsos expansionistas de Trump y no le ha permitido intervenir militarmente en territorio mexicano. La pregunta es si Trump se quedará quieto.

La guerra en Irán va mal, se le está descarrilando al presidente estadounidense, el régimen iraní sigue desafiante, sus aliados europeos no le quieren ayudar a Trump a patrullar el Estrecho de Ormuz y los altos precios de la gasolina están generando mucho malestar, incluso entre sus seguidores más leales. Trump, prematuramente, se declaró ganador de la guerra. Pero una vez que se retire de Irán o se estabilice la operación militar en el Medio Oriente, Trump pondrá su atención en Cuba y en México.

Independientemente de lo que ocurra en la isla, Trump sigue obsesionado con el control de los carteles de las drogas en partes de México y molesto con las frecuentes negativas de Sheinbaum a su oferta de meterse con soldados estadounidenses o con drones en casa del vecino. Y un Trump obsesionado y sin dormir es muy peligroso.

Sheinbaum “no debería haber rechazado mi ayuda”, dijo Trump hace unos días. “Me ofrecí a acabar con los cárteles en México y, por alguna razón, ella no quiere hacerlo. Me cae muy bien, pero debería acabar con los cárteles, porque los cárteles, nos guste o no, están controlando México, y no podemos permitir eso”.

Esa amenaza de Trump sigue latente.

Las dos presidencias del partido Morena han luchado para quitarse la etiqueta de “narcogobierno” tras la fatídica política de “abrazos, no balazos” impuesta durante el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador. El problema es que esos cárteles no podrían funcionar sin la complicidad o negligencia de muchas autoridades y funcionarios en México. Y la realidad - aunque nunca lo quiera reconocer públicamente la Presidencia - es que hay partes del País en control del crimen organizado. Punto. Por ahí deberíamos de empezar: reconociendo que la violencia nos desborda. Pero lo que yo escucho son anuncios de pequeñísimos avances ante zonas dominadas por la extorsión y el narcotráfico.

La respuesta oficial es más retórica que combativa. “No nos puso nadie para gobernar”, le respondió hace poco Sheinbaum a Trump. “A nosotros nos puso el pueblo. Hay quien dice que en México quién sabe quién gobierna. No. En México gobierno el pueblo de México”.

Este es el mayor enfrentamiento entre México y Estados Unidos en décadas. Trump - que ya declaró a los narcocarteles mexicanos como “organizaciones terroristas”, y que los ha responsabilizado por la muerte por sobredosis de cientos de miles de estadounidenses - quiere acciones y resultados muy pronto. Mientras que Sheinbaum -con su política de “cabeza fría” y urgentes llamadas apagando incendios- lucha por la soberanía de México, evitando cualquier ataque desde el exterior y ganándole tiempo a Trump con una estrategia a muy largo plazo.

Este frágil equilibrio se podría romper en cualquier momento, incluso con una noche de insomnio en la Casa Blanca.

México, desde luego, no va a declarar ninguna guerra contra Estados Unidos si Trump envía unilateralmente soldados o drones estadounidenses a territorio mexicano para atacar a los narcocarteles. El poderío militar de Estados Unidos es muy superior al de México. Pero la relación quedaría irremediablemente fracturada hasta que Trump dejara la presidencia dentro de tres años.

El 78% de los mexicanos se opone al envío de fuerzas militares de Estados Unidos para combatir a grupos criminales en México, según una reciente encuesta del periódico El Financiero. Un ataque estadounidense en México concentraría el apoyo en la Presidenta y aumentaría, al menos a corto plazo, su ya alta popularidad. Pero sería un desastre político, estratégico y diplomático.

La línea roja está bien marcada. Esperemos que Trump no se atreva a brincarla.

Posdata: Todos estamos de acuerdo en ayudar al pueblo cubano, pero no a la dictadura que ha oprimido a la isla durante 67 años. El actual gobierno de México, al igual que el de López Obrador, ha apoyado y reconocido a ese régimen dictatorial. Y esa es la crítica. No se vale pedir democracia para los mexicanos y no para los cubanos. López Obrador jamás se atrevió a llamarles dictadores a Fidel y Raúl Castro, ni a Miguel Díaz-Canel. Eso es lo que son. El gobierno de México debe tener una posición mucho más transparente. Sí, hay que ayudar al pueblo cubano, pero denunciar a la dictadura. Y eso no lo he escuchado desde Palacio Nacional.