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César Chávez, el de ayer y el de hoy

El legado laboral y social de César Chávez le ha valido la asignación de su nombre a calles, escuelas, parques, asociaciones, etcétera.

Jesús Canale

CRITERIO

Ha sido el mexicoamericano más popular de todos los tiempos. Su verdadero nombre fue Cesario Estrada Chávez, nació en Yuma, Arizona, en 1927 y murió en San Luis, Arizona, en 1993.

Su contribución fue la defensa de los derechos de los trabajadores agrícolas, principalmente mexicoamericanos, en los Estados Unidos a través de la integración que logró de ese enorme colectivo con la creación de la Asociación Nacional de Campesinos que evolucionó a ser un sindicato (“union”) de campesinos, la United Farm Workers of America.

El legado laboral y social de César Chávez le ha valido la asignación de su nombre a calles, escuelas, parques, asociaciones, etcétera, en diversas regiones de los Estados Unidos así como el decreto que establece un día oficial en su memoria que además es día de asueto en el Estado de California y que se celebra el 31 de marzo, su natalicio. Al paso de varias décadas la memoria pública de César Chávez se había mantenido en alto, y tanto, que personajes prominentes de la intelectualidad, la opinión pública, los derechos personales y la política, le han ensalzado en múltiples ocasiones hasta que un artículo publicado por el Times apenas el miércoles de esta semana, revela con detalles, fechas y nombres, algo que apenas y se había murmurado entre personas estrechamente allegadas al movimiento campesino en relación a que el líder habría delinquido en materia de abuso sexual de menores, desde acoso y tocamientos hasta violaciones. Los testimonios de aquellas entonces niñas, hoy adultas mayores, han sido obtenidos en entrevistas, investigaciones documentales y declaraciones directas de amigos y familiares que lo fueron de Chávez. El factor común de que tales cometidos no se hubieran hecho públicos fue que no se quería poner en riesgo el legado legítimo en materia social y laboral de Chávez. La lectura del citado artículo se siente fluida, clara, y muestra las fuentes con nombre propio; además, a la par se han puesto a la disposición de todo público los testimonios en varios videos.

El artículo especifica quiénes fueron víctimas de abuso por Chávez, cómo fue él tejiendo la relación de acercamiento con aquellas niñas púberes, cómo fue que la ingenuidad de los padres y de las menores y la gran admiración que tenían por el líder les fueron llevando a ir poco a poco cediendo, una tras otra, a llegar a tener encuentros solitarios con él, frecuentemente en las propias oficinas de la agrupación e incluso en el curso de viajes en caravanas masivas, como aquella famosa marcha de las 1,000 millas. Varias de las víctimas no podían reaccionar defensivamente porque contradecir a Chávez era algo que ellas mismas no podían concebir, comenzando porque había en algunas tal ingenuidad que llegaban a verse confundidas y no tener argumentos propios para rechazar las invitaciones del abusador.

La expresión de una de esas menores que acompañó al grupo en una marcha por largos caminos dice mucho, pues tras verse mancillada por Chávez, ya desconcertada, llama a su madre por teléfono y le dijo “Chávez es solo un hombre”, algo así como decir que era como cualquier otro hombre, que no era un héroe.

A partir de la citada revelación del Times, uno a uno gobiernos locales y estatales han ido proponiéndose quitar el nombre de “César Chávez” a las calles, barrios, escuelas, parques, etcétera, así como cambiar de la celebración anual conmemorativa el nombre del líder y llamarle algo así como el “Día del Trabajador Agrícola”. Esto cae en muy mal momento para el prestigio mexicoamericano; el concierto de revelaciones aquellas entonces menores -hoy adultas mayoresha venido a poner en mayor riesgo la protección de los derechos del migrante pobre, dando armas verbales a sus detractores. Pero por otro lado crece la oportunidad de hablar, sacar de dentro la frustración y al menos en parte aliviar el dolor contenido por décadas en el interior de las víctimas, y recuperar el terreno y el tiempo perdido en la banalización del abuso sexual por parte de hombres. Qué lástima echar a perder una memoria de honor y prestigio, pero era necesario demostrar que hasta los “héroes” son villanos.

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