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El verdadero costo de la guerra de Trump

Trump ha convertido la política exterior en un instrumento de volatilidad permanente: Cada amenaza, cada giro, cada tuit encoge el crédito, detiene inversiones y erosiona el poder adquisitivo de millones que nunca votaron por él.

Eduardo Ruiz-Healy

EDUARDO RUIZ-HEALY

Entre finales de febrero y ayer, los mercados financieros del mundo han borrado entre seis y ocho billones de dólares de la capitalización bursátil. Casi cuatro veces el PIB anual de México, o el 20% del PIB de Estados Unidos. Esa riqueza no desapareció en fábricas bombardeadas ni en ciudades destruidas; desapareció en pantallas. Desapareció porque Donald Trump decidió iniciar una guerra y los inversionistas de todo el planeta ajustaron el valor de sus activos al nuevo nivel de riesgo que él solo ha generado en el sistema financiero global.

Desde el 28 de febrero, cuando EE.UU empezó a bombardear a Irán, los mercados se han hundido: el S&P 500 perdió entre 4 y 5%; el Euro Stoxx 50, el DAX y el CAC 40, entre 7 y 10%; el Nikkei sufrió una baja similar; el IPC mexicano cayó cerca de 9% y el Bovespa brasileño, entre 4 y 5%. No fue pánico -el pánico es irracional-, sino un ajuste frío al nuevo nivel de riesgo. Hasta entonces, los inversionistas descontaban un conflicto prolongado, pero aún no imaginaban el peor escenario. El sábado pasado, Trump se encargó de dibujarlo.

Ese día amenazó con bombardear las plantas eléctricas de Irán. Una amenaza sin precedentes, dirigida no a instalaciones militares sino a la infraestructura civil de un país de 90 millones de habitantes. Los mercados reaccionaron: El petróleo superó los 112 dólares por barril. El encarecimiento de la energía resucitó la inflación justo cuando se esperaban recortes de tasas en 2026. Los bancos centrales quedaron atrapados: ¿Subir tasas para frenar la inflación o bajarlas para sostener el crecimiento? No hay una buena respuesta. Es el peor de los mundos.

Pero ocurrió algo más. Dos días después, un solo mensaje de Trump en TruthSocial -anunciando una pausa de cinco días en los bombardeos y supuestas pláticas con los iraníes que, según él, iban “muy bien”- desencadenó un rally de 1.7 billones de dólares en minutos. En Wall Street ya le pusieron nombre a ese patrón: TACO, Trump Always Chickens Out (Trump siempre se acobarda). Primero lleva la amenaza al límite, hunde las bolsas, dispara el precio del petróleo; luego da marcha atrás y provoca un rebote violento. Todo en menos de 72 horas. Lo que no rebota tan rápido es la confianza.

La mecánica ya es perfectamente legible: Trump usa la guerra como palanca negociadora sin importarle el daño. En México ese daño ya tiene número: La inflación llegó a 4.63% en la primera quincena de marzo -por encima del objetivo del Banco de México por segunda quincena consecutiva-, impulsada en parte por el alza de 0.61% en energéticos por el encarecimiento del petróleo desde el inicio de la guerra.

Para el trabajador con fondo de retiro, para el gobierno que refinancia deuda, para la empresa que evalúa invertir, se traduce en portafolios más delgados, créditos más caros y proyectos cancelados.

El verdadero costo no es el ajuste de marzo. Es que Trump ha convertido la política exterior en un instrumento de volatilidad permanente: Cada amenaza, cada giro, cada tuit encoge el crédito, detiene inversiones y erosiona el poder adquisitivo de millones que nunca votaron por él. Su guerra no sólo se libra en el Medio Oriente. También se libra en el estado de cuenta de cualquier persona que tenga ahorros, deuda o empleo. Es decir, de todos.

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