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Festival de las Cazuelas

Lo confieso con moderada pena: Soy un irredento comilón. La gula fue siempre mi segundo pecado favorito.

. Catón

De política y cosas peores

Lo confieso con moderada pena: Soy un irredento comilón. La gula fue siempre mi segundo pecado favorito, hasta que la forzada jubilación de la lujuria la hizo pasar al primer sitio de mis preferencias. No sé por qué los predicadores le tienen tanta tirria al pecado de la carne, siendo que es tan frágil el pobrecillo que se termina con los años. A los clérigos deberían preocuparles más los pecados del espíritu -la soberbia, la envidia, la avaricia-, que se acrecientan con la edad y sólo acaban cuando mueren quienes los llevaron. ¿A qué este campanudo exordio? Me motivó esta reflexión una nota aparecida en el periódico Vanguardia, mi casa de trabajo en Saltillo, nota firmada por Mauro Marines, excelente reportero cuya cotidiana labor no sólo reseña la actividad cultural de mi ciudad, sino que al mismo tiempo la enriquece. He aquí que el Grupo de Cocineras Tradicionales de Saltillo está invitando al “Festival de las Cazuelas”, sabrosísima convocatoria que en esta ocasión ofrecerá platillos de Cuaresma pertenecientes a la rica y variada gastronomía de los desiertos coahuilenses: Chicales, flor de palma, cabuches y nopales, a más de los manjares propios de la temporada de Cuaresma: Pescado en diferentes formas; tortitas de papa y camarón; lentejas, y desde luego la infaltable capirotada, corona y broche de oro para una perfecta comida cuaresmal. Con viandas como estas que he citado la Cuaresma deja de ser opaca, según la describió López Velarde, y se torna en una fiesta de colores y sabores. Al mencionar esos platillos se me hizo agua la boca, y se me hizo luz el corazón con el recuerdo de la amada eterna, que con sabiduría y amor preparaba esos platillos de Semana Santa para sus hijos -me cuento entre ellos- y sus nietos. Doy gracias al Misterio por todos estos inefables goces. “También entre pucheros anda el Señor” -dijo Santa Teresa de Ávila, que aunque aspiraba al Cielo jamás dejó de tener bien puestos los pies en la tierra. Al Grupo de Cocineras Tradicionales de Saltillo lo encomiendo a San Pascualito, patrono de fogones, a quien se reza así: “Ay, Pascual, San Pascualito, / mi santo Pascual Bailón: / Voy a hacer este guisito, / y tú ponle la sazón”. Buen provecho, y que la arquilla se llene al tiempo que las cazuelas se vacían. Capronio es un sujeto desconsiderado y ruin. Su mujer le comentó: “Estoy leyendo en este libro que algunos pueblos de la antigüedad, cuando moría un hombre, enterraban viva a su esposa junto con él, para que lo acompañara en la eternidad”. “¡Qué barbaridad! -exclamó Capronio-. ¡Pobre hombre!”. Sir Hardofh Earing era sordo como una tapia. Como una tapia sorda, pues ya se sabe que las paredes oyen. Su hijo lo asistía. El señor entabló conversación en el vagón del tren con un viajero. “Pregúntale a dónde va” -le pidió al muchacho. Tras la respuesta del pasajero el hijo le repitió a su padre: “Dice que va a Pukeshire”. “¡Ah! -exclamó sir Hardofh- ¡De ahí es tu mamá, lady Hotpants! Pregúntale si la conoció”. Dijo el viajero: “¿Quién no conoció a Hotpants? Era la mujer más ligera del condado. Antes de casarse pasó por todos los hombres del pueblo, y no éramos pocos”. “¿Qué dice? ¿Qué dice? -le preguntó ansiosamente sir Hardofh a su hijo-. ¿Conoció a tu mamá?”. Respondió el muchacho: “Dice que no tuvo el gusto”... Susiflor, linda chica, fue de compras a McAllen, Texas, y también a Brownsville y Mercedes. Entre ropa, zapatos y demás se gastó una buena cantidad de dólares. Cuando regresó le comentó a su abuela: “Vengo muy gastada del otro lado”. “¡Válgame Dios! -se consternó la señora-. ¿Pos qué hiciste?”. (No le entendí). FIN.